CAPÍTULOS

1.- INTRODUCCIÓN

2.- LOCALIZACIÓN

3.- ORIGENES DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

4.- HISTORIA DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

5.- CEREMONIA DE “INAUGURACIÓN” DE 1924

          5.1.- LA CEREMONIA EN LA PRENSA DONOSTIARRA

6.- GALERÍA DE FOTOS DE LA CEREMONIA DE 1924

7.- EL CEMENTERIO (1980 – 2020)

8.- PLANO DEL CEMENTERIO

9.- TUMBAS MAYORES

          9.1.- SARA Y MARÍA MATILDE CALLENDER

          9.2.- CORONEL OLIVER DE LANCEY

          9.3-  CORONEL GUILLERMO TUPPER

          9.4.- MARISCAL DE CAMPO MANUEL GURREA

10.- TUMBAS MENORES

          10.1.- F.C. EBSWORTH

          10.2.- TUMBA COLECTIVA

          10.3.- TENIENTE DE ARTILLERIA MONTADA HENRY BACKHOUSE

11.- LÁPIDAS Y MONUMENTOS DESAPARECIDOS

          11.1.- TUMBA DE LATASA

          11.2.- LÁPIDA DE BERASALUCE

          11.3.- TUMBA DE COURTENAY CHADWICKE

          11.4.- TUMBA DE DUNCAN McFARLIN

          11.5.- TUMBA CON CRUZ

12.- OTROS ENTERRAMIENTOS NO LOCALIZADOS

          12.1.- ALFÉREZ DUPONT

          12.2.- ALFÉREZ R. PHEELAN

          12.3.- MAYOR MICHEL

          12.4.- OTROS

13.- LÁPIDAS Y MONUMENTOS EXISTENTES

          13.1.- LÁPIDA EN HONOR A LOS INGENIEROS REALES

          13.2.- LÁPIDA GEORGE REX

          13.3.- LÁPIDA EN HONOR A LOS HÉROES QUE SÓLO DIOS CONOCE

          13.4.- MONUMENTO DEL CASTILLO Y ÁGUILA

14.- ENTERRAMIENTO DE SIR RICHARD FLETCHER

15.- EL CAÑÓN REGALADO POR EL GOBIERNO BRITÁNICO PARA LA CEREMONIA DE 1924

16.- PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL CEMENTERIO

17.- OTRAS FOTOGRAFÍAS

1.- INTRODUCCIÓN

           Este apartado y recogido lugar, guardián de una importante página de la historia donostiarra, empezó siendo un espacio dedicado única y exclusivamente a mis juegos de infancia. Incontables ocasiones me han servido estas venerables piedras de escondite o de atalaya guerrera contra un enemigo personalizado en algún entrañable amigo de la infancia. Corrí entre ellas, salte, me cansé y sudé como lo hace todo chaval… pero para mí no era más que un mero lugar de juegos y esparcimiento.

          Con el paso del tiempo pasó a gustarme tanto el lugar, que no había día, lloviese o no, que no lo visitase acompañado de mi fiel perro. Poco a poco empezó a conquistarme su encanto y romanticismo, sus trágicas historias escritas en piedra, su frondosidad… de manera que con estos ingredientes y el amor a nuestra tierra e historia inculcadas por mi padre, empecé, junto a él a investigar un poquito.

          Fruto de estas inquietudes es el trabajo que a continuación os muestro, para disfrute de todo amante de nuestra historia.

2.- LOCALIZACIÓN

          El Cementerio de los Ingleses de San Sebastián, se encuentra en la ladera norte del Monte Urgull, bajo su castillo. Sus coordenadas exactas son:

43’325896 – 1’988591

          En el siguiente plano, os muestro su situación exacta en el monte Urgull, con los dos accesos más fáciles:

          ACCESO 1º.

          Puedes aparcar el coche en la explanada que hay al final del Paseo Nuevo, y desde ese lugar iniciar la subida hasta el cementerio. Es el camino más corto, pero sufrirás un poco por lo empinado de la subida de Bardocas. No te preocupes, que no hace falta ser escalador.

          ACCESO 2º.

          Puedes subir desde la plaza Zuloaga, junto al Museo de San Telmo, o desde detrás de la Basílica de Santa María, los dos caminos convergen a los pocos metros en uno. El primer repecho es pronunciado, tómatelo con calma, y disfruta de la vistas de la ciudad desde la Batería del Mirador, a mitad de trayecto.

          Ninguno de los dos caminos te llevará más de 10 minutos, a velocidad de paseo. No es apto ni para sillas de minusválidos, ni para bicicletas, aunque algunos valientes si lo han hecho.

3.- ORIGENES DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

          No están claros los orígenes de este lugar de enterramiento.

          Las tumbas que podemos contemplar,  pertenecen única y exclusivamente a oficiales muertos en acción durante la Primera Guerra Carlista y los movimientos insurreccionales de 1837, con la excepción de la tumba de Sara y su hija, la única en la que descansan civiles de la que hablaremos más tarde.

          Continuamente estamos escuchando en programas, y leyendo en publicaciones y prensa que en este lugar se enterraron a los muertos durante el terrible asedio que sufrió San Sebastián el verano de 1813. Esto es completamente falso. No hay ninguna prueba de ello, todo lo contrario.

          En las mentes de todos los que hemos estudiado este lugar, siempre existió una posibilidad remota de que así fuera, y que el lugar elegido para la inhumación de los oficiales de la Legión Auxiliar Británica estuviese influenciado por un uso anterior como lugar de enterramiento de los militares del castillo, fallecidos por enfermedad o heridas, y/o de las bajas francesas que defendieron el lugar en 1813. Para terminar con esa duda, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, aprovechando la conmemoración del Bicentenario del asedio de Wellington de 1813, realizó unos sondeos en el lugar en busca de alguna prueba que remontara el cementerio a esas épocas anteriores.

          Con ese propósito, formaron un equipo de trabajo con estudiantes del Instituto Peñaflorida de Donostia, bajo la dirección de Lourdes Errasti, pero todos los resultados obtenidos siguieron datando el yacimiento en la Primera Guerra Carlista. Sólo aparecieron restos humanos pertenecientes a esa contienda civil, un fragmento de lápida perteneciente a una tumba ya desaparecida, y algún fragmento de metralla de los proyectiles lanzados por los obuses luso-británicos de 1813. Ese tipo de restos existen  por todo el monte, como testimonio de la ferocidad de los bombardeos que sufrieron las tropas imperiales napoleónicas.

          Hay un monumento y alguna lápida conmemorativa responsables de este error de datación del conjunto, al confundir al historiador poco avezado y al visitante amante de la historia. Una de estas últimas  nos menciona a Sir Richard Fletcher y otros tres “Royal Engineers”, todos ellos fallecidos en los ataques a las brechas el año 1813, y por otro lado, tenemos el monumento en forma de castillo coronado por un águila, con claros motivos escultóricos referidos a la Guerra de Independencia, que tampoco ayuda a hacernos una correcta visión histórica de la zona. Son restos anacrónicos, alguno incluso descontextualizado, o muestras de respeto y recuerdo de los compañeros de armas de esos oficiales caídos en 1813, que vinieron dos décadas después a defender nuestras murallas contra los seguidores de Don Carlos,  y otros consecuencia de un simple aprovechamiento de un conjunto escultórico que no se sabía dónde ubicar.

          La mayoría de estos restos que dan lugar a confundir la correcta cronología del conjunto, fueron colocados en las obras de remodelación del cementerio para la fastuosa ceremonia de 1924. Si se leen los discursos que las autoridades pronunciaron esos días, facilitados en este trabajo, en todos se mezclan los muertos de ambas guerras. Entre los que pronunciaron estos discursos se encontraban personajes muy importantes en el estudio de la guerra de Independencia, como por ejemplo el profesor sir Charles Oman, autor de una de las obras más importantes de la que los anglosajones conocen como Campaña Peninsular, o el general gobernador Arzadun, historiador y militar.

          Pero insisto, no hay ninguna prueba fehaciente de que se encuentre enterrado dentro del conjunto algún militar muerto en 1813.

          Una fortaleza y castillo tan importante, nos puede hacer suponer que dispondría de  un camposanto propio para los fallecidos de su guarnición, estrictamente de uso militar y en terreno militar. Esta posibilidad, existente en otras fortificaciones, no pasa de ser una simple conjetura en Urgull, al no existir resto alguno que la atestigüe. La ausencia de indicios nos puede indicar que los enterramientos de militares españoles de la guarnición, fallecidos durante los siglos XVI, XVII y XVIII, se realizase  en los camposantos de la villa, junto al resto de ciudadanos de San Sebastián.

          Durante los cinco años de ocupación del castillo por las tropas francesas de la Guerra de la Convención, a finales del XVIII, el historiador D. José Berruezo (1), defiende que las convicciones religiosas de las tropas extranjeras les impedirían enterrarse en camposantos católicos, por lo que es posible que buscasen en el monte Urgull algún lugar para sus muertos. Pero ni el Diccionario Geográfico–Histórico de España, escrito por la Real Academia de la Historia en 1802, ni el Geográfico-Estadístico de España y Portugal de D. Sebastián Miñano, publicado en 1827, hablan de la existencia de ningún cementerio de esas características en nuestro territorio.

          Otra gran incógnita es donde se encontrarían enterrados los franceses muertos durante el asedio de 1813, máxime cuando se sabe que el cercano almacén de Bardocas fue habilitado como hospital militar por estas tropas. Su cercanía al lugar que nos ocupa, haría ganar puntos a la teoría de que ya se utilizaba como enterramiento en épocas anteriores a la Primera Guerra Carlista, aunque como ya he señalado, los sondeos realizados de momento no han corroborado esta hipótesis.

          Lo que sí es seguro, y puedo afirmar con rotundidad, es que los oficiales franceses fallecidos en 1813 no están enterrados en ese lugar. Unas investigaciones que he efectuado hace poco, dan como resultado la localización del verdadero enclave en el que se inhumaron esos restos.

          Documentando la historia del asedio de 1813, tuve la suerte de dar con las memorias de un oficial británico (2) que visitó lo que quedaba de nuestra ciudad nada más ser conquistada. En ellas se narra como este oficial británico descubre, de manera fortuita, que se han utilizado los ataúdes con los cuerpos de esos oficiales para proteger las trincheras aliadas que se van acercando, desde el convento de San Telmo, a las vanguardias imperiales del monte Urgull. Este descubrimiento corroboraría las tesis que defienden que no se enterrarían en tierra sagrada, al tratarse de soldados hijos de la Revolución acaecida en la vecina Francia.

          Durante el bombardeo aliado de 1813 a la fortaleza de la Mota, del monte Urgull, fallecieron también una treintena de soldados británicos que se encontraban en calidad de prisioneros en este lugar. Este hecho es calificado por historiadores como Belmás (3) como auténtica barbarie por parte de las tropas británicas. En el almacén próximo a la batería de Bardocas se encontraban hacinados 26 oficiales y 340 soldados franceses heridos, expuestos a las bombas lanzadas por los morteros de las baterías aliadas del Chofre. Los sitiados, buscando una protección contra esa mortífera lluvia de proyectiles, habían  izado una bandera negra como distintivo claramente indicativo de que era una zona con heridos, un hospital, y para mayor garantía para los suyos,  lo rodearon con prisioneros ingleses, cuyas casacas rojas debían ser bien perceptibles aún en la distancia por sus compañeros. Los británicos, al ver esos indicativos, sospecharon que se trataba de un engaño, y minusvalorando la vida de sus compañeros de armas, procedieron al bombardeo de la zona.

          ¿Dónde los enterraron? Hay queda otra incógnita más, ya que es casi seguro que estos tampoco fueran inhumados en tierra santa católica, al tratarse en su mayoría de “herejes” protestantes. Pero nada nos indica, y por tanto tampoco se puede afirmar de ninguna manera científica, que se enterraran en el lugar actualmente ocupado por nuestro cementerio.

          Con todo lo expuesto anteriormente, queda demostrado con rotundidad, que a fecha de hoy no se puede afirmar que en este lugar existan tumbas anteriores a la Primera Guerra Carlista.

          El origen cierto del actual cementerio, lo encontramos en las descripciones que de este lugar hace el miembro del Real Colegio Británico de Cirujanos, y a la postre cirujano de Legión Auxiliar Británica, Henry Wilkinson el año 1838 (4).

          “Subiendo de la ciudad al castillo de San Sebastián, pasando un faro provisional y volviendo bruscamente por un ángulo de roca donde el sendero zigzaguea por el declive de la pendiente, nos quedamos asombrados ante la bravía y salvaje grandeza de la escena. Numerosos fragmentos gigantescos de peñas yacen en la falda del monte, en medio de una vegetación lozana y exuberante, y en lo alto, asoma ceñuda la fuerte ciudadela de San Sebastián. En medio de este imponente paisaje, que parece haber sido causado por alguna convulsión terrible de la naturaleza, en un pequeño y abrigado rincón, hoy tierra sagrada, inminentemente debajo de la prominencia escarpada y colgante sobre la cual se yergue el castillo, pueden verse numerosos montículos de césped, que marcan los lugares donde reposan los restos de muchos valientes oficiales de la Legión Británica. Se han erigido unas pocas y sencillas cruces de madera con los nombres de los que cayeron; pero incluso estas letras provisionales han comenzado a borrarse antes de que sus propios compañeros hayan partido, y dentro de muy poco tiempo el único recuerdo que permanecerá será el túmulo de césped que los amigos de los muertos hayan amontonado sobre ellos.”

          Este grabado del Coronel Townley (5), veterano de la L.A.B. que participó en la batalla del 5 de Mayo de 1836 de los altos de Ayete como Capitán del 1º Reg. de la 1ª Brigada, en la que fue herido  grave, nos puede dar una idea de lo que sería el cementerio en sus primeros tiempos, con estas tumbas “provisionales”, muchas en espera de la construcción de otra más digna, o simplemente, de la colocación de una lápida en lugar de una perecedera cruz de madera. Lo curioso de este gravado es su fecha de publicación en Londres, ya que data del año 1877, y para entonces las tumbas que actualmente conocemos ya estaban realizadas.

 

 

(1)     BERRUEZO, JOSÉ. “San Sebastián. Itinerario Pintoresco a Través de su Historia”. San Sebastián. 1948.

(2)     CROWE, CHARLES. "An Eloquent Soldier. The Peninsular War journals of Lieutenant Charles Crowe of the Inniskillings. 1812 - 1814". Editorial Gareth Glover. 2011.

(3)     BELMAS, J. “Journaux des Siéges faits ou soutenus par les français dans la Péninsule de 1807 a 1814”. T.4º. Paris. 1837. Pág. 646 & 647.

(4)     WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 158.

(5)     DUNCAN, FRANCIS. “The English in Spain; or, the story of the war of succession between 1834 and 1840. (…)”. Edit. John Murray. Londres. 1877. Pág. 51.

4.- HISTORIA DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

          El cementerio que actualmente conocemos, se originó con las sepulturas de los fallecidos durante la Primera Guerra Carlista. La mayor parte de estos militares formaban parte de la Legión Auxiliar Británica, también conocida bajo el acrónimo B.A.L., que a las órdenes del Teniente General Sir George de Lacy Evans combatieron a favor de los derechos de Isabel II y en la defensa de  los ideales liberales de quienes la apoyaban, entre los que se encontraba nuestra ciudad de San Sebastián. Este cuerpo militar formado por más de 10.000 voluntarios de todo tipo y condición social, actuó principalmente en la provincia de Guipúzcoa, teniendo como base principal de operaciones nuestra ciudad de San Sebastián.

          En los alrededores de la sitiada ciudad de San Sebastián se dieron importantes combates, como la decisiva toma del alto de Ayete con el consiguiente levantamiento del cerco, los ataques carlistas contra las posiciones de Alza, o la tremenda derrota cristina en la batalla de Oriamendi. También se dieron fuertes combates en las poblaciones fronterizas como Hondarribia e Irún, se produjeron insurrecciones de algunas unidades militares en 1837, principalmente a consecuencia de los retrasos de las pagas, y se tomó la vecina población de Andoain a las tropas del pretendiente.

          La reciente llegada de la Legión Británica parecía presagiar una rápida victoria, pero la enorme cantidad de bajas que sufrieron estas en la toma de Ayete, y el desastre sufrido en la batalla de Oriamendi, supusieron un fuerte golpe para la moral británica y de los habitantes de San Sebastián. José Berruezo (1) recoge este momento histórico:

          “Tan confiados estaban nuestros abuelos en el triunfo de las armas cristinas, que la noche del 15 de Marzo hubo jolgorio municipal, alegría patriótica, y hasta música por las calles. Santesteban, organista de Santa María,, compuso una marcha triunfal que la banda ensayó. Una tradición local, recogida por el padre Apalategui, dice que aquella música marcial, escrita para celebrar la presunta victoria, fue hallada por los carlistas entre los papeles abandonados por los músicos, que, en unión de muchos donostiarras, habían subido al vecino monte para desde él presenciar la victoria de las tropas de la Reina, y que hubieron de emprender la huída a velocidad de campeonato. Los soldados de Don Sebastián se apoderaron de la partitura y, bautizada con el título de “Marcha de Oriamendi” es el himno que todos conocemos”.

          Al producirse las primeras bajas entre la oficialidad y tropas británicas de la Legión, se planteó un problema que al parecer no se había considerado de manera seria hasta entonces. ¿Dónde enterramos a estos aliados pertenecientes a una religión “no católica”? No podemos olvidar que en el siglo XVIII, tal y como lo narra una guía publicada por un viajero británico anónimo de principios de ese siglo, los extranjeros que fallecían en nuestra ciudad eran sacados de la misma y conducidos a la isla de Santa Clara para recibir sepultura, mientras que la “chusma” local gritaba a su alrededor “ese va al infierno”. (2)

          En los tristes años de esa sangrienta contienda civil, en nuestra ciudad solamente existía el cementerio de San Martín, situado en terrenos del barrio extramural del mismo nombre, en el que no existía ninguna zona para inhumaciones de fallecidos no católicos. Era un curioso cementerio en forma semicircular, coronado en su parte central por un obelisco de piedra que aún podemos contemplar, tras su traslado al actual cementerio de Polloe.

          Como hemos podido conocer los que ya estamos entrados en años, incluso en el Cementerio actual de Polloe existía una sección, rodeada de gruesos y altos muros, para recibir los cuerpos de los fallecidos en nuestra ciudad no pertenecientes a la iglesia católica. Era el rincón de los protestantes, calvinistas, judíos y también de los suicidas, que tras haber infringido uno de los preceptos sagrados de la iglesia, perdían el derecho a reposar en suelo sagrado. Esta misma necesidad de no juntar a los “nuestros” con esos seguidores del protestantismo se plantearía en su momento, por lo que podemos encontrar casi con total seguridad en este razonamiento el origen de nuestro Cementerio.

          Las primeras inhumaciones se producirían, cómo es lógico, de manera provisional, en espera de los trabajos de construcción de los futuros panteones para los oficiales más privilegiados. El resto se quedarían reducidas a un simple montículo de tierra y una cruz de madera, que el tiempo y un estado lamentable de conservación por el descuido  y abandono por parte de la municipalidad, se encargará de borrar.

          En el grabado superior, perteneciente a la obra de Henry Wilkinson, puede verse el conjunto de las “tumbas mayores”, y la desaparición de todas las cruces de madera de las inhumaciones efectuadas en tierra que veíamos en el grabado del Coronel Townley.

          Observamos también una clara diferencia en la tumba de Tupper, que con fechas posteriores, seguramente, fue reformada. La más lejana es la del mariscal Gurrea, sufragada con el dinero particular de su viuda, sus hijos y su amigo personal, el teniente general Lacy Evans. Es importante indicar otro detalle, que ha dado pie a muchas equivocaciones, referente a las cruces que se pueden ver en primer plano. Estas no pertenecen a ningún tipo de enterramiento al formar parte del antiguo vía crucis, que aún hoy se sigue celebrando en el monte una vez al año. Wilkinson nos menciona la existencia de catorce cruces de madera, para cada una de la estaciones de Cristo.

          Sufrió mucho durante la estancia en el castillo de los “chapelgorris”, que arrancaron la mayoría de las cruces y las usaron como leña para sus hogueras (3). De este Vía Crucis originario del siglo XVIII todavía se podían ver algunos restos a mediados del siglo XX, justo en los escalones números 34, 39 y 42 del camino que lleva hasta la galería de tiro.

          Si seguimos por el camino donde aparecen el religioso y la señora orando, nos encontramos con una inscripción en mármol que reza:

ESTANDO EN LA PLAZA DE SAN SEBASTIÁN

LOS REYES AMADOS

FERNANDO VII

Y SU AUGUSTA ESPOSA JOSEFA AMELIA,

FUE RESTABLECIDA ESTA VIA CRUCIS

POR DISPOSICIÓN DEL EXMO. SEÑ. CAPIT. GEN.

D. BLAS DE FOURNAS, Y CON LA LIMOSNA DE LOS DEBOTOS,

PRESIDIÓ EL ACTO

EL Ymo. SEÑOR OBISPO DE CIUDAD RODRIGO,

CONFESOR DE LA REYNA;

DIA 10 DE JUNIO DE 1828

          Resumiendo, diremos que la mayoría de los enterramientos de este cementerio pertenecen a la I Guerra Carlista, por lo que insisto en afirmar rotundamente que no existe ningún enterramiento documentado anterior a estas fechas.

          Por lógica tiene que haber muchos enterramientos que no han llegado a nuestros días, conociéndolos en la actualidad por los comentarios populares de la época recogidos en las fuentes documentales. Uno de ellos, que parece ser fue comentado nada menos que por Alfredo Laffitte, dice más o menos…

          “En el cementerio de los Ingleses de San Sebastián descansa una víctima del amor y no de las balas. Un oficial de la Legión inglesa, de origen irlandés, apuesto y aguerrido, que se hallaba acantonado con su regimiento en Ategorrieta, en el grupo de casas que el pueblo conocía como Westminster Square, y que se enamoró perdidamente de la dueña de su alojamiento, una mujer casada y de “rara” belleza. Él requirió sus amores, y se cree que fue correspondido. Una noche, el cuerpo del oficial apareció acribillado a cuchilladas junto a la fuente del Chofre, siendo rápidamente enterrado en el cementerio del monte Urgull. Años después, en el barrio que conocían nuestros antepasados como Puertas Coloradas (Ategorrieta), se veía correr entre los muchachos morenos a uno rubio, “como unas candelas”, al que las malas lenguas bautizaron con el nombre del “inglesito”.”(4)

 

(1)     BERRUEZO, JOSÉ. “San Sebastián. Itinerario Pintoresco a Través de su Historia”. San Sebastián. 1948.

(2)     ANÓNIMO. “An Account of Saint Sebastian, in Relation to their Government, Customs and Trade”. Londres. 1700.

(3)     WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 159.

(4)     BERRUEZO, JOSÉ. “”El Cementerio de los Ingleses”, en “Cien Años de Vida de San Sebastián (1879-1979)”. San Sebastián. 1989

5.- CEREMONIA DE “INAUGURACIÓN” DE 1924

          En los actos de la conmemoración del centenario de 1813, se procedió a una restauración del lugar, que debía encontrarse en total abandono. Posteriormente, con la enajenación del monte y castillo (8 junio 1921), puede leerse en un documento posterior, de fecha 24 de Agosto, que quedaban exceptuados de esa enajenación, el terreno llamado “tumbas de los ingleses” y las edificaciones declaradas monumento nacional.

          Se celebró una ceremonia de inauguración de las obras realizadas a iniciativa del general gobernador Arzadun el 28 de Septiembre de 1924. Muchos historiadores hablan de la inauguración del cementerio, pero no hay que caer en ese error. Se trata de la ceremonia de inauguración de las obras  de remodelación del lugar, no del campo santo que ya contaba en esas fechas con casi un siglo de vida.

Detalle del grupo escultórico perteneciente al desaparecido monumento del Centenario de 1913, que fue trasladado en 1924 al Cementerio de los Ingleses.

          Junto a las tumbas ya existentes, se levantó un gran monumento que había pertenecido al desmembrado “Monumento del Centenario” de 1913, situado en Alderdi Eder, frente al actual ayuntamiento. Se trata de un grupo escultórico representando a soldados de la guerra de independencia mientras arrastran un cañón, junto a la pared de una muralla con garita.

         El estado del cementerio no debía de ser muy bueno, así que a iniciativa del general Don Juan Arzadun Zabala, Gobernador Civil y Militar de Guipúzcoa, se hicieron importantes obras para que ese lugar fuera digno de los restos allí enterrados. La “reinauguración” de este cementerio se debe sobre todo a la actuación de este militar nacido en Bermeo en 1862, y fallecido en la misma localidad en 1950. Era amigo de Unamuno y tío abuelo del famoso escultor Néstor Basterrechea. Fue honrado por el Rey de Inglaterra con el título de Sir y su señora Lady.

          La mismísima Victoria Eugenia, reina de España, asidua veraneante en nuestra ciudad, descorrió una bandera que cubría una gran lápida de piedra, escrita en español e inglés, bajo sendos escudos de ambas naciones, coronada por un águila de bronce, que rezaba:

“A la memoria de los valientes soldados británicos que dieron la vida por la grandeza de su país y por la independencia y libertad de España”.

          En otra inscripción algo más baja también puede leerse:

“Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo”

En la fotografía superior se puede ver a la reina Victoria Eugenia y al marqués de Torrecilla delante de la tumba de Sara y María Matilde Callender. (Fototeca Kutxa)

          En el momento en que la tela dejaba ver las inscripciones, sonaron, como ya he señalado, los himnos de España y el “Dios salve a la Reina” de Gran Bretaña, a la vez que eran honrados por las tripulaciones de los buques Malcolm (Destructor de 1200 tm. Y 165 hombres de tripulación) y del Reina Victoria Eugenia, anclados en la bahía de La Concha y puerto de Pasajes respectivamente. Después participaron en un desfile militar conjunto, al que se sumó un batallón del regimiento de Sicilia, de guarnición permanente en San Sebastián.

Momento en que la reina Victoria Eugenia saluda la bandera del regimiento Sicilia. Detrás puede verse a la reina María Cristina.

          Entre la ilustres personalidades asistentes al acto, destacamos a la mencionada reina Victoria Eugenia, a la reina viuda María Cristina, al entonces príncipe de Asturias Don Alfonso y su hermano el infante Don Jaime, al enviado especial por el gobierno inglés, Sir Charles Oman, y el embajador de este país en Madrid. El embajador de España en Londres, señor Merry del Val, y al embajador de los Estados Unidos de América.

          Sir Charles Oman, profesor de la Universidad de Oxford, representante oficial del Imperio Británico en la solemne inauguración del Cementerio de los Ingleses, leyó su discurso y dijo lo siguiente:

          “Oficiales y soldados británicos que han muerto luchando por su país, o aliados con las tropas de otros países, se hallan enterrados en diferentes partes del mundo. Pero es seguro que ningún soldado británico tiene un lugar de reposo tan noble y extraordinario como este cementerio del Monte Urgull.”

Los coches que trasladaron a la familia real desde el Paseo del Príncipe de Asturias, actual Paseo Nuevo, hasta el cementerio, conducidos por el Sr.Goenaga, propietario de los caballos.
Fototeca de la Kutxa

          Como anécdota es digno mencionar los enormes problemas que tuvieron los cocheros, maniobrando los carruajes, por las empinadas cuestas del monte. Muchos de ellos desistieron, dejando los carruajes en el entonces llamado Paseo del Príncipe de Asturias, es decir, nuestro actual Paseo Nuevo. Fue un día muy caluroso, lo que originó que muchos invitados que subieron andando, sufrieran mucho por culpa de los uniformes y trajes engalanados que portaban para la ocasión. Pero eso sí, el camino estaba adornado con banderolas y gallardetes, como requería tan solemne acto. Algunas de las personalidades que subieron andando fueron el Alcalde de la ciudad, acompañado por sus maceros, el embajador inglés, el embajador español en Londres, y el gobernador militar de la plaza.

          A las diez y media en punto comenzó la ceremonia, coincidiendo con la llegada en carruaje la reina Victoria Eugenia, la reina María Cristina, los infantes y diversas personalidades de la nobleza y corte española.

          Los discursos corrieron a cargo del general Arzadun, gobernador militar, Sir Omar, quien leyó un mensaje de su rey, Jorge V, mostrando su gratitud por el acto que se celebraba y el alcalde de la ciudad D. Juan José Prado, quien dijo textualmente:

          “Decid a vuestra nación que el pueblo de San Sebastián, Hidalgo y caballeroso, sabe prometer y cumplir lo prometido… por eso, decid a vuestro pueblo que tenga la seguridad de que los restos de sus hijos que hoy deja entre nosotros serán tan venerados como si fueran hijos nuestros”.

          “Con profunda emoción y respeto asistimos hoy a la visita que la Madre Inglaterra hace al cementerio de los suyos, y antes de que abandone su recinto, le prometemos, para su satisfacción y para su consuelo, que el beso que hoy deposita sobre las tumbas será renovado todos los años, con la misma efusión y el mismo cariño que si de hijos nuestros se tratara. Cada donostiarra llevará en su corazón grabadas las palabras: Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo.”

5.1- LA CEREMONIA EN LA PRENSA DONOSTIARRA

          Para conocer con más detalle cómo se desarrollaron las ceremonias y los distintos actos programados, lo mejor es que consultemos la hemeroteca. Afortunadamente se le dio mucha relevancia a la ceremonia, gracias a lo cual tenemos unas fieles narraciones de los periodistas en sus respectivos rotativos donostiarras. Voy a transcribir literal y cronológicamente los artículos más detallistas y que describan de la mejor forma los acontecimientos.

  • La Voz de Guipúzcoa. Diario Republicano.
  • El Pueblo Vasco. Diario Independiente.
  • El País Vasco. Diario Independiente de la Mañana.
  • La Constancia. Diario Integrista.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 23 DE SEPTIEMBRE (Pág. 5)

UN PROGRAMA DE FESTEJOS

LA INAUGURACIÓN DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

          Con motivo de la inauguración del Cementerio de los ingleses, en el monte Urgull, se celebrarán varias fiestas y actos oficiales, cuyo programa se halla ya ultimado.

          El día 25 del corriente llegará a nuestras aguas un buque de guerra inglés, cuya oficialidad visitará al día siguiente a las autoridades locales.

          El 27 se celebrarán las carreras de automóviles, almorzando los ingleses en la tribuna y siendo invitados por la noche a una gran comida en el Kursaal. (1)

          El día 28 es el señalado para la inauguración del monumento dedicado a los ingleses en el Castillo.

          Después se trasladarán los invitados al monte Igueldo, donde el Ayuntamiento ofrece a los huéspedes británicos un almuerzo.

          A las ocho y media se verificará la comida que ofrece el señor embajador de Inglaterra y a las diez y cuarto comenzará en la bahía la gran fiesta náutica, que promete ser un acontecimiento.

          El día 29 habrá un almuerzo en honor de los oficiales que tomen parte en la carrera militar internacional.

          Con estas fiestas se darán por terminadas las conmemoraciones de la inauguración del monumento a los ingleses.

EL PAÍS VASCO. 24 DE SEPTIEMBRE (Pág. 3)

UN ASUNTO DE INTERÉS

LA COMISIÓN DE MONUMENTOS EN DEFENSA DE LA FORTALEZA DEL CASTILLO

          Se alarma ante la posibilidad de que la pirotecnia del próximo domingo perjudique las reliquias de la Mota

          Ayer celebró sesión este organismo, alarmado con los rumores propagados estos días, de que se proyectaba en el Castillo de la Mota una fiesta de pólvora nocturna, de gran estruendo, con motivo de la inauguración de las reformas del Cementerio de los Ingleses, anunciada para el próximo domingo.

          La Comisión de Monumentos, que obra en virtud de poderes contenidos en las leyes y reglamentos promulgados por el ministerio de Instrucción pública, como delegada que es en Guipúzcoa de las Reales Academias de la Historia y de las Bellas Artes de San Fernando, se ve en el caso de intervenir con celo patriótico en todo aquello que puedan sufrir menoscabo construcciones de la antigüedad, como las que quedan en el Macho y que, puede decirse, son las únicas páginas de piedra de la historia donostiarra que llevan impresos los pasos de las generaciones sucedidas en el transcurso de muchos siglos.

          Las que aún se conservan allí providencialmente, pero en equilibrio inesperado y con notorio peligro –en el supuesto de fuertes explosiones de alegres festivales que pudieran determinar sensibles desgracias- han movido a dicha entidad a averiguar lo que había de cierto cerca del señor alcalde, a quien visitó en su despacho una representación con carácter oficioso para hacer presente los estragos que pudieran producir en la ya ruinosa fortaleza ultrajada de su soberana significación de grandeza, por la piqueta demoledora y la dinamita mortífera, que dejó recuerdo luctuoso en días no lejanos. (18)

          Esa saludable misión conservadora de venerables vestigios del pasado, que incumbe a la Comisión de Monumentos, como puede comprenderse, no es producto de una caprichosa intervención, sino legítimamente autorizada por la Superioridad y encarecida constantemente como labor de cultura provechosa a los prestigios del Arte y de la Historia nacionales; y por lo que tiene además de humana y justificada en el caso presente, merece ser bien mirado el celo y diligencia puestos por la Comisión, antes de que se cumpliesen los rumores u llegase lo inevitable en su doble aspecto.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 24 DE SEPTIEMBRE (Pág. 12)

LAS FIESTAS DEL DÍA 28

LOS INGLESES TENDRÁN UNA LÁPIDA EN URGULL, DEDICADA AL “HEROE DESCONOCIDO”.

          El general Arzadun (2) tuvo ayer la amabilidad de ampliar a los periodistas que hacen información en el gobierno, una nota escueta y sintética que antes se nos había dado, enumerando los festejos que en homenaje de los marinos ingleses se van a celebrar el día 28 del presente mes.

          Luchando con grandes dificultades, se ha conseguido poder preparar la subida hasta el cementerio de los ingleses, de modo que los reyes puedan ascender en coche hasta el mismo lugar de la ceremonia, aunque sea habilitando unos carruajes de ruedas pequeñas, que ya se hallan dispuestos.

           En el cementerio se ha hecho todo cuanto ha sido posible para que resulte decorosa aquella mansión donde reposan los restos de los defensores ingleses de la ciudad (3) y con objeto de que el recuerdo perdure a través del tiempo, se instituirá una fiesta anual, para que siempre, en un mismo día, se depositen flores y coronas sobre las tumbas de los que allí yacen.

          Para lograr este bello propósito, se ha escogido un sitio ideal, que la fotografía se encargará de multiplica y darlo a conocer, en el cual, junto a un árbol hermoso, como pareciendo prestarle sombra y amparo, se colocará una lápida con inscripciones en inglés y español, dedicada “Al héroe que sólo Dios conoce”, algo así como uno de los monumentos dedicados por las naciones que guerrearon en la conflagración europea, al soldado desconocido.

          La fiesta del 28 consistirá en descubrir una lápida conmemorativa, que se hallará tapada con la bandera de San Sebastián y que al descorrerse esta aparecerá la inscripción inglesa con su pabellón nacional y la castellana con la de España.

          Sobre la pequeña explanada que hay en la cima del cementerio, se colocarán en perfecta formación soldados ingleses y de la guarnición de nuestra ciudad, como fondo del cuadro, y a los lados respectivos de los dos pabellones nacionales, sesenta soldados ingleses y otros sesenta españoles, que presentarán armas al ser descubierta la lápida conmemorativa, mientras las músicas tocan el himno inglés y la Marcha Real española y se disparan quince cañonazos.

          En la explanada del cementerio se colocará el cañón ingles que traerá como recuerdo el barco de guerra británico “Malcome” (4) y el cañón “Español” (5) que regala el museo de Artillería.

          A la llegada de los reyes harán los honores de ordenanza una compañía de Sicilia con bandera y música, y desde una pequeña tribuna levantada al efecto, pronunciará un discurso el representante del ministerio de la Guerra (aún no designado), otro en inglés el embajador de Inglaterra, otro el alcalde de la ciudad, señor Prado y otro el profesor de la Universidad de Oxford y representante de la Cambrige (sic) en el Senado inglés M. Oman (6), insigne historiador, muy amante de las glorias españolas.

          Terminado el acto, continuarán los agasajos dispuestos para obsequiar a los marinos ingleses, y mientras los oficiales del “Malcome” irán a las carreras de Lasarte, se jugará un gran partido de foot-ball en el campo de Atocha, pues han mostrado los marinos ingleses vehementes deseos de jugar con la Real, y se activa la organización de un notable partido internacional, verdaderamente amistoso.

          El general se lamentó de que por las circunstancias de todos conocidas, no haya podido venir el señor Primo de Rivera, como pensaba haberlo hecho.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 26 DE SEPTIEMBRE (Pág. 6)

El  “MELCOLM” EN LA BAHÍA.

         Ayer tarde, a las cuatro, después de los saludos a la plaza, entró en la bahía de la Concha el barco de guerra inglés “Melcolm”, cuya tripulación viene a hacer acto de presencia en las fiestas de la inauguración del cementerio de los ingleses defensores de nuestra ciudad el año 1813.

          El “Melcolm” quedó anclado al lado del “Giralda”. Tiene bonito corte, es de dos chimeneas y su tripulación estuvo largo tiempo en la cubierta contemplando el hermoso aspecto de nuestra ciudad.

          Las autoridades de Marina y el comandante del barco cambiaron los saludos de rigor.

          La tripulación recibirá orden, en breve, de saltar a tierra para visitar nuestra ciudad.

EL PUEBLO VASCO. 26 DE SEPTIEMBRE (Pág. 2)

UN COMUNICADO

LA COMISIÓN DE MONUMENTOS Y LA FIESTA NOCTURNA DE LA BAHÍA

          Me permito rectificar el comunicado de esa patriótica Comisión, mal informada sobre lo que ella cree impropiamente que es el llamado festival del castillo, perdiendo con esa falta en la información el carácter serio, profundo, ecuánime, nada ligero, que presidir en sus actuaciones, estudios, afirmaciones y descubrimientos.

          Una modesta iluminación con cazoletas de estearina y bengalas y unos cohetes o cosa similar, quemados en la explanada de la antigua batería de la Reina, que mira a la bahía, que eso es todo lo proyectado desde el primer momento para hacerse en el castillo durante la fiesta nocturna, han dado lugar a tomar acuerdos de altas miras patrióticas, con toda la autoridad de entidad que, por R.O. y por leyes del Reino, vela, entre otras cosas, porque no se altere el inestable estado de la fábrica del castillo, considerándonos a las modestas personas que en esa fiesta intervenimos, como Júpiter tonante, causas del rayo y trueno exterminador, causa de derrumbamientos catastróficos y apocalípticos.

          Tranquilícese la docta entidad y procure informarse mejor. Las salvas que en días señalados hacen los cañones de la batería de las Damas; los disparos más fuertes que con piezas gruesas se hacían ha pocos años en las proximidades de la Mota, son gigantes comparándolos con lo pigmeo de lo que hacemos en la fiesta, que, por otro lado, se ha probado en el mismo Castillo, para ver el efecto de luz y sonido, sin que, afortunadamente, se haya enterado de las pruebas ese equilibrio especial que tiene su egregia mención en el Monte Urgull, pero, desgraciadamente, sin que tampoco haya llegado a la vista o al oído de la Comisión de Monumentos, etc., pues hubiera evitado todas las alarmas que han turbado el apacible sueño de los venerables cerebros que constituyen la Comisión.

          La cosa no tiene un mayor valor, pero es lamentable informar mal a la opinión, único motivo que me obliga a esta ligera aclaración, dejando a un lado lo de molesto que para mi persona hay en todo ese acuerdo. Soy, afortunadamente, muy indulgente y me producen un exagerado respeto, que me desarma, me achica, las resoluciones de entidades como la Comisión Provincial de Monumentos Artísticos de Guipúzcoa.

León CARRASCO (7)

EL PUEBLO VASCO. 26 DE SEPTIEMBRE (Pág. 4)

LA FIESTA DEL DOMINGO

LA INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO EN EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

PREPARATIVOS

          El alcalde, señor Prado, celebró ayer varias entrevistas, con motivo de los preparativos que se hacen para las fiestas de inauguración del monumento en el Cementerio de los Ingleses.

          Estuvo a visitar las obras y se enteró de cómo va la organización de los festejos que han de celebrarse.

LA COLONIA INGLESA

          Entre la colonia inglesa de esta ciudad ha causado viva satisfacción la magnificencia y solemnidad con que se pone remate a la brillante iniciativa del general Arzadun, por la cual se rinde un homenaje a los ingleses que murieron por defender la libertad española.

          El alcalde estuvo ayer en la Embajada de Inglaterra visitando al embajador, a quien entregó invitaciones para el personal de la representación británica y para significadas personalidades de la colonia inglesa en nuestra ciudad.

VISITA A LAS OBRAS

          El general Arzadun, que tanto se ha preocupado de la ejecución de las obras, estuvo ayer nuevamente en el monte Urgull, quedando muy satisfecho de la marcha de los trabajos y dando acertadas instrucciones para su más conveniente realización.

LLEGADA DE UN BARCO INGLÉS

          Ayer, a las cinco de la tarde, entró en este puerto el barco de guerra inglés que ha salido enviado por el Gobierno de aquel país para que se halle presente en las fiestas de inauguración del monumento.

          Viene al mando del citado buque, denominado “Malcolm”, el comandante Osborne, laureado marino inglés de gran prestigio en la Armada británica.

          Hoy desembarcarán los oficiales del buque para realizar las visitas protocolarias.

LA PRENSA INGLESA

          Con motivo de las fiestas que han de celebrarse el próximo domingo, los periódicos ingleses publican sueltos e informaciones elogiando la hidalga iniciativa y el piadoso recuerdo que pone de relieve la cordialidad española y el elevado espíritu del pueblo donostiarra.

          Todos los diarios dedican merecidos elogios al gobernador civil y a las autoridades locales que han secundado la iniciativa, contribuyendo a su total realización.

EL “VICTORIA EUGENIA”

          El crucero español “Reina Victoria Eugenia”, designado por nuestro Gobierno para asistir a las fiestas del domingo, sigue en Pasajes; y en la mañana del domingo llegará a nuestra bahía para que marinos de su dotación, conjuntamente con los del “Malcolm”, efectúen un desembarco y den guardia de honor al monumento.

LLEGADA DE TURISTAS

          Como ya hemos dicho, de muchas partes e Francia e Inglaterra han sido pedidas habitaciones, en tal cantidad que se hallan ya tomadas las de casi todos los hoteles de la ciudad.

          Ayer comenzaron a llegar muchos turistas; y entre hoy y mañana la concurrencia ha de ser extraordinariamente numerosa.

DESEMBARCO DE UN CAÑÓN

          Según habíamos anunciado también, a bordo del buque de guerra inglés llegado ayer a nuestro puerto fue traído el cañón perteneciente a la época de la guerra de Independencia, que ha sido enviado por el Gobierno británico para que figure en el monumento del Cementerio de Urgull, junto con otro cañón de la misma época que, en virtud de gestiones del general Arzadun, ha cedido el Museo de Artillería.

          A última hora de la tarde fue desembarcado el cañón inglés, llevándosele al castillo para su colocación en el monumento.

LA FIESTA NÁUTICA

          La fiesta náutica que tendrá lugar en la noche del domingo ha de revestir una inusitada brillantez. Será mucho más bella que la celebrada hace dos años, y la bahía ha de presentar un aspecto fantástico y deslumbrador. Han sido acumulados toda clase de elementos y preparados con acertada dirección.

          Es una lástima que no se haya hecho propaganda de esta fiesta, pues de conocerse detalles de la misma fuera de San Sebastián, serán muchísimas las personas que se trasladen a presenciarla. En realidad merecerá la pena de un desplazamiento, pues será una cosa insospechada por su brillantez y grandeza.

A LA COLONIA INGLESA

          The British Consul informs all British Subjects that he has cards of invitation at their disposal for the Ceremony to be held on Monte Urgull Sunday the 28 th instant at 10,30 a.m.  

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 27 DE SEPTIEMBRE (Pág. 7)

LOS MARINOS INGLESES.

AYER DESEMBARCARON EL CAÑÓN - TROFEO.

          Durante la mañana de ayer, el general Arzadun y las demás autoridades donostiarras, han estado en el barco de guerra inglés “Malcolm”, devolviendo el saludo que el comandante del barco Mr. Osborne, les hizo, acompañado de la oficialidad del buque.

          Hablaron como es natural, de la fiesta del domingo y de los preparativos que se hacían para que resultase digna del hecho que se conmemora.

          Los marinos ingleses se mostraron satisfechos y agradecieron mucho el recuerdo que a sus compatriotas va a dedicar San Sebastián.

          Ayer por la tarde fue desembarcado del “Malcolm” el cañoncito inglés, de principios del pasado siglo, que el Gobierno británico envía para que sea colocado, como trofeo, en el monumento de los defensores de San Sebastián, al lado del cañón “Español” que ha regalado el Museo de Artillería nacional.

           El posible que hoy por la tarde pueda el público visitar el “Malcolm”.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 27 DE SEPTIEMBRE (Pág. 9)

REAL SOCIEDAD (reserva) – “MALCOLM” (flota inglesa)

          A continuación del partido de campeonato se jugará un interesante “match” entre un equipo del “Malcolm” de la Marina británica, y el reserva de la Real Sociedad.

          El “eleven” inglés estará formado por marinos del buque de guerra que fondea en nuestras aguas con motivo de las fiestas de inauguración del Cementerio de los Ingleses en el Monte Urgull.

          Es de presumir que pondrán en línea un conjunto digno de los prestigios del futbol británico.

          Los reservistas de la Real Sociedad acaban de obtener un gran triunfo en Baracaldo, y los elogios de la prensa hermana son el mejor testimonio de la gran valía de sus componentes, lo que hace presumir que veremos igualmente un partido interesante.

          Los precios señalados son los siguientes:

         Entrada de palco, 5 pesetas; señoras y socios, 2; barandilla de tribuna, 5; delantera de tribuna, 4’50; asiento de tribuna, 4; ídem de preferencia, 3; Preferencia: caballero, 2’50; señora, 1’25; delantera de general, 2; asiento de general, 1’50; General: caballero, 1’25; señora, 0’65.

EL PUEBLO VASCO. 27 DE SEPTIEMBRE (Pág. 1)

LAS FIESTAS DEL DOMINGO

LA INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO EN EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

CUMPLIMENTOS

          El general Arzadun estuvo ayer a bordo del buque de guerra inglés “Malcom” devolviendo la visita que le hiciera la oficialidad de del barco.

EL CAÑÓN INGLÉS

          Hoy quedará colocado en el Monumento del Cementerio el cañoncito que el Gobierno británico ha regalado para que sirva de adorno al pétreo recuerdo que se dedica en esta ciudad a los valientes ingleses que murieron por España.

EL BUQUE INGLÉS PUEDE SER VISITADO

          El cónsul inglés tiene el gusto de poner en conocimiento del público, que el buque de guerra inglés podrá ser visitado el sábado y domingo de una a seis de la tarde.

LA FIESTA EN LA BAHÍA

          Por empleados del Ayuntamiento se ha empezado a repartir farolillos de iluminación a las casas situadas en el contorno de la bahía.

          Los organizadores de la fiesta ruegan a los vecinos interesados atiendan las instrucciones que les en dichos empleaos y se preparen para encender la iluminación de sus balcones a las nueve y media del día 28, en el que se quiere dar la fiesta, una vez se anuncie la celebración de esta.

EL PUEBLO VASCO. 28 DE SEPTIEMBRE (Pág. 3)

LAS FIESTAS DE HOY

LA INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO EN EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

          Hoy se celebran las fiestas de inauguración del monumento elevado en el Cementerio de los Ingleses. Se trata de una de las iniciativas más simpáticas y más nobles, pues con ello viene a cumplirse un deber sagrado hacia la memoria de los que murieron por defender la libertad de España.

          En este día, los plácemes que ha recibido y que recibirá el general Arzadun por su iniciativa no pueden ser más merecidos y más justos. Gracias a él y a la cooperación que le prestara el Ayuntamiento de esta ciudad y cuantas personas han sido requeridas para ello, hoy puede inaugurarse el monumento, tan sencillo como severo y digno de la conmemoración que quiere hacerse.

EL MARISCAL GURREA

          El mariscal de campo don Manuel Antonio de Gurrea, natural de la ciudad navarra de Olite, era el brazo derecho del general Espartero, y murió en Andoain, en la primera guerra civil, el 29 de Mayo de 1837.

          Sus restos descansan en el Cementerio de los Ingleses, y es el único español allí enterrado.

          Su bisnieto, nuestro querido amigo don Joaquín Bellsolá y Gurrea (8), ha sido invitado a la fiesta de hoy por el alcalde de San Sebastián. Asistirá a ella, por lo tanto; y con el mismo motivo se han adherido la Diputación de Navarra y los Ayuntamientos de Pamplona y Olite.

EL PROGRAMA DE LOS ACTOS

          Como ya hemos dicho, la inauguración del monumento tendrá lugar a las diez y media de la mañana. Asistirán SS.MM. las reinas doña Victoria y doña María Cristina, el príncipe de Asturias y los infantes e infantas, que de esa manera se suman al simpático acto.

          S.M. el Rey hubiera querido asistir al acto, pero no le ha sido posible hacerlo por requerir su presencia en Madrid ocupaciones ineludibles. En nombre y representación del Gobierno asistirá el general Arzadun, quien ha de pronunciar un discurso. También hablará el representante del Gobierno de Inglaterra.

          De los barcos de guerra inglés y español, que han de situarse frente al Monumento, desembarcarán 60 marineros que se colocarán el pie del Monumento para dar guardia de honor al mismo mientras dure la ceremonia.

          También darán guardia fuerzas de la guarnición. Al hacerse la bendición del Monumento, serán disparados quince cañonazos por los barcos de guerra y por las baterías de la plaza.

BANQUETE EN PALACIO

          A la una y media de la tarde se celebrará en el Real Palacio de Miramar un banquete con el cual SS.MM. las reinas obsequian al embajador de Inglaterra, a los marinos del barco británico y del “Victoria Eugenia” y a las autoridades de San Sebastián.

          Presidirán la comida SS.MM. las reinas y el príncipe de Asturias.

A LAS CARRERAS DE CABALLO

          Por la tarde, la oficialidad del barco inglés asistirá a las carreras de caballos que han de celebrarse en Lasarte. También asistirán a dichas carreras SS.MM. las reinas.

          Algunos marinos han querido ir a la plaza de toros y por ello no se ha de jugar el partido de futbol con equipos locales y de la tripulación del barco británico.

FIESTA NOCTURNA EN LA BAHÍA

          Esta noche se celebrará la fiesta, con arreglo al programa siguiente:

          A las nueve de la noche, y como anuncio de la celebración, se dispararán en el centro de la playa diez y ocho bombas; y desde esa hora a las diez recorrerán las calles las bandas de música “Iruchulo” y “Armonia” y las bandas de trompetas del regimiento Almansa 13 de Caballería, y del 18 ligero de Artillería.

          Se iluminarán los montes Igueldo, Urgull y Santa Clara, el cinturón de la bahía en muros y edificios y las embarcaciones fondeadas en sitios fijos.

          A las diez y cuarto, como anuncio del comienzo de la verbena, se quemará en el centro de la playa un volcán; y desde ese momento, las embarcaciones se iluminarán con bengalas, disparándose cohetes variados en ella y en la playa; y las bandas de música, las dos de trompetas, dos de cornetas y tambores, tamboriles, dulzaineros, rondalla, etc., darán conciertos y tocarán bailables, repartidas en varios puntos de los paseos que dan a la Concha.

          A las once se aumentará la intensidad de la iluminación, con bengalas en la playa y montes, con dos reflejos encarnado y verde, y relámpagos en las alturas; y al terminar el reflejo de bengalas, desde las embarcaciones y de la playa se aumentará la intensidad del fuego con volcanes, cascadas, candelas, etc., formando una barrera de fuego y terminando todo, próximamente, a las once y media con una traca de quinientos tiros, con fuertes relámpagos de magnesio e iluminando el espacio con focos paracaidistas.

          Cooperarán en la fiesta los Cuerpos de la guarnición y la tripulación del “Mac-Mahon”; en total unos quinientos hombres.

          De tener que suspenderse la fiesta por causa del mal tiempo, lo conocería el público por la suspensión del anuncio de bandas y músicas recorriendo las calles.

AVISO A LOS BOTEROS

          Los dueños de las embarcaciones inscritas para tomar parte en la fiesta, deben tener sus lanchas fondeadas en los sitios marcados para las siete de la tarde.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 28 DE SEPTIEMBRE (Pág. 5)

LA FIESTA DE HOY

EL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

RECUERDOS DE LA GUERRA CIVIL.- LA DIVISIÓN DE LACY EWANS (sic). – AMETZAGAÑA, HERNANI Y ORIAMENDI.

EL VALOR DE LOS INGLESES Y EL HEROISMO DE LACY EWANS.- UNAS LÍNEAS AL GENERAL GURREA

          Eran las dos de la mañana del día 14 de mayo de 1837. Espartero monta a caballo y activa la formación de las tropas. Rayaba el alba, cuando la segunda división de vanguardia, bajo las órdenes del brigadier Rendón, colocábase en las inmediaciones de las casas de Aguirre. El general Jáuregui, con cuatro batallones de la quinta división, tomó posesión del camino de Hernani y, a poca distancia de estos batallones, colocóse la Legión Auxiliar británica al mando de Lacy Ewans (9) y a no larga distancia la primera división a las órdenes del general conde de Mirasol.

          Todas estas tropas tenían a su cargo el ataque a la sierra de Oriamendi.

          Como refuerzo, y en las inmediaciones de San Sebastián, formaron la división de la Guardia Real y los escuadrones de la Reina y del Príncipe. Y por último, quedó preparado el resto de la artillería inglesa como española, sostenida por el batallón de la Marina Real en lugar adecuado para lanzarse a la lucha en momento oportuno.

          Sonaron las cuatro de la mañana y con toda furia comenzó el ataque de las posiciones de Oriamendi.

          Avanzan los tiradores isabelinos y reciben crudísimo fuego al llegar a la primera cortadura que muy adelante tenía el enemigo. Jugaron entonces la artillería española y la británica y como el fuego fuese mortífero y certero, los carlistas hubieron de abandonar la fosa y retirarse a los primeros parapetos que se encontraban en el descenso de la sierra. Dirígense los cazadores a flanquear los parapetos, mientras que los zapadores habilitan el paso para la artillería. Pero como esta salvase prontamente los obstáculos y tomara posesión rompiendo el fuego contra las trincheras guarnecidas por los carlistas bajo este amparo, pudieron avanzar por la derecha; primero la compañía de Chapelgorris y dos de la Legión inglesa; después y por detrás, dos de la Reina y dos de Zaragoza, y por la izquierda el resto de la quinta división y el de la Legión Británica.

          Los carlistas, buscados por las balas rasas y por las granadas y flanqueados por tropas resueltas a combatir, procedieron a salvar la vida retirándose. Y, en efecto, buscaron abrigo en su segunda línea formada a la sombra de Hernani por las alturas de Santa Bárbara y las gargantas de Arricarte. Eran las ocho de la mañana. Después de cuatro horas de lucha, los isabelinos se apoderaron de la primera línea.

          Conforme el plan proyectado, era preciso arrojar a los carlistas de sus segundas posiciones. En unas pequeñas eminencias, cuyo descenso está hacia la parte de Hernani, tomaron posición los constitucionales. Avanzaron contra la población, mientras que la división de Jáuregui iba flanqueando por la derecha de la montaña en que está situada la ermita de Santa Bárbara.

          Lacy Ewans, con la Legión y la primera brigada de la primera división marchaba a su vez siguiendo el camino real que conduce a Hernani y abrazando la parte comprendida entre la carretera y el Urumea, protegido por el fuego de una batería británica. Presentábase Hernani con un recinto aspillerado;  fortificados el convento de monjas, la iglesia y ermita de Santa Bárbara.

          Como desde estas fortificaciones los carlistas hiciesen un fuego terrible, la toma de aquellos puntos se hacía poco menos que imposible a los soldados de Espartero. Los isabelinos atacaron Hernani y penetraron en la población bajo una lluvia de balas. Los carlistas pierden la plaza; abandonan el fuerte de Santa Bárbara, y como Lacy Ewans, poniéndose al frente de la caballería inglesa y de su Cuartel General, cargase en compañía de otros generales y jefes españoles, la retirada de los carlistas se hizo general, marchando todos hacia Urnieta y aunque todavía en esta misma población quisieron hacerse fuertes defendiendo la iglesia con tenacidad, fueron al momento desalojados por batallones de ingleses y españoles sostenidos por el escuadrón de Lanceros.

          Entonces dirigióse  el enemigo a Andoain. Después de aquellas duras refriegas y de lucha incesante y sin descanso durante el día 14, las tropas isabelinas descansaron durante todo el día 15. Llegó la madrugada del día 16 y la Legión inglesa, a las órdenes de su general Lacy Ewans, emprendió la marcha. Estas tropas se dirigieron sobre Irún y Fuenterrabía, mientras el general Jáuregui con su división marchaba por la derecha a flanquear ambos puntos. Lacy Ewans guarneció el pueblo de Oyarzun con 700 hombres y prosiguió la marcha.

          Serían las doce cuando las tropas constitucionales llegaron ante los muros de Irún. Como esta plaza, por su fortificación, por las piezas que la artillaban y por las fuerzas que la guarnecían pedía preparativos para su asalto, su asedio o su sitio, Ewans hizo alto. Reconoció el terreno, hizo que la artillería se situase y rompiese el fuego y que las tropas circunvalasen la población y atacasen inmediatamente el fuerte del parque y todas las demás casas. Tanto el fuego de cañón como el de fusilería fue sostenido en los primeros momentos con extraordinario ardor por ambas partes. Pero como los constitucionalistas se arrojasen a la bayoneta sobre algunas casas y lograsen ganarlas, los carlistas se vieron en la dura necesidad de encerrarse en el recinto de la plaza.

          La noche puso fin al combate. Las tropas isabelinas acamparon al pie de las murallas de Irún y empleáronse durante la noche a establecer una batería frente a la puerta llamada de Francia. Era el alba la señal de combate. A esta hora la artillería isabelina dio principio a sus disparos contra la puerta y la fusilería contra los que defendían las murallas. Los carlistas contestaron con un fuego vivísimo desde todo el recinto de la plaza.

          Eran las once de la mañana, cuando en medio de aquella lluvia de balas y los estragos que hacía el fuego de los carlistas, fue herido el oficial de la artillería isabelina que mandaba la batería de brecha. Tomó el mando de esta batería el diputado señor Lujan, oficial que había sido de artillería, y con tal acierto dirigió a la emplazada delante de la puerta, que en poco tiempo pudo abrir paso a los soldados de la reina Isabel.

          Los soldados de la reina lanzáronse al interior de la población, se hicieron dueños de las casas y también hicieron rendirse a cuantos oponían resistencia en el fuerte y en las casas del Ayuntamiento. El fuerte del parque fue rendido también. Las compañías del regimiento de la Princesa, dirigidas por Ewans, Schely y Cotoner, fueron las que se apoderaron de aquel fuerte con un brusco ataque. Es verdad que cuando entraron a saco en la población, ingleses e isabelinos, sin duda por lo terrible del combate y por la sangre que a los isabelinos costó el hacerse dueños de aquellas fortificaciones, cometiéronse excesos que la historia no los puede aprobar. La fiereza humana deja en aquellos momentos de ser hombre racional para convertirse en una bestia. Sin embargo, en honor a las tropas isabelinas, hay que apuntar, según autores de aquella época, que no pocos carlistas salvaron la vida y hasta el equipo, aun después de haber sido hechos prisioneros.

         Sería el 17 de mayo de 1837, cuando las tropas isabelinas desfilaron con dirección a Fuenterrabía, y el general Ewans quedó en Irún, dando las órdenes necesarias.

          Era al amanecer del día 18. Lacy Ewans marchó a Fuenterrabía y habiendo puesto sus tropas al cerco de la ciudad, intimidó la rendición al enemigo. Los carlistas tenían el resultado a la vista de su resistencia en Irún; y como por otra parte gran número de navíos españoles e ingleses amenazaban por el lado de la barra y se preparaban al desembarco de artillería, hombres y municiones, la única solución que quedaba al enemigo era la capitulación.

          Fueron don Ricardo Schely y el teniente don Ignacio Gurrea (10), ayudantes ambos del general inglés, quienes estipularon con los carlistas el convenio de capitulación. Por este convenio, el enemigo había de rendir las armas en el glacis de la fortaleza y quedarían de hecho prisioneros de guerra. Eran las diez de la mañana cuando se efectuó el acto solemne de la deposición, quedando por lo tanto los isabelinos dueños de la ciudad y de su fortificación, que estaba artillada con 20 piezas de grueso calibre y gran cantidad de víveres y municiones.

          Las pérdidas de los carlistas en aquellos días fue de 1200 hombres entre muertos y heridos y 800 prisioneros. De estos, eran 66 oficiales. También las pérdidas de los isabelinos fueron de gran consideración, porque llegaron a perder más de 1000 hombres, aun teniendo en cuenta que la posesión de la mayor parte de las fortificaciones fue por medio del asalto.

          Sin embargo, todavía el día 18 los carlistas arremetieron con la primera división isabelina que se hallaba en las posiciones de Urnieta y en poco estuvo que los isabelinos no hubiesen tenido un fuerte disgusto, gracias a que el general Espartero desde Hernani acudió con un fuerte contingente, haciendo retirar a los enemigos más allá de Andoain.

          Fue tan grande el triunfo y la victoria que esto suponía para el ejército isabelino que con las últimas batallas ganaron la posición de una línea que aseguraba a los carlistas su comunicación con Francia. Y no se trataba solamente con aquellas batallas de la materialidad del triunfo, sino además el gran efecto moral que suponía en unos pueblos acostumbrados a ver en las líneas de San Sebastián una como barrera inexpugnable.

          A pesar de toda aquella campaña tan victoriosa para el ejército isabelino, no pudo, sin embargo, ganarse a Lerín, punto extraordinariamente importante, tanto estratégicamente, ya como llave de la línea de la rivera.

          El general Espartero continuaba de triunfo en triunfo. De San Sebastián marchaba a Fuenterrabía. Lacy Ewans colaboraba tan valientemente con las tropas a sus órdenes y con tal ciencia militar, que aquella Legión inglesa, que tan definitivamente decidía en los triunfos y en las batallas, no podemos menos de recordarla en estos días, en que el pueblo donostiarra rinde el homenaje a los muertos ingleses por la guerra en defensa heroica de la bandera de la independencia española.

          Lacy Ewans, con aquella valiente división inglesa prestó a la nación uno de los más señalados servicios. Sus soldados decidieron las batallas en más de una ocasión. Su marina de guerra, fondeada en nuestra bahía, defendió a San Sebastián en momentos peligrosísimos y difíciles. Fue el mismo jefe “Sagastibeltza” quien cayó bajo una granada inglesa, cuando apenas les faltaban horas para entrar en la capital donostiarra.

          Lacy Ewans recorrió con su división toda Guipúzcoa, y en Oriamendi, Hernani, Urnieta, Astigarraga, Irún y Oyarzun, con el general Espartero, Lacy Ewans fue, con su talento militar, el valor y el heroísmo personificado.

          Los carlistas se ensañaban contra ellos. Los “gorrias” (colorados) eran para ellos el acicate más formidable para la lucha. En Oriamendi, enfocaban sus cañones y sus fusiles decididamente contra la división inglesa. Y sin embargo, Lacy Ewans, con esa indomable energía y tenacidad características en el inglés, jamás cejó en la lucha. Lacy Ewans, fue un heroico militar y, además, hombre de gabinete y de campo a la vez. Cuanto su cerebro concebía y trazaba en el papel, había de ser ejecutado perfectamente en el campo.

          Ewans, con los suyos, salvó al ejército en Ametzagaña y Oriamendi, y cuando a la vista del refuerzo de aquellos cuatro batallones para el ataque, ya a los oficiales isabelinos no les fue posible contener el pánico de los soldados que huían, Ewans, desesperado, viendo que su vasto plan se deshacía, mandó con el furor de su coraje hacer fuego a la milicia nacional contra los que en aquella forma huían de la defensa de sus banderas. Setecientos cincuenta y cinco heridos, sesenta muertos y ciento cincuenta prisioneros fueron las pérdidas que experimentaron las tropas isabelinas en tan desgraciada batalla.

          Y si el cementerio de los ingleses nos recuerda la memoria de aquel valiente ejército que peleó al lado de nuestros generales, el nombre del general Gurrea, cuyas cenizas guardan las losas y piedras de nuestro cementerio del castillo de la Mota, nos recuerda también el memorable y triste día en que el general dio generoso sacrificio de su vida en defensa de su bandera. Su tumba se nos presenta siempre ante nuestros ojos con una aureola de gloria, como de quien permanece en la paz de los muertos después de dar su vida por la Patria. Nada de extraño tiene que en los distintos pueblos de la provincia existan epitafios y hasta sepulturas inglesas. ¡Si fueron ellos los que la defendieron con su generosa sangre! ¡Si fueron los que desde Ametzagaña, hasta Mendigorría pelearon y murieron junto a las tropas españolas!...

          Hoy, día de memorable recordación, dediquemos estas líneas a cuantos yacen en sagradas cenizas bajo las losas funerarias del cementerio llamado de los ingleses, que si algunos de ellos son para los donostiarras de muy triste y dolorosa recordación, en cambio otros constituyen páginas gloriosísimas de la Historia patria.

Adrián de Loyarte

Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia

EL PUEBLO VASCO. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 1)

EL PUEBLO VASCO. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 3 y 4)

LAS FIESTAS DEL DOMINGO

CON GRAN SOLEMNIDAD SE INAUGURAN LAS OBRAS DEL CEMENTERIO DE LOS INGLESES

ASISTIERON LA FAMILIA REAL Y EL EMBAJADOR DE INGLATERRA.

DISCURSO, BANQUETES Y FIESTA NÁUTICA

          El domingo tuvo lugar, según habíamos anunciado, la inauguración del monumento elevado en el Monte Urgull a la memoria de los súbditos ingleses que perecieron luchando por la independencia de España en la guerra de invasión napoleónica y por las banderas liberales en 1837.

          Un solo español descansa allí el mariscal Gurrea, natural de Olite, muerto en la primera guerra civil. Está su escudo de armas y en el mausoleo se lee: “Al mariscal de campo don Manuel Gurrea, muerto en los campos de Andoain, el 29 de mayo de 1837, su esposa, sus hijos, su amigo, el general Lacy Ewans” (sic).

          La iniciativa del general gobernador, tan caballeresca y tan cristiana, la cooperación que a la idea ha prestado San Sebastián entero con todas sus autoridades y representaciones; la presencia de fuerzas marítimas inglesas en el acto confraternizando con las de nuestro ejército y marina, congregó ayer en el reformado Cementerio de los ingleses una gran cantidad de público que se sumó de este modo a la simpática fiesta.

COMO ES EL MONUMENTO

          El monumento instalado en el Cementerio de los Ingleses, consiste en una gran lápida de piedra coronada por un águila de bronce, dividida en dos partes. Cada una de estas contiene la leyenda en inglés y español, llevando los escudos de ambas naciones.

          La inscripción grabada dice lo siguiente:

A la memoria de los valientes soldados británicos, que dieron la vida por la grandeza de su país y por la independencia y libertad de España”.

          Hay después una plazoleta en la cual han sido colocados los cañones regalados por el Gobierno inglés y por el Museo de Artillería.

          En la parte baja han sido colocados, con exquisito gusto, los elementos alegóricos que había en el desmontado monumento de Alderdi-Eder.

          Luego, en una gran extensión de piedra, aparece una inscripción que dice:

Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno descanso”.

          Bajo la acertada dirección del arquitecto señor Alday y del jardinero señor Menéndez, han sido adornadas las tumbas en que reposan los restos de los muertos ingleses, cuyas lápidas han sido limpiadas o renovadas.

          Como ya dijimos hace días, existe una tumba que no se sabe a quién pertenece y en la cual ha crecido un árbol. Habiendo sido inútiles los trabajos hechos para conocer el nombre de quien allí reposa, se ha tenido el delicado acierto de poner allí una lápida que dice:

Honor a los muertos (sic) que sólo Dios conoce. 1808-1814 1836-1838”.

DOS CORONAS

          El Solar Navarro colocó una hermosa corona de flores en la tumba del navarro Mariscal Gurrea, muerto en la guerra carlista, cuyo bisnieto don Joaquín Bellsolá (8), nuestro querido amigo, asistió especialmente invitado a la fiesta, a la que se adhirieron la Diputación de Navarra y los Ayuntamientos de Pamplona y Olite.

          También la embajada inglesa, envió una suntuosa corona de flores naturales, que fue colocada en el monumento.

LLEGADA DE LA FAMILIA REAL

          SS.MM. las reinas doña Victoria y doña María Cristina y SS.AA. el príncipe de Asturias y el infante don Jaime, llegaron en automóviles de la Real Casa, subiendo en tres magníficos carruajes tirados por hermosos caballos propiedad de don Ignacio Goenaga, y habilísimamente conducidos por este.

          El príncipe de Asturias llevaba uniforme de alférez de Infantería; y el infante don Jaime, de soldado de Artillería. Acompañaban a los augustos invitados la duquesa de San Carlos, camarera mayor; la señorita de Martínez de Irujo, dama de la reina Cristina; marqués de la Torrecilla (13), duque de Sotomayor, conde de Grove y señor Antelo.

          Fueron recibidas las reales personas por el embajador de Inglaterra (14), el enviado del Gobierno inglés sir Oman, general gobernador, Ayuntamiento en Corporación, Diputación provincial, jefe del Gabinete diplomático del ministerio de Estado marqués de Aycinena, embajador de los Estados Unidos, embajador de España en Londres, señor Merry del Val; restantes autoridades de la ciudad y representaciones de todos los centros y entidades donostiarras.

GUARDIA DE HONOR

          Una compañía del regimiento de Sicilia con bandera y música acudió a rendir honores, así como marinos españoles del “Reina Victoria” y marinos ingleses del “Malcom”, estos también con bandera y música.

          Un cabo y cuatro soldados turnando con los marinos ingleses daban guardia de honor en cada tumba.

          Las reinas, el príncipe y los infantes ocuparon la tribuna levantada a la derecha del Monumento, comenzando los discursos.

EL GENERAL ARZADUN

          He aquí, tomando taquigráficamente el bello discurso pronunciado por el general Arzadun:

          “Señoras, Serenísimo señor, Altezas, excelencia, señoras y señores:

          Sorprende a primera vista que el hecho sencillo de la inauguración de unas mejoras realizadas en este Cementerio, puedan despertar tan vivos sentimientos de recíproca simpatía en dos naciones, y atraiga a este lugar, casi inaccesible, representación tan excelsa y tan numerosa de Inglaterra y España.

          Y es porque el acto modesto, encierra un nobilísimo sentido y una elevada significación. Suenan hora en que los pueblos necesitan volver la vista al pasado para orientar su marcha al porvenir; tienen que revivir con el pensamiento las horas críticas de su historia, para caminar después, con ánimo sereno y rumbo cierto, hacia mejores destinos.

          Y las lecciones de la historia escritas fueron con sangre, tumbas sagradas jalonan los caminos; héroes sin nombre nos dan ejemplo perdurable de energía; honrarlos es deber de los que se enorgullecen con la herencia de gloria de las generaciones que pasaron.

          Hoy estas tumbas nos recuerdan que, en horas muy difíciles, Inglaterra y España lucharon unidas por defender los más altos ideales: Independencia y Libertad.

          Así, España llega al pie de estos sepulcros con el alma henchida de gratitud; sabe que el esfuerzo británico fue su sostén; primero en la lucha desesperada a la que debe la afirmación más robusta de su personalidad histórica, y después, en contienda fratricida por defender el mayor de los bienes espirituales.

          Inglaterra saluda, con emoción profunda, estas gloriosas reliquias. En este lugar reposa, entre otros muchos bravos, el hábil ingeniero Fletcher, el que trazó con las líneas de “Torres Vedras”, el “no más allá” ante el cual se detuvo el torrente de los conquistadores; rememora aquí la guerra de la península, en la que Wellington opone a la columna arrolladora la línea inconmovible, y ensaya y perfecciona su táctica genial. Por eso viene conmovida a honrar a los que murieron por hacerla inmortal; a probar que no han muerto, ni morirán, en su recuerdo. Paga la deuda que jamás prescribe, porque sabe que un pueblo que desdeña a sus héroes, ni ama la libertad, ni la merece.

          La gratitud junta de nuevo a dos naciones que combatieron juntas, así como entre estos sepulcros está el del general español Gurrea, unido en la muerte con los que cayeron a su lado por el mismo ideal.

          Entre estos valientes y la Patria que amaron tanto, se extiende el mar, que junta y no separa a dos naciones asombro de la historia.

          Que ese mar, teatro de tantas épicas hazañas, sea en lo porvenir camino abierto a las conquistas del trabajo, y que por él Inglaterra y España marchen siempre unidas por el bien de la humanidad.”

          El discurso del general Arzadun fue acogido con grandes murmullos de admiración.

EL EMBAJADOR DE INGLATERRA

          El embajador británico pronuncio en inglés un elocuente discurso, cuya traducción es la siguiente:

          “Señoras, Altezas Reales, Excelencia, señoras y señores:

          En esta ocasión de la ceremonia organizada para celebrar la restauración por las autoridades de San Sebastián del cementerio en el cual se hallan enterrados los oficiales y soldados que murieron en la guerra de independencia, su Majestad el Rey, muy augusto señor, me ha encargado de trasmitir el siguiente mensaje:

          “Me he enterado con gran satisfacción de la restauración del cementerio de San Sebastián, en el que se hallan enterrados un cierto número de oficiales y soldados ingleses que murieron en esa ciudad el 31 de agosto de 1813. La restauración de este cementerio, tengo entendido ha sido debida a la iniciativa y a la energía del general Arzadun, gobernador de San Sebastián, ayudado por las autoridades locales, a las que deseo expresar mis sinceras gracias por semejante iniciativa.

            La importancia acordada a esta ceremonia relacionada con la restauración del cementerio, está evidenciada con la presencia de S.M. la Reina, S.M. la Reina María Cristina y SS.AA.RR. el príncipe de Asturias y el infante don Jaime, cuya presencia aquí constituye un tributo adicional a los oficiales y soldados ingleses enterrados en el Monte Urgull.

          La ceremonia necesariamente conmemora la fraternidad en armas de las fuerzas inglesas y españolas en aquel período crítico de la historia de las dos naciones. Tengo la convicción de que el recuerdo de aquella cooperación no puede menos de mantener el interés que cada una de nuestras naciones siente por la otra, y estimularlas para combinar sus esfuerzos hacia el progreso de la Humanidad.”

           El rey habla por el pueblo británico, y como representante de Su Majestad, creo deber añadir por cuenta propia algunas consideraciones más.

          Vemos aquí a nuestro alrededor las tumbas de los oficiales y soldados británicos que cayeron en dos guerras diferentes. Como es natural, sus tumbas están mezcladas a aquellas de los españoles, sus camaradas de armas. Nuestro pensamiento se remonta a hace ciento once años, fecha de la toma de San Sebastián. En aquella ocasión, sitiadores y sitiados, dieron iguales pruebas de alto valor y heroísmo. No me concierne a mí el apreciar los motivos para juzgar las razones que tuvieron tan gran número de oficiales y soldados británicos para participar en la guerra carlista de 1835. Basta decir que estos hombres, como sus predecesores de la guerra de Independencia, cayeron combatiendo asociados a las fuerzas españolas.

          Por una iniciativa del señor general Arzadun, gobernador de la provincia, han sido restaurados los monumentos y las inscripciones de las tumbas, siempre que ha sido posible hacerlo, y se ha añadido una más dedicada a aquellos cuyos nombres son desconocidos.

          Sir Charles Oman, miembro del Parlamento británico, en representación de la Universidad de Oxford, y uno de los más distinguidos historiadores contemporáneos, autor de la reciente “Historia de la Guerra de la Independencia”, ha venido especialmente para asistir a la ceremonia.

          Además, para ensalzar la importancia de esta ocasión, el Gobierno británico ha enviado uno de sus buques de guerra a este puerto. Este barco, ha traído un cañón de la época de la guerra de Independencia, que el Gobierno ha regalado a las autoridades españolas. Así podemos ver el cañón español y el inglés unidos al pie del monumento y al lado, las unas de las otras, las armas de ambos países rodeadas de sus banderas respectivas.

          Representaciones de las fuerzas navales españolas y británicas, montan la guardia en este cementerio. Me aventuro a pensar que esta ceremonia es única y que será una fuerte llamada a las imaginaciones de ambos pueblos. La custodia de los muertos de una nación por las autoridades de la otra exalta más que nada la gratitud de la nación cuyos muertos son así honrados. Oficiales y soldados británicos que han muerto luchando por su país, o aliados con las tropas de otros países se hallan enterrados en diferentes partes del mundo. Pero es seguro que ningún soldado británico tiene un lugar de reposo más noble que este cementerio del Monte Urgull. Desde aquí divisamos la costa hermosa y brava de España, tan lejos como nuestros ojos pueden alcanzar, mientras que enfrente de nosotros, casi en línea recta a través del Océano, se harán (sic) las Islas Británicas, de donde vinieron los oficiales y soldados que están enterrados aquí.

          No creo que exista un lazo de unión más estrecho entre dos naciones que el recuerdo de las luchas en las que sus soldados combatieron hombro con hombro. En su elocuente discurso, el señor gobernador ha desarrollado este tema, y yo solamente quiero añadir que las relaciones estrechas y amistosas entre nuestras naciones no pueden ser mantenidas por vínculos artificiales; tales relaciones tienen que ser efecto de afectos naturales y común inteligencia. La restauración de este cementerio es una prueba de espontánea simpatía y consideración por parte de las autoridades españolas por la nación inglesa y será profundamente apreciada en mi país. El resultado de relaciones estrechas entre dos naciones alcanza a efectos mucho más remotos. Tales relaciones afectan al bienestar y la paz de la Humanidad en general, creando una atmósfera de amistad entre el mundo, lo que debe de constituir la ambición suprema de los hombres de Estado. Este es, indudablemente, el medio de alcanzar la paz universal sobre bases seguras.”

EL PROFESOR SIR C. OMAN

          El enviado oficial del Gobierno inglés, sir Oman, miembro del Parlamento, pronunció el siguiente discurso:

          “Majestades, señoras y señores:

          Con vuestra augusta licencia, sigo el ejemplo del embajador británico empleando el inglés como medio mejor de expresar la sincera y cordial gratitud de toda nuestra nación por la feliz y generosa iniciativa que ha dado ocasión a que seamos enviados como representación del parlamento británico, con el fin especial de patentizar los sentimientos de nuestros legisladores; como miembro de la Academia Británica encargado del grato deber de manifestaros la simpatía de nuestra recíproca inteligencia y como estudiante de Historia que se enorgullece de sus trabajos hispánicos, me siento hondamente impresionado por la importancia que encierra el mensaje de amistad que me ha sido encomendado.

          En este terreno histórico, viendo a nuestras plantas el Océano sin fin y sobre nuestras frentes las ruinas de la vetusta fortaleza, nos sentimos emocionados por algo más íntimo y conmovedor que el simple esplendor de las bellezas naturales. Nos reunimos para celebrar bajo los más elevados auspicios, la memoria gloriosa de un gran pasado en el cual España e Inglaterra pactaron tan larga y firme alianza, memoria que resulta a veces un tanto desvanecida por el rápido curso de los años tan henchidos de acontecimientos.

          Bien está el rememorar victorias de los lejanos días, pero mejor aún refrescar la memoria de los héroes que murieron por alcanzarlas. Por eso debemos gratitud singular a los que se han dignado hacerles revivir en nuestra mente; pero si este tributo que el orgullo nacional paga a los muertos conocidos o ignorados, es algo grande y merecedor de ser transcrito, creo que la gratitud natural brota más espontáneamente si se considera que vuestros antepasados fueron los primeros en destruir el prestigio y romper el carro de sus conquistas al genio militar que dominaba todo el continente europeo. Nuestros antepasados vinieron en su ayuda y murieron en los sangrientos campos de batalla de la Península. Bien está que nos congratulemos mutuamente ante tales recuerdos.

          Entre estas abruptas rocas, entre las tumbas de los oficiales españoles que cayeron en vuestras guerras por la Constitución, reposan los ingenieros ingleses que tomaron parte no pequeña en vuestra guerra de la Independencia. Sir Richard Fletcher merece especialmente el tributo de nuestra admiración como habilísimo técnico que supo trazar (bajo la dirección de Wellington) las inexpugnables líneas de Torres Vedras ante las cuales la ola de la invasión retrocedió hasta la completa liberación de la Península. ¡Que sugestiva resulta la palabra gratitud, pronunciada ante los que fueron los salvadores de Europa ya que su nombre se haya pronunciado harto poco en los últimos años!

          La historia tiene también sus triunfos contra el olvido y esta Asamblea es uno de ellos.

          Todos conocéis a aquellos que han iniciado tan sabia como generosa celebración y han sabido trazar la noble dedicatoria inscrita sobre esta roca.

          En el nombre de la nación Británica y del Ejército inglés les ofrezco las gracias más cordiales y respetuosas. Todo súbdito inglés aquí presente sentirá legítimo orgullo por el privilegio de haber tomado parte en la ceremonia. Pero los que se han visto privados de él, pero que conocen la historia de España y la de su propio país, la noticia de que ha sido celebrada con tal brillantez, será un momento de verdadero placer.

          En nombre de todos los que me envían, expreso a vuestras majestades y a la gran nación española nuestro mensaje de simpatía y gratitud.”

EL ALCALDE DE SAN SEBASTIÁN (11)

          Finalmente el alcalde de San Sebastián, pronunció en castellano el siguiente discurso:

          “Con la venia de VV.MM y AA.RR., Excmo. Sr., señoras y señores:

          En lugar preferente de este monumento, habréis de leer luego la siguiente inscripción:

          “A la memoria de los valientes soldados británicos que dieron la vida por la grandeza de su país, y por la independencia y libertad de España.”

          Y más abajo:

          “Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo.”

          El pueblo de San Sebastián, a quien tengo la altísima honra de representar en estos momentos, quiere principalmente, señor embajador, hacer presente a la nación inglesa que se dé perfecta cuenta de lo que estas palabras significan: “Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo.”

          Se da cuenta exacta de que eso constituye la más alta prueba de estima y de aprecio que nos podéis otorgar, y os hace el anuncio solemne cuanto más sagrado es lo que encomendáis, de que lo que en la inserción se promete será cumplido.

          Aquello que vuestra nación, ilustre por tantos conceptos, más protege y ampara siempre, sus súbditos, porque los ama y quiere  como ama y quiere una madre a sus hijos, nos lo deja a nuestra custodia, a nuestro cuidado, nos lo confía en precioso depósito y eso lo hace hoy oficialmente, poniendo como altar de entrega el mismo suelo donde los restos se encuentran, y a presencia de personas tan augustas y para todos los españoles y muy principalmente para los donostiarras, tan veneradas y queridas, como son las que constituyen la familia real española.

          No se puede dar nada más sagrado que confiar, ni momento más solemne de prometer, ni obligación, por tanto, más importante que cumplir.

          Pues bien: Decid, señor embajador, decid a vuestra nación, que el pueblo de San Sebastián, pueblo hidalgo y caballeroso como pueblo español, sabe agradecer, sabe prometer y sabe cumplir. Decidle, que desde lo más íntimo de su corazón y de lo más hondo de su alma, agradece esta, la más alta garantía de estima, que le podéis dar. Y decidle también que tenga seguridad de que los restos de sus hijos que hoy deja entre nosotros, serán tan venerados como si fueran los restos de los hijos de nuestra Patria, ya que por ella dieron su sangre, como si fueran los restos de nuestros convecinos y de nuestros hermanos.

          Con profunda emoción y respeto asistimos hoy a la visita que la Madre Inglaterra hace al cementerio de los suyos, y antes de que abandone su recinto, la prometemos, para su satisfacción y para su consuelo, que el beso que hoy deposite sobre las tumbas, será renovado todos los años, con la misma efusión y el mismo cariño que si de hijos nuestros se tratara.

          Cada donostiarra llevará en su corazón grabadas las palabras: “Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará su eterno reposo.”

LA REINA DESCUBRE LA LÁPIDA

          Acabados los discursos, la familia real se dirigió a la plazoleta donde se hallaban colocados los cañones y tirando de un cordón de seda descorrió la bandera que cubría la lápida. Las músicas tocaron los himnos español e inglés, presentando armas las tropas mientras las baterías hacían salvas.

VISITANDO LAS TUMBAS

          La familia real a continuación, visitó las tumbas inglesas, explicándoles el general Arzadun cuantos detalles desearen conocer y elogiando las augustas personas el orden y buena disposición en que todo se encontraba.

UN RECUERDO HISTÓRICO

          Don Jorge de Satrústegui posee un imperdible de oro, orlado de brillantes, en el cual se guarda un mechón de pelo y tiene la siguiente inscripción:

          “A la memoria de Alejandro Rossel (12), fallecido el 31 de agosto de 1813, a la edad de 34 años. En la muerte lamentado y en la vida querido.”

          Fue adquirido este broche en Lisboa por la esposa del embajador de España en Portugal señor Padilla. El señor Satrústegui mostró la joya a la real familia.

EL DESFILE

         Desde la explanada contemplaron las reinas, el príncipe y los infantes, acompañados de las autoridades, el desfile de las fuerzas.

          Se hizo de la siguiente forma: Destacamento del “Malcolm”, con la bandera al frente; destacamento del “Reina Victoria Eugenia”; compañía del regimiento de Sicilia.

          Inmediatamente las reales personas ocuparon los hermosos coches del señor Goenaga, descendiendo al paseo del príncipe, donde tomaron los coches de Palacio.

ALMUERZO EN PALACIO

          Conforme habíamos anunciado, a la una de la tarde se celebró en el Palacio de Miramar el banquete que daba la reina en honor del embajador inglés, de sir C. Oman y de los marinos del “Malcom”.

          Sentáronse a la mesa, con sus Majestades y Altezas, sir C.Oman, el embajador de Inglaterra, comandante y oficiales del “Malcolm”, comandante del “Reina Victoria Eugenia”, general gobernador, alcalde de San Sebastián y comandante de Marina.

OTROS ACTOS

          Los oficiales y marinos ingleses asistieron por la tarde a las carreras de caballos, a la corrida de toros, al campo de Atocha y al frontón. En todas partes fueron objeto de delicadas atenciones.

UN BANQUETE EN EL CRISTINA

          A las ocho y media de la noche se celebró en el Hotel María Cristina el banquete que el embajador de Inglaterra ofrecía a los ingleses y a las autoridades.

          Asistieron a la comida, al final de la cual pronunciaron elocuentes brindis, el embajador inglés y el general Arzadun, los comandantes y oficialidad del “Malcolm” y del “Reina Victoria Eugenia”, alcalde de San Sebastián, vicepresidente de la Diputación, vicepresidente de la Comisión provincial; comandante de Marina, jefe del Gabinete diplomático del ministerio de Estado y alto personal de la Embajada británica

LA FIESTA DE LA BAHÍA

          A las diez de la noche se celebró el domingo en la bahía de la Concha la fiesta náutica organizada como complemento de los actos en honor de los ingleses.

          A las nueve de la noche, como anuncio del comienzo de la fiesta se dispararon bombas en la playa y a este aviso no se dieron punto de reposo por nuestras calles las bandas de música “Armonía” e “Iruchulo”, así como las trompetas del regimiento de Almansa y del 13 ligero de Artillería.

          Los montes de Igueldo y Urgull, la isla de Santa Clara y todas las villas situadas en Igueldo, así como las casas de cuantas calles dominan la bahía, se hallaban iluminadas con millares de luces.

          El crucero “Malcolm” inició una espléndida iluminación en colores que le daba un fantástico aspecto y con sus reflectores no cesó de recorrer los montes, la ciudad, la Concha, los centenares de botes, iluminados también, que recorrían la bahía.

          Desde ésta el espectáculo de las iluminaciones era sencillamente estupendo y no hay modo de ponderarlo como ellos se merece. En realidad resultaron estas iluminaciones espléndidas.

          A las diez y cuarto se quemó un volcán y comenzó por todas partes, a millares, a dispararse cohetes y prenderse bengalas, mientras las bandas de música, de trompetas, de tamborileros y dulzaineros tocaban en diversos puntos y se bailaba animadamente a sus sones por todos los alrededores de la Concha.

          A las once se acrecentó la iluminación como a señal convenida y hubo enormes bengalas y relámpagos en los montes y en las embarcaciones, volcanes, candelas, ramilletes y una traca inacabable para fin de fiestas, mientras en la altura estallaba toda la cohetería de fantasía.

          El espectáculo resultó grandioso. El pirotécnico señor Lecea, puede estar satisfecho. La fiesta que el domingo ofreció es imposible no ya que pueda superarla nadie sino que ni igualarla ninguno.

          Puso todos los secretos de la pirotecnia para lograr las más fantásticas combinaciones. Los marinos ingleses, acostumbraos, en su inacabable viajar por el mundo, a fiestas de esta naturaleza, nos decían que la servida por el señor Lecea puede servir de ejemplo. Fue la del señor Lecea la obra de un formidable artista de la pirotecnia, que ha demostrado una vez más ser el mejor de España para esta clase de espectáculos.

         En San Sebastián, donde todas las cosas se hacen bien, espectáculos como el de la fiesta de la bahía han de hacerse imprescindibles un día por lo menos en cada verano.

          Así se expresaban los millares de personas que se deshacían en elogios al señor Lecea, así como el comandante de Artillería, señor Carraco, director de la fiesta.

BANQUETE EN IGUELDO

          Ayer al medio día se celebró en monte Igueldo el banquete ofrecido por el Ayuntamiento a las representaciones inglesas.

          Asistieron además de los marinos ingleses, el alcalde y varios concejales, el señor Merry del Val, todas las autoridades civiles y militares y el biznieto del mariscal Gurrea, señor Bellsolá.

UN TE A BORDO

          Ayer tarde SS.MM. las reinas Victoria y doña María Cristina estuvieron tomando el té a bordo del buque inglés “Malcolm”.

          Antes que las reinas, que habían estado visitando las instalaciones del Hospital de la Cruz Roja militarizada, habían ido al citado barco SS.AA. los infantes o infantes (sic).

EL “MALCOLM”

          A las siete y cuarto ha zarpado de la bahía el crucero inglés “Malcolm”, después de un disparo de cañón saludando a la plaza.

          El buque ha tomado rumbo a Bilbao.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 28 DE SEPTIEMBRE (Pág. 12)

UN HEROE NAVARRO

EL GENERAL GURREA

          En el cementerio de los Ingleses del Monte Urgull se encuentra enterrado el mariscal de campo Gurrea, muerto en Andoain, el 29 de mayo de 1837, en uno de los combates sostenidos contra los carlistas.

         Como el citado mariscal era natural de Olite, el Ayuntamiento de este pueblo, el de Pamplona y la Diputación provincial navarra han enviado su adhesión a los actos que se celebrarán hoy, con motivo de la inauguración de las obras ejecutadas en dicho cementerio.

          El alcalde, señor Prado, ha invitado a estos actos oficiales al distinguido periodista don Joaquín Bellsolá y Gurrea, biznieto del mariscal Gurrea. (8)

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 4)

LA FIESTA NÁUTICA

LA VERBENA EN LA BAHÍA DE LA CONCHA

            Seguramente no bajarían de cuarenta mil las personas que en la noche del domingo invadieron ocupando totalmente la Concha, el parque de Alderdi-Eder, el puerto y todos los sitios más o menos estratégicos, desde los cuales se podía presenciar con comodidad relativa, el fantástico espectáculo que ofrecía nuestra hermosa bahía.

         Las siluetas de los montes, los caminos, los hoteles y casas con vistas al mar, el Castillo, Igueldo, estaban bordados con infinidad de farolillos de colores, o lucían vistosas iluminaciones caprichosas.

          Los barcos de guerra y los yates de recreo, así como las lanchas y gabarras, estaban también llenos de luces y faroles, que el espejo de las aguas multiplicaba, dando a la bahía un aspecto imposible de describir, que sólo admiración causaba, y que fue del agrado de todos.

          Los reflectores del “Malcolm”, iluminaban a distancia Miramar, el Castillo y la ciudad, y de todos los sitios estuvieron saliendo incesantemente durante más de una hora, cohetes variados, bengalas, coronas, fuegos acuáticos, mientras atronaba el ruido de los morteros y el estampido de los cañonazos.

          De barco a barco se simulaban combates y bombardeos y no cesó el ruido, los cohetes y las iluminaciones hasta momentos antes de la traca final.

          Esta fue de un efecto sorprendente, pues se dispararon más de quinientos morteros, que no sólo atronaban, el espacio, sino que hacían retemblar el suelo, como si hubiese un terremoto.

          Al tableteo de los morteros seguía el lanzamiento de millares de cohetes, que iluminaban la bahía como si estuviésemos en pleno día, formando en el espacio una bóveda de fuegos multicolores, que persistía durante varios minutos, en medio del alborozo del público, que quedó satisfecho de la fiesta.

          Esta foto anunciada por una gran retreta que tocaron las bandas de cornetas de los regimientos de Artillería y Caballería, y por la banda municipal, Unión Bella Iruchulo, La Armonia, rondallas riojana y navarra, los juglares de la ciudad y varios chistularis y tamborileros.

          Todos estos elementos musicales se situaron en diferentes sitios del gran paseo de la Concha, ejecutando bailables, que supo aprovechar muy bien el elemento joven, no ocurriendo ningún incidente a pesar de la aglomeración de gente y de la índole del espectáculo.

          La fiesta náutica ha sido el espectáculo popular, el festejo más hermoso de la temporada y pueden estar orgullosos sus organizadores, puesto que han conseguido agradar a cuarenta o cincuenta mil almas, que unánimemente aplaudieron las iniciativas del comandante señor Carrasco (7), los trabajos llevados por los artilleros e ingenieros de la guarnición y los vistosos fuegos preparados por el pirotécnico de Vitoria, señor Lecea.

            La fiesta fue digna de nuestra ciudad.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 5)

INGLESES Y ESPAÑOLES

TRES BANQUETES

En Palacio.

          El domingo a mediodía hubo en Palacio un banquete de honor, al que asistió sir C. Oman, el embajador de Inglaterra y el comandante y oficiales del “Malcom”.

          Asistieron también el comandante y oficiales del “Reina Victoria Eugenia”, el general Arzadun, el alcalde señor Prado y el comandante de Marina.

En el hotel María Cristina.

          El embajador inglés ofreció un banquete por la noche en el hotel María Cristina a los comandantes y oficiales del “Malcom” y del “Victoria Eugenia”, invitando también a las autoridades locales, pronunciándose discursos a la hora de los brindis, abogando por la intensificación de la cordialidad existente entre las naciones inglesa y española.

En Igueldo.

          Ayer a mediodía se celebró en el casino de Igueldo el banquete que el Ayuntamiento donostiarra ofrecía al embajador inglés, a los jefes y oficiales de los buques de guerra surtos en nuestras aguas y a las autoridades de San Sebastián, reinando en él gran cordialidad.

EL PUEBLO VASCO. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 6)

LOS MARINOS BRITÁNICOS VENCEN AL RESERVA DE LA REAL

          Los marinos del “Malcolm” presentaron un “eleven” de más fuerza muscular que futbolística. Todos ellos eran de una complexión robusta, llevando el “maillot” con el mismo aire de los profesionales del Chelsea.

          Al verles dar las primeras patadas, creímos que el balón les venía ancho… Pero nos hicieron cambiar de opinión a medida que transcurría el partido. No eran ciertamente ningunos virtuosos; pero jugaban con gran empuje y denotando algunas nociones notables del “football”.

          Los reservistas de la Real se durmieron en los laureles; y con escasa fortuna en los remates, y manifiesta flojedad en el centro de la línea media y en la puerta, perdieron un “match” que debieron ganarlo a la vista del dominio que ejercieron.

          Los británicos marcaron el primer “goal” con gran algazara de sus compañeros de dotación que presenciaban el encuentro.

          Los realistas se apuntaron uno tras otro, hasta tres tantos; y los británicos, siempre jaleados por los del “Malcolm” se apuntaron otros tres “goals”.

          La victoria, pues, correspondió a los marinos por 4 a 3.

          El reserva de la Real Sociedad nos defraudó. Cuenta con elementos superiores, a quienes debe exigírseles una labor más acabada que la que desarrollaron el domingo.

          Arbitró Lippo Hertzka.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 6)

EL CEMENTERIO DEL MONTE URGULL.

EL DOMINGO SE CELEBRÓ LA INAUGURACIÓN OFICIAL

UN DISCURSO DEL EMBAJADOR INGLÉS

  • Crucero “Reina Victoria Eugenia” fondeado en Pasajes durante los actos de la inauguración del cementerio.
    Colección Fotocar. Foto Ricardo Martín. Estudio Photo Carte. Fototeca de la Kutxa- Kutxa Fototeka

  • Crucero “Reina Victoria Eugenia” fondeado en Pasajes durante los actos de la inauguración del cementerio.
    Colección Fotocar. Foto Ricardo Martín. Estudio Photo Carte. Fototeca de la Kutxa- Kutxa Fototeka

  • Crucero “Reina Victoria Eugenia” fondeado en Pasajes durante los actos de la inauguración del cementerio.
    Colección Fotocar. Foto Ricardo Martín. Estudio Photo Carte. Fototeca de la Kutxa- Kutxa Fototeka

EL PAÍS VASCO. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 3)

LA FIESTA DE LOS INGLESES

SE CELEBRÓ EL DOMINGO CON LA MAYOR SOLEMNIDAD

          Asistieron las reinas, el príncipe de Asturias y el infante don Jaime. Discursos del gobernador, el embajador inglés, al alcalde y sir Oman, al pie del monumento. Varios banquetes. El “Malcolm” zarpó ayer tarde.

(…)

LAS OBRAS DEL CEMENTERIO

          Muchas y muy notables han sido las obras que, para acondicionarlo y embellecerlo, se han llevado a cabo en el cementerio de los Ingleses.

          Los de más perentoria realización eran, sin duda, las necesarias para la construcción de caminos que diesen acceso a todas las tumbas. Es preciso reconocer que la red de senderos abierta en el lugar que nos ocupa es vasta, completa y eficaz, por la cual puede el visitante recorrer el cementerio en toda la extensión de este, cómoda y fácilmente.

          Complemento de tales obras han sido llevadas a cabo para embellecer el lugar donde reposan nuestros aliados de la guerra de la Independencia. En esta labor se ha utilizado con preferencia el elemento vegetal, diseminando con sentido estético por la pequeña necrópolis arbolitos, plantas de colores llamativos o adecuados a esta clase de lugares.

          También, y para ello, así mismo de gran urgencia, se ha acudido a las tumbas y panteones para aliviarles de la suciedad que padecían, hasta el extremo de no poderse leer las inscripciones que sobre los mismos se grabaron.

          Ahora, pues, cuanto estaba ya construido y que por la acción del tiempo y los elementos hallábase en estado lamentable ha experimentado un rejuvenecimiento amable y consolador.

          En la construcción del monumento se han aprovechado algunos elementos del ya fenecido del Centenario y que hasta hace poco tiempo ha permanecido en el parque de Alderdi-Eder. Consta de una parte básica sobre la que se halla un grupo recordatorio de aquella triste pero gloriosa página de nuestra historia; en la mencionada base, por el lateral exterior y perpendicular, se lee la siguiente inscripción:

          “Inglaterra nos confía sus gloriosos restos. Nuestra gratitud velará por su eterno reposo”.

          Se repite en inglés esta inscripción.

          Sobre la base, los dos cañones históricos inglés y español, cruzados, como acariciándose, y, tras ellos, en la parte que forma ángulo con aquella, esta nueva inscripción, también en los dos idiomas:

          “A la memoria de los valientes soldados británicos que dieron su vida por la grandeza y la libertad de España.”

          En este mismo lugar, los escudos de ambas naciones y en la parte superior de la obra un águila, símbolo de la victoria.

          Subiendo al cementerio por el paseo Nuevo, lo primero que se ve es un bello rincón, en el que se haya un cercado de verjas semicircular y dentro de este un arbolito En la roca una nueva inscripción:

          “Honor a los héroes que sólo Dios conoce”, en inglés y español, y estas fechas memorables:

          -. Este rincón lleva el nombre de Wenmister Square (sic).

          A la derecha del cementerio, está la tumba del mariscal Gurrea, remozada artísticamente. En ella, el Solar Navarro depositó una hermosa corona de flores naturales –claveles y dalias- de los colores rosa, blanco, amarillo y rojo, en la cinta de la corona leíase: “El Solar Navarro de San Sebastián al mariscal don Manuel Antonio Gurrea”.

(…)

EL PAÍS VASCO. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 6)

SEGUNDO PARTIDO

          Reserva de la Real Sociedad contra Equipo del Malcolm

          Al presentarse en el campo el equipo del buque de guerra inglés son ovacionados. Otro tanto sucede con los del reserva del club donostiarra. Los ingleses tienen todo el aspecto de un equipo profesional, aunque no lo son, claro está.

          El primer goal lo marcan los ingleses. Poco después empata la Real, debido a una buena combinación de los delanteros, que finaliza Ubarrechena deslizándose con rapidez por entre los zagueros, y colocando el balón en la red, de un chut muy bien guiado.

          Dos goals más obtienen los realistas uno obra de Echart y el otro de Poli.

          Cuando todos calculaban un resultado muy decisivo favorable para el equipo donostiarra, apretaron de firme los ingleses, decayeron los contrarios y se dejaban éstos ganar el partido por un goal de diferencia, cuatro a tres.

          El equipo del “Malcolm” es un “once” que se nota está acostumbrado a jugar con equipos buenos, con los que se enfrenta en sus cruceros por todos los mares. Sabemos que ha vencido a muy buenos equipos, lo que nada nos extraña después de haberles visto jugar. Posee algunos jugadores muy notables, como el guardameta, que es el goalkeeper seleccionado del equipo de la Marina de guerra de su país; los dos backs, que son muy buenos; el centro medio que es notabilísimo y tres delanteros que juegan muy bien.

          La derrota del reserva de la Real tiene sus atenuantes, pues el guardameta tuvo una tarde desgraciada y la mala suerte influyó también en el resultado. Practicó el equipo un buen juego combinado; pero es cierto que algunos jugadores abusaron del juego individual lo cual debe el entrenador corregir, no consentirlo, pues con ello en vez de progresar se retrocede en juego.

          Los zagueros actuaron con acierto, pues es menester considerar que la línea media no marcó lo debidamente. De los delanteros, Campos, Ubarrechena y Echart. Entre los delanteros debutaba ayer un nuevo jugador. Ubarrechena, quien demostró poseer cuantas buenas cualidades se precisan para llegar a ser un buen delantero. Sólo requiere constancia y práctica para adquirir el entrenamiento y aguante que le falta.

          La nota saliente de este partido la dieron los compañeros del equipo de la tripulación del “Malcolm”, que animaban a los suyos con voces de “go en Jhony”, “get into him”, “Go on Malcolm’s”, que traducido al castellano quiere decir “Anda Juancho”, “éntrale”, “adelante Malcolm”. Fue un partido interesante y muy divertido.

J.A. BERRAONDO

LA CONSTANCIA. 30 DE SEPTIEMBRE (Pág. 1)

NOTAS DE LA ALCALDÍA

El donativo de la reina

          El alcalde señor Prado recibió ayer un atento besalamano del marqués de la Torrecilla (13), mayordomo mayor de Palacio, acompañando un donativo de mil pesetas que ha dejado S.M. la Reina doña Victoria, a beneficio de los pobres de esta ciudad.

Una gratificación

          La soberana envió también una gratificación de cien pesetas para los tres cocheros que condujeron a las reinas, príncipe e infante hasta el cementerio de los ingleses.

Gratitud de los ingleses

          Al recibir el señor Prado ayer a mediodía a los periodistas, manifestó que el comandante y oficialidad del buque inglés “Malcom” le había encargado expresara al pueblo de San Sebastián su gratitud por las atenciones que han recibido durante su estancia en esta capital.

Almuerzo a bordo

          El alcalde señor Prado almorzó ayer a bordo del crucero “Reina Victoria Eugenia” invitado por el comandante del buque.

LA VOZ DE GUIPÚZCOA. 1 DE OCTUBRE (Pág. 8)

EN EL GOBIERNO CIVIL

EL GENERAL HABLA DEL ÉXITO DE LA CEREMONIA DE URGULL

          Ayer recibió en su despacho a los periodistas el señor Arzadun, quien se mostró satisfechísimo del éxito que tuvo la fiesta que el domingo pasado se celebró en el monte Urgull, para inaugurar las obras que se hicieron en el cementerio de los ingleses, y rindió tributo de admiración y respeto a los restos que allí se guardan, del ejército inglés, defensor de la ciudad en 1813. (14)

          Todo estuvo a pedir de boca, como suele decirse; el tiempo, el sitio, la presencia de las reales personas, hasta los detalles más nimios y aún los improvisados, parecieron conjurarse en favor de la esplendidez de la fiesta. Así decía el general Arzadun, detallando hechos y haciendo referencia a coincidencias que le hizo observar el sabio historiador de la Universidad de Oxford, Sir c. Oman.

          “La figura de la reina Victoria –siguió diciendo el general- al descubrir la lápida conmemorativa, sola la reina entre las dos banderas inglesa y española, siendo ella inglesa de nacimiento y española a su vez como reina, encerraba un simbolismo grande para ambas naciones.

          Los restos del monumento derruido que se elevaba en el parque de Alderdi-Eder, fueron llevados allí con gran acierto, pudiendo observarse detalles de indumentaria en las figuras d aquellos alto-relieves, que acusan un detenido estudio de su autor, como es la distinción de las clases militares y el empleo tan diferente que en aquella época se daba al tricornio y al clásico morión”.

          Al oír ponderar el acierto de haber llevado allí los restos del monumento derribado, no pudimos menos de recordar que esa iniciativa se debe, en primer término, a nuestro compañero de redacción, Eduardo Lagarde (15), que fue quien lo indicó así, cuando se hizo el despiece del monumento.

          El general siguió hablando del brillante acto del Urgull, del desfile de las tropas de las dos naciones, con sus respectivas enseñas y de lo agradecidos que han marchado los marinos del “Malcom” y los representantes ingleses, de los agasajos, trato y consideraciones que para con ellos han tenido las autoridades y el pueblo de San Sebastián, del cual guardan un imborrable y gratísimo recuerdo.

EL PUEBLO VASCO. 1 DE OCTUBRE (Pág. 4)

EL CEMENTERIO DEL URGULL

LA TUMBA DEL COMANDANTE MAYOR DON PEDRO JOSÉ BERASALUCE

          Días pasados hablábamos de una tumba del Urgull, cuyos restos no estaban identificados.

          Don José Berasaluce nos ha visitado, recordando dicha alusión y para aclarar nuestra reseña de ayer; pues se trata de su padre, don Pedro José Berasaluce, comandante mayor que fue de la plaza y gobernador del Castillo de la Mota, quien, después de una laureada vida militar, falleció por accidente cerca del Cementerio de los Ingleses.

          Descansan sus restos en Polloe; pero una lápida y su escudo de armas, recordaban en el Urgull el triste suceso de su muerte. Esta lápida (varias veces robada y otras tantas sustituida por su descendencia, que en el desvelo por el ascendiente  ilustre cuidó siempre la tumba, reparó la verja y plantó el árbol que aún subsiste) fue colocada por especial merced que Alfonso XII concedió en Betelu a la señora viuda de Berasaluce, quien, agradecida, regaló al Monarca la espada que lord Wellington diera al general Eguía y éste a su ayudante y fraternal amigo: don Pedro José Berasaluce.

          Queda complacido nuestro querido convecino.

 

 

 

 

 

 

(1)     Se suspendió al producirse un accidente durante la carrera. Un coche modelo Sunbean a más de 110 kilómetros por hora conducido por Lee Guinness volcó tras chocar contra el terraplén entre Urnieta y Andoain, muriendo al mecánico/copiloto Barret.

(2)     El general Juan de Arzadun Zabala. (Bermeo 1862 – Bermeo 1950)

Durante su carrera militar tuvo diversas desavenencias con Primo de Rivera, por lo que este le nombra  director de la Academia de Artillería.. Fue  gobernador civil y militar de Guipúzcoa, cargo que ostentaba en el momento de la ceremonia de inauguración de las obras del Cementerio. Estas son consecuencia de su labor por mejorar el entorno. Ese mismo año, 1924, por su entrega en el proyecto del cementerio, es nombrado Sir por Jorge V de Inglaterra.

Forma parte de la llamada "generación del 98", en la que destacó sobre todo con obras referentes a la historia del País Vasco y sus costumbres. Entre su círculo de amistades más íntimas contaba con personajes de la envergadura de Unamuno.

 

(3)     Veremos en todos los textos que se confunde continuamente la cronología de este cementerio, como consecuencia de la introducción en el campo santo de elementos e inscripciones referentes a la Guerra de Independencia, así como a los discursos y declaraciones que se realizaron durante los actos. Estos se elementos se colocaron durante las obras de reforma que sufrió para la ceremonia de 1924, y actualmente muchas fuentes siguen cometiendo el mismo error cronológico al hablar de enterramientos anteriores a la I Guerra Carlista.

La ceremonia sí quiso aunar las dos guerras y los caídos en ambas, pero de los muertos de 1813 no hay ningún indicio, ni documental ni arqueológico, que los sitúe como inhumados en este lugar.

(1)     El nombre correcto de este destructor es “Malcolm”, pero en los textos periodísticos veremos que se le bautiza continuamente con nombres como “Malcom”, “Melcom”, Melcolm”, “Malcome”, etc.

(2)     No se sabe actualmente nada de esta cañón regalado por el Museo de Artillería. A día de hoy se le ha perdido la pista completamente. No así el traído por el buque británico del cual hablaré en su capítulo correspondiente.

(3)     Sir Charles William Chadwick Oman (1860 – 1946)

Se trata de una de los grandes historiadores de la Guerra Peninsular, de la publicó varios títulos a principios del siglo XX. Muy reconocido en su tiempo, actualmente es bastante criticado por simplicidad de muchas de sus teorías, basadas principalmente en la superioridad del espíritu anglosajón.

(4)     El comandante D. León Carrasco Amilibia (1879 – 1936) fue uno de los encargados de coordinaran las luminarias que decoraron la bahía en cooperación con el pirotécnico vitoriano señor Lecea.

Este militar será asesinado a comienzo de la Guerra Civil en San Sebastián tras ser detenido y llevado al Palacio de la Diputación, como consecuencia de su ambigua actitud de apoyo a las fuerzas gubernamentales. Su cuerpo apareció cerca del puente de Hierro.

(5)     Fue el único familiar de uno de los militares enterrados en el cementerio presente en los actos.

(6)     Curioso error, ya que el apellido del Teniente General Lacy Evans era con “v”, y no “w”. Lo califico de curioso, al ser el apellido que se puede leer actualmente en la copia de la placa original, puesta tras su destrucción a finales del siglo XX, en la que el grabador cambió la grafía correcta por la “w”.

(7)     Hijo del Mariscal Gurrea, el oficial español enterrado en el cementerio de los ingleses.

(8)     D. Juan José Prado Ruiz de Gámiz (1882 – 1937), fue alcalde de San Sebastián los años 1924-1925 y 1930-1931. Simpatizante del partido maurista. Prisionero al estallar la rebelión militar, fue hecho prisionero y llevado a las prisiones de Bilbao, donde será fusilado sin juicio, acusado de traidor a la República, tras el asalto a la cárcel de los Ángeles Custodios el 4 de enero de 1937.

El año 1950 se nombró una calle con su nombre en el ensanche de Amara, pero en 1979 se cambió ese nombre por el de calle Azpeitia. Es uno de los personajes donostiarras que mereciéndolo, actualmente no tienen reconocido su trabajo por nuestra ciudad con el simple nombre a una de nuestras calles.

(9)     No es nombrado en ninguno de los 92 testimonios de civiles donostiarras presentados por el Ayuntamiento en 1814. Sería un nuevo nombre a añadir a la lista de civiles asesinados por las tropas aliadas esa fatídica fecha de 1813 que en este acto se quiere ensalzar.

(10)  Andrés Avelino de Salabert y Arteaga (1864 – 1925). Duque de Ciudad Real, marqués de Torrecilla, conde de Aramayona, marqués de Navahermosa, vizconde de Linares, Grande de España y jefe superior de Palacio.

(11)  Grave error del cronista confundiendo la Guerra de Independencia y la I Guerra Carlista.

(12)  Eduardo Lagarde Aramburu (1884 – 1959). Arquitecto, dibujante, muy ligado a la ciudad de San Sebastián, donde junto a Aizpurua formó parte del grupo GU. Preso en Bilbao durante el comienzo de la Guerra Civil, logra salvar la vida. Entre los muchos ejemplos racionalistas, movimiento al que pertenecía, destaco la sombrerería Leclercq, sita en la calle Narrica de nuestra ciudad, único ejemplo puro y rompedor con su tiempo de un local comercial que ha perdurado hasta nuestros días.

 

6.- GALERÍA DE FOTOS DE LA CEREMONIA DE 1924

 

 

Fotografías: D. Pascual Marín, Fototeca de la Kutxa – Kutxa Fototeka.

 

  • Vista general del templete construido para situar a la familia real española durante los discursos programados. Estaba realizado enteramente con elementos vegetales.
    Se ve que la reina Victoria disponiéndose a subir las escaleras que dan acceso a la parte superior del monumento instalado en 1924, para descorrer la bandera de San Sebastián que escondía la inscripción del conjunto escultórico.

  • Momento lleno de solemnidad en que comienza a caer la bandera de San Sebastián, y comienzan a asomar los escudos de Gran Bretaña y de España que coronan la parte superior de la inscripción. Podemos ver a la reina Victoria Eugenia de espaldas, y detrás de la garita el ros del general Arzadun.
    En esta instantánea se pueden apreciar los dos cañones pertenecientes a la Guerra de Independencia. El situado frente a la reina es el regalado por el Gobierno británico que llegó a nuestra ciudad a bordo del “Malcolm”. Del regalado por el Museo de Artillería española, del que sólo se ve la rueda de la cureña y la boca del cañón, actualmente se desconoce su paradero.

  • La familia real bajando del templete al camino sito en la explanada del cementerio para presenciar el desfile de las tropas. De espaldas el Marqués de Torrecilla recibiendo seguramente indicaciones de donde se tienen que situar los invitados reales.

  • La familia real española con las reinas Victoria Eugenia y María Cristina, el Príncipe de Asturias y su hermano el infante Don Jaime, presenciando el desfile de las tropas. Más a la derecha el general Arzadun con su inconfundible barba blanca y demás autoridades.

  • Diversas autoridades civiles y militares, preparadas para presenciar el desfile. Destaca por su cabello blanco y la ropa de la Universidad de Oxford, hacia mitad de la línea, sir Charles Oman. Según nos desplazamos hacia la izquierda vemos al general Arzadun para terminar con la familia real española.

  • Autoridades civiles y militares, tanto de tierra como de marina, formando frente a las reinas y príncipes españoles, para presenciar el paso de las tropas.

  • Se puede ver el paso del escuadrón de marinería del HMS “Malcolm”, tras el oficial, se ve un gaitero con su instrumento musical.

  • Escuadrón de marinería del crucero español “Reina Victoria Eugenia” desfilando justo delante de nuestras reinas.

  • Tras el desfile, mientras las tropas regresaban a su posición inicial, como se pueden ver al fondo, los invitados pudieron pasear por entre las tumbas del cementerio.
    En esta instantánea vemos en primer lugar al Marqués de Torrecilla, mayordomo del Palacio Real, seguido por la reina Victoria Eugenia, el Príncipe de Asturias, la reina María Cristina tocada con un sombrero oscuro, el infante Don Jaime y el alcalde de San Sebastián señor Prado.

La familia real leyendo la actualmente desaparecida lápida de la tumba de Sara y de su hija María Matilde, de 22 meses de edad. De derecha a izquierda, el general Arzadun, el marqués de Torrecilla, la reina Victoria Eugenia, los dos roses del príncipe y del infante. La reina María Cristina de oscuro, y el alcalde de San Sebastián señor Prado.

7.- EL CEMENTERIO (1980 – 2020)

          Una vez terminada la ceremonia, el cementerio quedó relegado a un segundo plano, quedando al poco tiempo nuevamente en estado de total abandono, sufriendo la desaparición de algunas inscripciones, y el ocultamiento y consiguiente olvido de otras, aún hoy existentes, a consecuencia de movimientos de rocas y desprendimientos. Esta situación se mantiene hasta 1963, cuando en la celebración del 150 aniversario de 1813, se procede a una nueva restauración a fondo del mismo.

          Finalizada la conmemoración de los 150 años de la quema de la ciudad, que repito nada tiene que ver con los enterramientos de este lugar, pasa nuevamente al olvido, hasta que en 1987 y en 1993, varias tumbas sufren una violencia incontrolada e irracional.

          La proliferación en el monte Urgull de una serie de mal llamadas “tribus urbanas”, con ideologías socialmente marginales, y la falta de una adecuada vigilancia del entorno, ocasiona que el conjunto del cementerio sufra varios ataques. La primera tumba en experimentarlos fue la de Sara y María Matilde, que en la década de 1980 pasa, desgraciadamente, a ser un enterramiento anónimo. La lápida con la inscripción que esta contenía es hecha añicos. No se limitaron a fracturarla y arrancarla, la destrozaron a conciencia. Increíblemente, treinta años después, pese a varias peticiones en prensa, el Ayuntamiento de San Sebastián y las diversas instituciones culturales que nos rodean, siguen sin mostrar ningún interés en reponer la lápida.

          En otra ocasión intentaron profanar las tumbas de Tupper y de Oliver de Lancey, en busca de no se sabe que restos. La que más daños sufrió fue esta última, a la que removieron todas las losas situadas a ras del suelo, como se puede observar en la fotografía del Diario Vasco que ilustra el artículo denuncia.

          Y el peor, más salvaje, e irracional de todos los ataques, fue el que sufrió el mausoleo del mariscal Gurrea. No se limitaron únicamente a derribarlo, sino que además se ensañaron con su lápida de mármol, que hicieron pedazos, y machacaron a golpes el relieve en el que aparece el militar a caballo sobre un puente.

          Denuncié todos estos hechos en la prensa, y afortunadamente se procedió a una restauración parcial de lo destrozado. Digo parcial, ya que como he mencionado antes, la lápida de Sara nunca ha sido repuesta a pesar de que se conoce perfectamente el texto que contenía.

          La situación actual del conjunto en el año 2020, fecha dela elaboración de este trabajo, es muy preocupante.

          Al abandono al que está condenado nuevamente por parte del nuestras instituciones, al que hay que sumar algunos nuevos ataques, hacen peligrar su conservación para las generaciones futuras. El último de estos actos vandálicos, ocurrido el año 2020,  ha sido el ataque con cemento a la inscripción que descubrió la reina Victoria Eugenia en 1924. Una inscripción que ya había sufrido con anterioridad pintadas y el lanzamiento de pintura.

8.- PLANO DEL CEMENTERIO

          Mapa del Cementerio de los Ingleses con la situación de sus diferentes monumentos.

          En azul las tumbas y monolitos funerarios existentes. En blanco las lápidas y monumentos con diferentes inscripciones, y en rojo las desaparecidas.

9.- TUMBAS MAYORES

9.1.- SARA Y MARÍA MATILDE (1836 – 1837)

          En esta tumba descansa Sara y su hija de corta edad, que llegaron a nuestro país siguiendo los pasos de su amado esposo, John Callender, médico cirujano, Inspector General de los Hospitales de la Legión, en la que se alistó el 4 de Agosto de 1835, sin pensar que reposarían en esta tierra extranjera para la eternidad. Sara falleció en San Sebastián el 31 de Mayo de 1837. Su hija, María Matilde había fallecido con anterioridad en la ciudad de Santander a la temprana edad de 22 meses.

          John Callander fue condecorado con la Real Orden de San Fernando de 1ª clase. (1)

          La tumba original no tenía a su alrededor verja, siendo esta incorporada al mausoleo aproximadamente a mediados del s.XIX. Tras una restauración del conjunto, no es la original.

          A consecuencia de uno de los ataques sufridos en 1993 por este conjunto histórico, la tumba perdió su inscripción en lápida de mármol. No ha restaurada hasta el momento por las autoridades municipales.

En ella se podía leer: (2)

SACRED TO THE MEMORY OF

SARAH, THE BELOVED AND AFFECTIONATE WIFE OF JOHN CALLANDER, ESQr

CHIEF SURGEON IN HER BRITANNIC MAJESTY’S SERVICE, AND LATE INSPECTOR GENERAL OF HOSPITALS

WHO DIED AT SAN SEBASTIAN MAY 31st, 1837, AGED 32 YEARS

ALSO OF MARY MATILDA, THEIR INFANT DAUGHTER

WHO DIED AT SANTANDER JANUARY 19th

---oo0oo---

A LA SAGRADA MEMORIA DE SARA LA AMADA Y QUERIDA ESPOSA DE Dn JUAN CALLANDAR

PRIMER CIRUJANO DE EXERCITO AL SERVICIO DE S.M. BRITANICA

Y INSPECTOR GENERAL DE LOS HOSPITALES B.A.L.

LA CUAL FALLECIO EN SN SEBASTIAN EN 31 DE MAYO DE 1837, A LA EDAD DE 32 AÑOS

ASÍ MISMO AQUÍ YACE MARÍA MATILDE

SU QUERIDA HIJA QUE FALLECIO EN SANTANDER A 19 DE ENERO DE 1836 A LA CORTA EDAD DE 22 MESES

          Es curioso que esta tumba, ahora anónima, haya despertado tanto la imaginación y ternura de los donostiarras y visitantes cuando teníamos la oportunidad de poder leer la inscripción de la lápida. Por este motivo, no es de extrañar que algunas veces se encontrase sobre ella un marchito ramo de flores, hecho recogido por D. Manuel Celaya en el Boletín de Información Municipal de 1962. Lamentamos que esto ya no ocurra, pero comprendemos que el visitante, o nuestras nuevas generaciones, desconocen la romántica y triste historia que estas desvencijadas piedras esconden en su interior, como consecuencia de la dejadez y la falta de cuidados.

          En la base de esta tumba, exactamente en la esquina derecha mirándola de frente, aparece una lápida de arenisca, utilizada seguramente para completar el suelo del monumento con motivo de la reinauguración del cementerio en 1924. Existe la posibilidad de que este fragmento de arenisca perteneciera a un antiguo mausoleo levantado en Aitz Errota tras el asedio de la Guerra de Independencia, junto a la zona conocida como Pintoré. Podría tratarse de un resto de la tumba original de los oficiales del Real Cuerpo de Ingenieros muertos en 1813, o de un monumento en su memoria, contemporáneo a los hechos, erigido por sus compañeros de armas. Desapareció durante los últimos años de la I Guerra Carlista, seguramente destrozado por las tropas que asediaban nuestra ciudad, aunque aparece en alguno de los paisajes dibujado por los oficiales de la L.A.B.  (3)

          Sobre la existencia o no de una sepultura donde reposa Sir Richard Fletcher en nuestro cementerio, tengo que decir de manera taxativa, que no hay ningún indicio que atestigüe este hecho. La existencia de este fragmento de arenisca con los nombres de los Ingenieros Reales muertos en 1813 Fletcher, Collier, Rhodes y Machel, junto a otra en mármol que comentaré en el apartado lápidas, han originado una gran confusión sobre la antigüedad de los enterramientos de este lugar. Pero insisto, en que son solamente muestras de respeto y recuerdo de compañeros de armas. No hay ninguna tumba actualmente localizada que indique enterramientos anteriores al año 1813.

          El estado actual de la tumba de Sara precisa una urgente reparación.

          Los ataques sufridos por el conjunto del cementerio a finales de la década de los noventa, dejaron esta sepultura sin la placa de mármol donde se leía la identidad de las personas enterradas en la misma. A esto hay que sumar los daños ocasionados por el movimiento de tierras, que desnivelaron el conjunto ocasionando una gran grieta.

          Afortunadamente, en la restauración parcial realizada por Aranzadi en 2013 se consolidó el conjunto con su verja, y se procedió a tapar las grietas y fisuras. Lamentablemente no la lápida de mármol.

           En su interior no se conserva ningún resto como consecuencia del paso de los años y la humedad del entorno. Este hecho se constató cuando se procedió a consolidar la sepultura, agrietada por la inclinación del terreno, el año 2013 (4).

(1)     British Auxiliary Legion of Spain. Army List, 1st. February, 1836.

(2)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

(3)     Grabado realizado por el Coronel Claudius S.Shaw en 1836

(4)     Estado de la tumba durante su restauración del año 2013.

Foto del interior de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

9.2.- CORONEL OLIVER DE LANCEY (15 de Marzo 1837)

          Alistado el 4 de Julio de 1835 y destinado como Coronel del 8º Regimiento de la L.A.B. el 11 de Julio de 1835, es calificado en la obra de Somerville como uno de los mejores oficiales de la Legión. La familia De Lancey, originaria de la región de Normandía, se asentó como consecuencia de las persecuciones religiosas contra los hugonotes en los territorios británicos de América del Norte, donde prosperaron comercialmente hasta la independencia de las colonias.

          Pertenecía a una familia con larga tradición militar, destacaron sobre todo en la Guerra de Independencia Americana defendiendo los derechos del Rey George. Su abuelo Oliver de Lancey I, fue Brigadier General. Su padre, Oliver de Lancey II fue General, y tras la independencia de las colonias regresó a Europa. Tras una investigación por desvío de fondos y otras irregularidades, paso a un segundo plano, retirándose a Edimburgo, ciudad donde falleció en 1822. (1)

         Era primo del Coronel Guillermo L. M. Tupper del 6º de Granaderos Escoceses, que descansa en la tumba de al lado.

          Oliver de Lancey nació en la pequeña isla de Guernsey el año 1803. Sus padres, ricos comerciantes de la isla, fueron John, nacido en Nueva York, y Caroline Carey, quienes tuvieron tres hijos, de entre los que nuestro protagonista era el segundo. (2)

          El 30 de Marzo de 1818 ingresó como Teniente 2º en el 60º Regimiento de Rifles, unidad originariamente creada en las colonias americanas, donde había servido con anterioridad su padre. Con esta unidad estuvo en su 3º Batallón, destinado en la India ese mismo año, y en Isla Mauricio. Fue ascendido a Teniente 1º el 17 de Junio de 1821, para finalmente ser destinado como Ayudante de Campo en el Estado Mayor del General Sir Charles Colville, Comandante de Bombay, donde recibió un nuevo ascenso el 7 de Agosto de 1829, esta vez a Capitán. (3)

 

          El 60º Regimiento recibió orden de regresar a la metrópoli el año 1832, aunque durante su viaje de vuelta a casa estuvo destinado un tiempo en la base británica de Gibraltar. Durante su estancia en esa colonia aprendió español, y se interesó por los asuntos políticos españoles. (4)

          Al crearse la Legión Auxiliar Británica en 1835, se alistó el 4 de Julio, junto a su primo W. Tupper, seguramente, al igual que él, cansado de la inactividad cuartelera, e influenciado por las ideas románticas y liberales que predominaban entre la alta sociedad británica de esos años. (5)

          Dentro de la Legión se le dio el cargo de Ayudante Adjunto General dentro del Staff de su Estado Mayor. Precisamente otro familiar suyo, John Gaspard Le Marchand era el titular de esa plaza. Embarcó en el vapor “Earl of Lynedoch” (6), nombre con malos recuerdos para nuestra ciudad de San Sebastián, ironías de la historia, rumbo a Santander en Julio de 1835, donde arribaron con bastante retraso tras un accidentado viaje en el que a punto estuvieron de naufragar tras haber chocado, a consecuencia de la espesa niebla, contra los arrecifes de Ushant, en la Bretaña.

          Nada más pisar tierras españolas fue destinado a la plaza de San Sebastián.

          Su primer combate contra las tropas carlistas no tardó mucho en llegar, y se desarrolló en el mismo terreno que más tarde le costaría la vida, Oriamendi. Esta vez se trató de una expedición de reconocimiento, que tuvo que regresar a San Sebastián rápidamente tras la reorganización de las fuerzas carlistas después de la sorpresa inicial. En el libro de Órdenes Generales de la Legión dejó escritas sus impresiones del combate, en las que aventuraba la necesidad de un cambio táctico, ya que las tropas carlistas eran más de emboscadas y escaramuzas, apuntando que la adopción de las técnicas de la infantería ligera serían las más apropiadas. (7)

          El 17 de Diciembre de 1835 abandona la ciudad de San Sebastián junto al Coronel Greville para cumplir con las misiones inherentes a su cargo en Santander. Estas consistían en organizar el hospital y cuartel de la Legión, levantado en el Convento de Monte Corbán, donde se encontraban más de mil soldados británicos enfermos o heridos, en una calamitosa situación de abandono, al no haber podido acompañar a sus unidades en su viaje a Vitoria.

          Tras su exitosa misión, fue condecorado con la Cruz de la Orden de San Fernando.

          Durante esos días la situación de la futura capital guipuzcoana se complicaba ante la creciente presión del bloqueo carlista. De Lancey fue uno de los responsables encargados para organizar junto al Mayor Coronel Greville, de manera apremiante, un contingente militar en ayuda de la futura capital de Guipúzcoa. Esta expedición, mandada por el mismísimo Teniente General Evans, partió en los vapores “Isabel II” y “Reina Gobernadora” hacia San Sebastián, y De Lancey fue uno de sus integrantes.

          Desembarcó en la ciudad el 23 de Abril de 1836.

          Tras la batalla del 5 de Mayo de 1836 por los Altos de Ayete, en la que la victoria se decantó a favor de los Británicos a pesar de unas terribles pérdidas, entre las que se encontraba su primo, el Coronel W. Tupper, embarcó rumbo a Gran Bretaña junto al Teniente General Evans, regresando el 20 de Mayo en el vapor “Salamander”.

          Participó en los combates de Pasajes y de Hondarribia, y tuvo un papel muy activo intentando solucionar los problemas de los retrasos en las pagas a las unidades británicas, para lo cual viajó a Madrid el 18 de Agosto de 1836. Nuevamente parece que su misión y diplomacia dieron sus frutos, haciéndose incluso amigo del Ministro Argüelles (8). Otro gran problema con el que tuvo que mediar, fue el deseo de abandonar la Legión al primer  año de servicio de muchos oficiales, en lugar de a los dos comprometidos originalmente.

          El ataque carlista del 1 de Octubre de 1836 contra las tropas cristinas posicionadas en Alza fue durísimo para ambos bandos. De Lancey es mencionado por su distinguida acción y valor demostrado por el propio Teniente General Evans, quien resultó herido.

          En marzo de 1837, la ofensiva de las tropas hispano-británicas contra Hernani, inicialmente exitosa, se convertirá en un total desastre tras la inesperada llegada de las tropas carlistas de reserva al mando del Infante Sebastián. De Lancey, al mando del 1º Regimiento de Rifles, se encontraba despachando junto al General Fitzgerald cuando recibió, igual que lo ocurrido a su primo Tupper un año antes, el impacto de una bala de mosquete en la cabeza. (9)

          Cayó mortalmente herido en la batalla de Oriamendi el 15 de Marzo de 1837.

          Trasladado en estado crítico a San Sebastián, con un proyectil alojado en la cabeza que no pudo ser extraído, fallecerá una semana después, el 22 de Marzo de 1837. Es casi seguro que también permaneciera ingresado en el Hospital Militar de la Legión del antiguo Convento de San Telmo.

          Su entierro, fue encabezado por su primo John Gaspard Le Marchand, y al igual que cuando se enterró a W. Tupper revistió una solemnidad enorme. Fue descrito minuciosamente en la crónica del “The Times”. (10)

          “Ayer, pese a la recia galerna desatada desde el oeste y la lluvia que caía torrencialmente, la numerosa concurrencia a la procesión funeral del muy lamentado Coronel De Lancey emprendió, abatida, su triste camino de ascenso hacia la parte más escarpada del monte del castillo hasta el lugar donde, como le había confesado el propio finado a un amigo, sólo unos días antes del 15 de Marzo, deseaba ser enterrado en caso de que su destino fuera caer en el campo de batalla.

          Su regimiento, el 1º, encabezaba la comitiva en posición de brazos caídos, portando los fusiles entre codos y cuerpo. El ataúd, precedido de una magnífica banda de música que interpretaba una solemne marcha fúnebre, fue seguido por el General Evans, Lord John Hay, el Coronel Wylde, oficiales españoles e al to rango, todos los oficiales de la Legión Auxiliar Británica que no estaban de servicio y por todos los civiles, tanto ingleses como españoles, que habían tenido la fortuna de conocer y estimar al fallecido.

          El servicio religioso del funeral fue leído por el Reverendo Mr. Farr, clérigo de la iglesia de Inglaterra que se encuentra de visita al General Evans. Mientras la tumba se cerraba para siempre sobre los restos del Coronel De Lancey, no hubo uno sólo de los asistentes entre los que permanecían alrededor que no desear la paz eterna al gallardo espíritu que alentó sus restos mortales.”

          Su testamento fue abierto y legalizado un año después en Londres, y en él dejaba todas sus pertenencias a sus hermanos Peter y Caroline, por partes iguales, y todo lo heredado en cada una de las partes, pasará al hermano que sobreviva de los dos, que en este caso fue Caroline. (11)

          La familia De Lancey ya había formado antes parte de la historia de San Sebastián. William Howe De Lancey, primo del padre de nuestro Coronel, fue un oficial del Estado Mayor del ejército aliado al mando de Lord Wellington, y firmante de la capitulación de los defensores franceses de nuestra ciudad el año 1813. Posteriormente fallecería en la famosa batalla de Waterloo.

          El estado actual de la sepultura es muy malo, ya que al deterioro de las inscripciones, cada vez menos legibles, hay que añadir que en las anteriores restauraciones nunca se procedió, no entiendo el porqué, ni a la limpieza de la piedra, ni a la colocación de la cruz que originalmente coronaba el monolito. Esa cruz se puede ver en la fotografía existente de la visita de los familiares de W. Tupper a mediados de 1860, y ya no vuelve a aparecer en ningún otro documento gráfico, incluidas las fotografías de la inauguración del cementerio de 1924.

          La inscripción dice: (12)

SACRED TO THE MEMORY OF

COLONEL

OLIVER DE LANCEY

KNIGHT OF St. FERDINAND

DEPty ADJUTANT GENERAL

BRITISH A. LEGION

WHO fell in THE MOMENT OF VICTORY

ON THE HEIGHTS OF HERNANI

15th MARCH 1837. R.I.P.

----oO0oO----

A LA SAGRADA MEMORIA DEL

CORONEL OLIVER DE LANCEY,

CABALLERO DE LA ORDEN

MILITAR DE SAN FERNANDO

DEPUTADO AYUDANTE GENERAL

DE LA LEGION BRITANICA

QUE CAYÓ HERIDO MORTALMENTE

EN EL MOMENTO DE LA VICTORIA

EN LAS ALTURAS DE HERNANI

EL 15 DE MARZO DE 1837 – R.I.P.

          No deja de ser irónico que se lea “en el momento de la victoria”, cuando en realidad fue una catástrofe para las armas cristinas.

(1)     SABINE, LORENZO. “Biographical Shetches of Loyalistes of the American Revolution with and Historical Essay”. Vol. I. Pág. 366.

(2)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián”. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.   Pág. 12.

(3)     STEPHENS, HENRY MORSE. “Dictionary of National Biography, 1885 – 1900”. Vol. 14

(4)     Ibiden.

(5)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián”. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018. Pág. 26.

(6)     El Teniente General Sir Thomas Graham, máximo responsable del saqueo, incendio y casi total destrucción de San Sebastián fue recompensado por su actuación durante la Guerra de Independencia con el título de Barón de Lynedoch.

(7)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.   Pág. 35.

(8)     URBAN, SILVANUS. “The Gentleman’s Magazine”. Vol. VII. 1837. January to June, inclusive. London. 1837. Pág. 545.

(9)     Cromolitografía publicada el año 1890 por Felipe González Rojas, que representa el momento en que es herido de muerte el Coronel Oliver de Lancey.

(10)  PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.  Pág. 67.

(11)  Ibidem. Pág. 80.

(12)  DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

9.3.- CORONEL WILLIAM le MESURIER TUPPER (5 de Mayo 1836) 

          Primo hermano del anterior, William Tupper  era Teniente Coronel al mando del 6º Regimiento de escoceses de la Legión Auxiliar Británica.

          Nacido el año 1804 en la isla de Guernsey, vivió en la mansión de su acomodada familia. Inició sus estudios de infancia en el elitista Elisabeth College de Guernsey, igual que su primo Oliver de Lancey.

          En Septiembre de 1823 se incorporó como Teniente 2º en el 23º Regimiento de Infantería de Línea británico (1), también conocido como Royal Welsh Fusiliers, con base en Gibraltar. En 1826 compró nuevamente un ascenso, esta vez a Capitán en el mismo regimiento.

          Los problemas dinásticos en el vecino reino de Portugal, con la usurpación de la corona por parte del pretendiente absolutista Miguel, propiciaron la intervención de un cuerpo expedicionario británico el año 1827 en el que participó Tupper con su regimiento.

Shakó perteneciente a William Tupper, conservado en el Museo Castle Cornet.Guernsey (2).

          Tras regresar a la base gibraltareña al finalizar la aventura portuguesa, en agosto de 1828 se desató una terrible epidemia entre las filas del regimiento. Se trataba del temida fiebre amarilla, que no pudo ser correctamente combatida por el oficial médico del regimiento, hecho que le costó un consejo de guerra. En esos duros momentos, W. Tupper destacó entre los oficiales al dedicarse a cuidar personalmente de los hombres de su unidad infectados, una auténtica temeridad, sin miedo alguno a convertirse en una víctima más.

          Desde la colonia de Gibraltar, se apoyaba de manera más o menos encubierta a los españoles seguidores de las ideas liberales, perseguidas en España por el absolutismo de Fernando VII, y por supuesto, se mostraba también gran simpatía por los independentistas americanos, en plena guerra contra la metrópoli española. En una ocasión un buque corsario colombiano se refugió en aguas gibraltareñas a consecuencia de una galerna. Enteradas las autoridades españolas, comenzaron a bombardearlo de inmediato. El entonces Capitán Tupper, junto a otros miembros del 23º, se embarcó en un bote para salvar a la tripulación bajo un intenso fuego de mosquetes. (3)

          Se alistó en la Legión Auxiliar Británica el 4 de Julio de 1835, casi seguro junto a su primo Oliver de Lancey (4), tal vez llamado por la aventura, tal vez por el ascenso a Teniente Coronel y el consiguiente mando de uno de los regimientos, el 6º de Infantería escocés. No hay duda de que se trataba de un militar amante de la acción, y seguramente la inactividad de los cuarteles, tal y como apunta en su libro Francisco de Paula, le resultara insoportable.

          Nada más llegar a la Península, fue enviado con su regimiento a Portugalete, y el 11 de Septiembre de 1835 tuvieron su primer bautismo de fuego en la acción de Arrigorriaga. Precisamente es en esta acción donde resultará herido en una pierna, con el resultado de ser apartado del servicio, un hasta entonces anónimo soldado carlista, el famoso bardo Iparraguirre. Esta herida le ocasionó para el resto de su vida una molesta cojera. (5)

          Ese mismo mes de Septiembre, como oficial al mando del regimiento, recibió un curioso desafío por parte de las tropas carlistas, en el que se proponían un enfrentamiento singular. Mil quinientos hombres de cada bando lucharían sin ningún tipo de ayuda exterior, hasta la total aniquilación de una de las partes. Tupper contestó que no aceptaba desafíos de gentes que solamente sabían luchar mediante emboscadas, pero que en campo abierto, estaría dispuesto a enfrentar a su regimiento, compuesto por unos seiscientos hombres, contra mil de los carlistas. El desafío no fue aceptado. (6)

          El 6º de Granaderos Escoceses fue movilizado y se unió a la marcha de la Legión hacia Vitoria. Una dura marcha, y un peor destino, en el que la falta de alojamientos adecuados, y una terrible epidemia de tifus, harán que las tropas británicas sean diezmadas lentamente.

          Otra curiosa anécdota con nuestro coronel como protagonista, ocurrió durante esa marcha realizada por la Legión  desde el 31 Octubre 1835 al 3 de Diciembre del mismo año, finalizada tras su llegada a Vitoria. Cuando aún se encontraban en terrenos colindantes con las levantiscas provincias vascas, Henry Wilkinson, cirujano de la Legión, acudió al Teniente Coronel Tupper para informarle de la existencia de una joven a punto de dar a luz, y que sin la ayuda de uno de nuestros cirujanos corría gran peligro su vida y la de su bebé. Adjudicó el coronel una escolta de treinta hombres para que el señor Jenner, cirujano ayudante del 6º Regimiento de Granaderos Escoceses la atendiera correctamente. Esta medida era algo peligrosa, ya que el grupo se quedaría rezagado del principal cuerpo, en la retaguardia, muy expuesto a un ataque enemigo. Afortunadamente, las tierras en que se desarrollaron los hechos aquí narrados, no eran totalmente favorables a la causa carlista, por lo que todo transcurrió con normalidad. La muchacha, de diez y siete años de edad, dio a luz a una niña preciosa. El señor Jenner ofició como padrino en su bautizo, siendo llamada la niña Isabel Medina de Pomar Berry (puede que haya adoptado como nombre el de la población donde vio por primera vez la luz, Medina de Pomar). (7)

          La situación en la capital alavesa fue cada vez más insostenible. Se llegó a calificar a Vitoria como la “ciudad de la muerte”. El Teniente General Evans, ante el cariz que tomaban los acontecimientos en cuanto a higiene, alojamientos y suministros, negoció la salida de la Legión hacia la costa, donde podría operar con el apoyo de la Armada Británica del Comodoro Sir John Hay, por lo que comenzó su repliegue hacia Santander. Siguiendo estas nuevas órdenes, la “Brigada Ligera”, de la que formaba parte el 6º de Escoceses de Tupper, partió el 12 de Abril de 1836 de Vitoria. El trayecto hacia la capital santanderina sólo duró ocho días.

          La situación de la actual capital guipuzcoana era terrible. Se encontraba sitiada por las tropas carlistas, y sometida a un continuo fuego de artillería. En cualquier momento se temía su caída en manos del pretendiente. Se destinó urgentemente a la Legión para reforzar la ciudad e intentar levantar el asedio. La víspera, antes de zarpar hacia el puerto donostiarra, los oficiales celebraron una cena en Santander, donde coincidieron Tupper y su primo de Lancey,

          Embarcados en los vapores “Isabel II” y “Reina Gobernadora”, W. Tupper llega a San Sebastián el 23 de Abril de 1836.

          Nada más llegar a Donostia, fue ascendido al rango de Coronel, asumiendo el mando de la Brigada Ligera, ya que su titular, el General Reid (8), se encontraba enfermo. La necesidad de un buen oficial al mando de la unidad era acuciante, ya que se preparaba una gran acción militar para el 5 de Mayo, fecha elegida por las tropas hispano-británicas para intentar romper el bloqueo terrestre, atacando directamente las trincheras enemigas de los altos de Ayete.

          La inminente lucha, su petición aceptada para encabezar el ataque con su regimiento, y sus siempre presentes malos augurios, hicieron que testara el 4 de Mayo en San Sebastián.

          La madrugada del 5 de Mayo, unos 6.500 hombres, organizados en tres columnas, se acercaron sigilosamente a las líneas carlistas. Una vez detectados los chapelgorris, que encabezaban la marcha, comenzó la batalla por los Altos de Ayete. Fue una batalla encarnizada, en la que la llegada de dos vapores de guerra británicos, el “Salamander” y el “Phoenix”, decantó a favor de los liberales gracias a sus certeros disparos desde la bahía de La Concha. (9)

          Durante la batalla por el dominio de los altos de Ayete, tras asumir nuevamente el mando de la brigada al resultar herido en el cuello Reid, fue herido en un hombro, pero cubrió la herida con su capa para no desmoralizar a la tropa, siguiendo en la lucha durante dos horas más. Los regimientos de Zaragoza y Oviedo, los voluntarios de Guipúzcoa (Chapelgorris), la compañía movilizada de Guardias Nacionales, el 3° y 6 ° Regimientos de la L.A.B. y la Compañía de Rifles de la Legión penetraron por el centro de las líneas enemigas, apoderándose de varias casas fortificadas y del cañón enemigo que defendían esa parte de sus líneas. En este sitio exacto, una bandera de los carlistas izada en el centro de sus fortificaciones, indicando su intención de no dar cuartel, se convirtió en el premio de los Granaderos de Westminster (6º Regimiento), a las órdenes del Teniente Coronel Churchill. En ese lugar encontró la muerte el General carlista Sagastibelza. También en ese lugar el Coronel Tupper recibió su última y mortal herida. Una descarga de fusilería lo alcanzó en la cabeza, casi al final de los combates. Inmediatamente acudió a socorrerle el Mayor Malcolm Ross, al que pidió agua, y dijo que “no era nada” y que “podría continuar en unos minutos”, pero se desvaneció casi inmediatamente. (10)

          Estos hechos ocurrieron el 5 de Mayo de 1836.

          Trasladado en grave estado a San Sebastián, es casi seguro que fuese cuidado en el actual Museo de San Telmo, antiguo convento de la orden dominica, convertido en esas fechas en el principal Hospital Militar de la B.A.L. En ese hospital desarrolló gran parte de sus trabajos el Inspector General Adjunto de los Hospitales de la Legión Rutheford Alcock, aunque es casi seguro que este no pudiese atenderle, ya que también había resultado herido en los combates por Ayete. (11)

          Al examinar su cuerpo descubrieron que tenía dos contusiones, una en el hombro y otra en el costado, y que su schakó se encontraba perforado por un proyectil. No tuvo dolores continuos, aunque sufrió ocasionalmente un dolor intenso, especialmente por la contusión en el costado, y habló de su inminente muerte con la mayor compostura y fortaleza. El día antes de su fallecimiento llamó a su amigo, el general de brigada Le Marchant, a su cama, a quien le comentó que había dejado escritas sus últimas voluntades. William Tupper falleció a consecuencia de sus heridas el 13 de Mayo de 1835 a las dos de la tarde. (12)

          Tras su muerte se le practicó la autopsia, descubriendo los cirujanos un fragmento de metralla del tamaño de un guisante dentro del cerebro, introducido media pulgada, lo que también le provocó una fractura del cráneo (13). Todo el equipo médico se sorprendió que sobreviviera con esas heridas nada menos que ocho días (14).

          Tupper siempre había tenido un fuerte presentimiento de que su muerte sería en un combate. En sus conversaciones con los oficiales, tanto españoles como británicos, siempre comentaba este presentimiento, añadiendo que su deseo era morir en batalla (15).

          La batalla, aunque significó el primer gran triunfo para la Legión Auxiliar Británica, tuvo un coste enorme en muertos y heridos en comparación a las bajas carlistas, que protegidos por sus trincheras, sufrieron menos el mortífero fuego de los atacantes.

          El corresponsal del “Courier”, seguramente presente en las exequias fúnebres del Coronel, nos regala una detallada crónica de cómo se desarrolló el entierro.

          “Nada podría superar el serio y respetuoso comportamiento de la población de San Sebastián, alineada por las calles de la ciudad y hasta el lugar donde había caído y fue enterrado, deseosa de pagar su último tributo de respeto a los restos del gallardo soldado caído en su defensa en la primavera de su vida”

          El Brigadier General Reid fue el encargado de recitar “un hermoso servicio de funeral ante sus restos” (16).

          Tenemos la suerte de conocer gracias a esta crónica incluso el orden de la comitiva fúnebre:

Tte. Cor. Malcolm Ross

 

PELOTÓN DE FUSILEROS

BANDA MÚSICA

 

Caballo de W. Tupper

 

FÉRETRO

A hombros de

Cor. Colquhoun

Cor. Godfrey

Tte. Cor. Churchill

Cor. Ross

 

Brig. Gen. John-Gaspard Le Marchant

Inspect. Gen. Hosp. Dr. Culloden

Inspect. Gen. Hosp. Dr. Dicker

Sub Inspect. Gen. Hosp. Dr. R. Alcock

Sub Inspect. Gen. Hosp. Dr. Wilkinson

 

6º REG. GRANADEROS ESCOCESES

 

DESTACAMENTO ARTILLERÍA

 

OFICIALES BRITÁNICOS Y ESPAÑOLES

 

Tte. General George de Lacy Evans

Gobernador español

Exmo. Ayuntamiento de San Sebastián

Cor. Wylde

Comisionado de S.M. Británica

Cónsul de Francia

Capt. Henderson

Oficiales del HMS Phoenix

          Fue enterrado en el lugar donde cayó muerto, junto al caserío conocido como Santa Teresa, donde permanecieron sus restos aproximadamente un año. Posteriormente fue exhumado y nuevamente enterrado en su morada definitiva, situada en el Cementerio de los Ingleses de San Sebastián, aunque el panteón aún no tenía el aspecto que conocemos actualmente.

          El testamento de William Tupper dejaba la mitad de sus propiedades a su hija  Wilhelmina María, residente en ese momento en la colonia de Gibraltar, donde nació el 17 de Enero de 1834, justo antes de la marcha de su regimiento a Gran Bretaña. Tras el fallecimiento de su padre fue trasladada a Inglaterra para ser educada en el seno de su familia. El resto de sus bienes los dejaba a su sobrino Daniel William Tupper, hijo de su hermano Daniel. Es muy probable que la madre de esta niña hubiese fallecido antes de 1836. (17)

ON COLONEL TUPPER, (18)

Who was mortally wounded in the engagement at St. Sebastian, May 5, 1836.

Hark! the voice of Freedom resounds once more,

Appalling the tyrant of every shore;

But gladdening the hearts of the brave and free,

And rousing sweet Liberty's chivalry.

From the land of romance and of ladye-love,

From the land of the olive and citron grove,

Where the dark flashing eye of proud beauty darts

Irresistible love into noble hearts;—

From the land of the South and the glowing vine,

Loud rushes armed Liberty's voice divine !

Through sunny Hispania the summons flies

Till it spreads to the shores of her firm allies,

And Britannia's sons to their banners fly,

For freedom to conquer, for freedom to die!

And the call was soon heard through the isles of the sea

That proudly own Albion's sovereignty;

But in none did it wake such sympathy

As in Sarnia, the sweet little gem of the sea,

The loveliest jewel that ever was set

In imperial crown or coronet:

The Norman line, the true Norman blood

With Norman valour and hardihood,

Existed still in that blissful spot,

In the lordly mansion and lowly cot.

But one there was of that lovely isle

Who had ever bask'd in Fortune's smile ; –

Not a braver heart, not a nobler soul,

Could be found in the realms between either pole;

Not a knight in bold William the Conqueror's train,

When he vanquished the beautiful Queen of the main ;

Not Rollo the brave, with his warrior host,

Of a braver heart than his could boast.

And he, when Hispania's watch-word came,

Rushed forth to the war on the wings of fame :

Not for lucre did he his sweet home resign,

But to offer his sword at Liberty’s shrime;—

And though when he sped from his island strand

He presaged his death in the stranger's land—

Yet his dauntless bosom derided fear

As the bark bore him on to his bright career.

And of Scotia's sons an invincible band

Await the brave Sarnian chief’s command ; —

And soon the shrill clarion resounds to the fight,

And high beats the warrior's breast with delight ;

On, foremost, he rushes to beard the foe,

Lays many a serf of the tyrant low ;–

Though a voice had whispered his death should be

The costly price of the victory,

Yet too heedless of danger, too reckless of life,

He still dashes on through the heat of the strife!

With vengeful fury the foemen see

The hero's career of victory,

And maddened they aim the covert blow

That is destined to lay the brave conqueror low;

Yet he heeds not his wounds, though deadly they be,

For he hears the loud cry of glad victory !

The tyrant was vanquished—but, alas ! he had dealt

A blow by each heart of the legion felt,

O'er the bright sun of triumph a cloud was cast—

The Sarmian hero was breathing his last !

But in victory's arms he still lingered awhile

To wander in thought to his own native isle :

From his bosom escaped a parting sigh,

A tear-drop gushed from his closing eye

As he thought of the home of his childhood's hours,

Of its magic vales and its peaceful bowers,

Of the isle-gemm'd sea that engirt his home,

And the musical play of the pearly foam,_

Of the loving and loved that would mourn his fate,

Yet would proudly his deeds to their sons relate.

But, alas ! the vision recedes from his eye,

With the beautiful earth and the glorious sky—

Death darkens the scene—and the warrior's soul

Is calmly winged to its heavenly goal

But though he fell on a distant shore,

There are bosoms there who his loss deplore:

Soft pity bursts forth from the hearts and eyes

Of the warrior chiefs as the warrior dies :

And a noble train of the free and brave

Attended the chief to his foreign grave,

With glory's proud honours and laurels crowned,

To the muffled drums, and the trumpets' sound,

With solemn march and funereal gloom,

He was borne in sad pomp to his warrior-tomb;

And hearts that in battle faced death without fear,

Shed over the tomb of brave Tupper a tear.

                                                         J. D. PIERCEY.

 

En la fotografia, coloreada gracias a los programas informáticos, se puede ver, casi con toda probabilidad a Daniel-William Tupper y su hija. (19) Este sobrino del Coronel W. Tupper, fue uno de los beneficiados en su testamento. Esta curiosíma fotografía del año 1868 es fruto de una de las muchas colaboraciones de D.Gregorio Lacort en el Boletín de Información Municipal.

CONSAGRADO A LA MEMORIA DE

GUILLERMO L.M. TUPPER

CORONEL DEL 6º ESCOCESES B.A.L.

Y ANTES DEL REG. Nº 25 DE S.M.B.

QUIEN A LA CABEZA DE SU CUERPO

A LA TOMA DE AYETE

EL 5 DE MAYO DE 1836

CAYÓ HERIDO MORTALMENTE

A LOS 32 AÑOS DE EDAD

-----o0o-----

SACRED TO THE MEMORY OF

WHILIAM I.M. TUPPER

COLONEL OF THE 6º SCOTCH B.A.L.

AND LATE OF THE 23º R.W.E.

WHO AT THE HEAD OF HIS REGº

AT THE TAKING OF AYETE

ON THE 5 OF MAY 1836

FELL MORTALLY WOUNDED

AT 32 YEARS OF AGE

 

 

(1)        Este regimiento participó en los trágicos acontecimientos sufridos por nuestra ciudad el 31 de Agosto de 1813, con un destacamento de unos 30 voluntarios, que acudieron a la llamada de Wellington para reforzar el asalto a las brechas, tras el fracasado asalto del 25 de Julio.

(2)        OWEN, BRIAN R. “Shako of Colonel William le Mesurier tupper, 6th. Scots Grenadiers, 1836”. Journal of the Society for Army Historical Research. 2000. Pág. 77 a 80.

(3)        PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.   Pág. 22.

(4)        Ibidem. Pág. 26.

(5)        Ibidem. Pág. 29.

(6)        RICHARDSON, JOHN. “Movements of the British Legion”. Londres, 1837, Pág. 19 & 20.

(7)        WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 128 & 129.

(8)        William Reid. (1791 - 1858).

Veterano de la campaña peninsular de Lord Wellington, como oficial del Real Cuerpo de Ingenieros, estuvo presente en el asedio de Ciudad Rodrigo, de Salamanca, en la Batalla de Vitoria y en el asedio de San Sebastián de 1813, en el que resultó herido por una disparo en el cuello durante el fallido asalto a las brechas del 25 de Julio. Fue uno de los dos oficiales que se internaron por el acueducto subterráneo de San Sebastián, donde se preparó una mina contra el hornabeque de San Carlos.

Posteriormente participará en el paso del Adour, Nivelle, Nive y Toulouse. Tras finalizar la Guerra contra el Imperio francés, es destinado en varios enclaves, hasta su alistamiento en la Legión Británica, tras haberle ofrecido el mando de una Brigada su amigo personal el Teniente General Lacy Evans.

Fue nombrado Gobernador de las islas Bermudas el año 1839, y es recordado con el sobrenombre de “el buen gobernador”.

Tras ejercer el mando en otros destinos por el mundo, como el de Gobernador de Malta, regresó finalmente a Gran Bretaña donde falleció tras una breve enfermedad el verano de 1858.

(9)        Óleo anónimo que representa el bombardeo del “Salamander” y del “Phoenix” contra las posiciones carlistas de Ayete y de Lugariz. Colecc. Untzi Museoa – Museo Naval.

(10)     “British Auxiliary Legión. Aportación a la I Guerra Carlista”. Extraído de la Orden General publicada por el Cuartel General de la Legión con motivo de la acción del 5 de Mayo de 1836.

(11)     ANÓNIMO. “Journal of the Movements of the British Legion”. London. 1836. Pág. 262

(12)     BROCK TUPPER, FERDINAND. “Family Records containing Memoirs of Major General Sir Isaac Brock K.B. Lieutenant E.W. Tupper. R.N. and Colonel William de Vic Tupper, with notices of  Major General Tupper and Lieut. C. Tupper, R.N. to which are added The Life of TE-CUM-SEH, a memoir of colonel Havilland Le Mesurier, &c,&c.&c”. Guernsey/London. 1835. Pág. 229.

(13)     En “The Times” del 23 de Mayo se indica que la naturaleza de su herida en la cabeza, no dejaba lugar a la esperanza de una satisfactoria recuperación, al haber entrado la bala de fusil por la frente y salido por detrás de la oreja. También menciona que el proyectil debió de romperse, por lo que se encontró en la autopsia un fragmento del mismo alojado en el cerebro.

(14)     BROCK TUPPER, FERDINAND. “Family Records containing Memoirs of Major General Sir Isaac Brock K.B. Lieutenant E.W. Tupper. R.N. and Colonel William de Vic Tupper, with notices of  Major General Tupper and Lieut. C. Tupper, R.N. to which are added The Life of TE-CUM-SEH, a memoir of colonel Havilland Le Mesurier, &c,&c.&c”. Guernsey/London. 1835. Pág. 229.

(15)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018. Pág. 38.

(16)     BROCK TUPPER, FERDINAND. “Family Records containing Memoirs of Major General Sir Isaac Brock K.B. Lieutenant E.W. Tupper. R.N. and Colonel William de Vic Tupper, with notices of  Major General Tupper and Lieut. C. Tupper, R.N. to which are added The Life of TE-CUM-SEH, a memoir of colonel Havilland Le Mesurier, &c,&c.&c”. Guernsey/London. 1835. Pág. 231 & 232.

(17)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.  Pág. 78 & 79.

(18)     GUERNSEY &  MAGAZINE, Junio 1836.

(19)     PAULA GARCÍA, FRANCISCO de. “Los Románticos de Urgull. Crónica de William Tupper y Oliver de Lancey en San Sebastián. Delegación en Corte de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Madrid. 2018.  Pág. 86 & 87.

(20)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

9.4.- MARISCAL DE CAMPO MANUEL GURREA (29 de Mayo 1837)

          Es el único de los militares enterrados en este cementerio que tuvo representación familiar, gracias a un descendiente suyo, D. Joaquín Bellsolé Gurrea (1), en la inauguración del cementerio el año 1924.

          Se trata de Manuel Antonio de Gurrea, nacido en Olite (Navarra), el 19 de Julio del año 1790,  el único español que descansa en este cementerio militar. Este hecho, seguramente, se deba a dos motivos. El primero a que sus ideas totalmente liberales seguramente chocaron en más de una ocasión con las autoridades eclesiásticas, y el segundo su gran amistad con el Teniente General Lacy Evans, jefe de la Legión Auxiliar Británica.

          Su carrera militar arranca como consecuencia de su pronto levantamiento en armas contra las tropas invasoras francesas en la llamada Guerra de Independencia. Formó junto a sus dos hermanos, José María y Pedro, una de las primeras guerrillas que tantos quebraderos de cabeza dieron al invasor francés. Su grupo de unió a las fuerzas que se iban formando entorno a un gran cabecilla militar Javier Mina.

          Este fue hecho prisionero, por lo que tomó el relevo su hermano, el famoso Espoz y Mina, junto al cual desarrollará casi toda su carrera y aventuras futuras.

          El 16 de Junio de 1810, con el rango de Alférez, recibe el mando de una de las compañías de Guías, con la que participará en la primera “Sorpresa de Arlabán” en 1811. Inmediatamente después de esta acción es ascendido al empleo de Teniente, y se le encomienda la misión de guiar hasta Valencia la columna formada por los prisioneros españoles liberados en esta acción, y los prisioneros franceses capturados.

          En Octubre de 1811, al mando de un escuadrón de Húsares de Navarra se distingue en la acción que se desarrolla en Plasencia de Gállego (Aragón).

          El año 1812 participará en la “sorpresa de Robles” (3 de Abril), en los combates desarrollados junto a Sangüesa, y en el combate de Ayerbe, junto al cabecilla Joaquín de Pablo, alias “Chapalangarra”. Su graduación desde el 18 de Mayo de 1812 era la de Capitán.

          Durante 1813 es ascendido al grado de Comandante del escuadrón de Húsares de Navarra (3 de Enero), que luego será denominado Cazadores de Navarra. Participará en la acción de Fraga, el ataque contra la guarnición de Monzón y en la acción de Lerín, en la que resultará herido por un disparo en el brazo. Posteriormente participará junto a las fuerzas que asediaron la ciudadela de Jaca, aún en manos de los imperiales. (Del 14 de Agosto al 10 de Octubre de 1813).

          En 1814 se realiza un levantamiento liberal en España, al que se une junto a Espoz y Mina con su regimiento de guarnición en Huesca. Tras fracasar, es obligado a exiliarse el 4 de Octubre en Francia, junto a su amigo y compañero de armas Espoz y Mina.

          Tras proclamarse la Constitución de 1820 regresa a España y es nombrado Comandante del Escuadrón de Caballería del Infante. Durante los combates contra las fuerzas que no acataban el nuevo estado constitucional, destaca su participación en el aplastamiento de las tropas reaccionarias en Zaragoza el 14 de Mayo de 1820. Incluso en una sesión de la Cortes se pidió una gratificación para él por esta valiente actuación. (2)

          El 1 de Enero de 1823 es nombrado Coronel del Regimiento de Dragones de Sagunto, y luego Coronel del Regimiento de Montesa. Ese año combatirá junto a Espoz y Mina contra la invasión de los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis”, participando en la toma de Seo de Urgell el 3 de Febrero de 1823. Finalmente su División será cercada y obligada a rendirse, lo que ocasiona un nuevo exilio, esta vez en Inglaterra.

          En 1830 se da una nueva intentona militar liberal, entrando en territorio español por Canfranc al mando de una brigada junto a Espoz y Mina. Fracasado el levantamiento, nuevamente se exilia en Francia.

          Tras fallecer Fernando VII en 1833, regresará a España el siguiente año, uniéndose a las fuerzas liberales que combatían a las levantadas en armas por el pretendiente Don Carlos. Ese mismo año participará en la batalla de Arquijas (15 Diciembre de 1834), donde nuevamente destaca por su valor al mando de una de las columnas isabelinas.

          En 1835 es ascendido al grado de Brigadier.

          El año 1837, Espartero le otorga el mando de la 2ª División del Ejército del Norte. Ese año participará en la toma de Hernani el 15 de Marzo de 1837, desplegando su división en el flanco izquierdo de las tropas cristinas, para proteger al grueso de las tropas de un posible ataque carlista desde las posiciones de San Marcos o desde Astigarraga. Una vez tomada Hernani, su columna avanzó y tomó Astigarraga para las tropas liberales.

          Espartero junto al Teniente General de Lacy Evans inicia una ofensiva que terminará con la toma de Pasajes, Oyarzun, Irún y Fuenterrabía, lo que supondrá para los carlistas un auténtico desastre, al perder las importantes comunicaciones con Francia en este sector. Curiosamente uno de los encargados de negociar la capitulación de la plaza de Fuenterrabía será el hijo de Gurrea, el Teniente Ignacio Gurrea, por encargo personal de Evans. (3)

          Tras estos desastres militares, los carlistas iniciaron una expedición hacia el centro peninsular, la llamada “expedición real”, que nada más partir fue perseguida y hostigada por las fuerzas de Espartero. Las tropas que las seguían estaban compuestas por tres columnas mandadas respectivamente por Gurrea, Jauregui e Iriarte. La 1ª División, con los Regimientos de Zaragoza y de Castilla, cruzaron el rio cerca de las posiciones carlistas de Andoain. Estas estaban sólidamente fortificadas a los dos márgenes del rio, alrededor del puente de esa localidad. La situación de la 1ª División se hizo peligrosa al encontrarse aislada en territorio enemigo, por lo que era muy urgente el que la 2ª División al mando de Gurrea cruzara ese puente y la socorriera. Los ingenieros del ejército no habían localizado todavía ninguna zona vadeable del rio, por lo que el único paso practicable era el puente fuertemente defendido. El General Espartero ordenó a Gurrea apoderarse de ese puente y romper las líneas carlistas. (4)

          La defensa de los carlistas fue enconada, y nuestro Mariscal fue muerto intentando tomar este puente de Andoain, el 29 de Mayo de 1837, montado en su caballo, cuando a la cabeza de sus tropas, una descarga le destrozó la cabeza. El hecho de encabezar el avance y la enorme corpulencia de este oficial (medía 2 metros), facilitaron el tiro a los fusileros carlistas. Su cuerpo fue traído hasta San Sebastián, velándose en un piso de la calle 31 de Agosto, ocupado hasta fechas recientes por el Circulo Riojano. De allí se le trasladó al monte Urgull para darle  cristiana sepultura.

          Para recalcar la importancia de nuestro Mariscal de Campo, señalaré que incluso en las Cortes de España se habló de su muerte en las sesiones celebradas ese año de 1837, para pedir una merecida pensión de 200 reales a su viuda.

          “(…) El general Gurrea acaba de perder en los campos de Andoain una vida que había consagrado toda entera al servicio de su patria. El general Gurrea empezó su carrera en la división de caballería del ilustre general Mina; a quien ayudó à conseguir las victorias que todos sabemos. En toda Navarra apenas hay un sitio que no recuerde algún combate sangriento, alguna victoria conseguida por Mina, y la hoja de servicios del general Gurrea, prueba que su espada se desenvainó constantemente en todos los encuentros.

          Además, el general Gurrea ha dejado tres hijos que están con las armas en la mano, y si las noticias que yo tengo no son equivocadas, el general, espiró en medio de dos de ellos batiéndose con tra el enemigo. -

          Es posible que la sangre de ese desgraciado padre salpicase la casaca de sus dos hijos. Yo bien sé que no necesitaban de ese ejemplo para servir con honor a la patria, pues en su tierna edad, le han dado ya muchos días de gloria y seguirán dándoselos como espero.

          En fin, señores, el despotismo sacrificó en los pasados diez años á un hermano del general que por sus opiniones políticas pereció en un patíbulo, y Gurrea recogió a los huérfanos de su hermano, que ahora quedan al cuidado de su viuda tía. Esta circunstancia, unida a las que he expresado débil y ligeramente, porque el dolor me niega y ahoga mis palabras, inclinarán sin duda al congreso a declarar mi proposición comprendida en el artículo 100 y a aprobarla.” (5)

          A final las Cortes aprobaron la petición recogida en el punto 4º de los artículos de la sesión.

          “4º La comisión de guerra ha examinado lo proposición del señor diputado Núñez, cuyo objeto es pedir a las cortes se sirvan conceder a la viuda del general Gurrea, muerto en los campos de Andoain, la misma gracia que concedieron a la del general Iribarren.

          No puede la comisión rehusar al mariscal de campo D. Manuel Gurrea el honor que fue concedo al de su misma clase D. Miguel Iribarren. Si a la viuda de este general le fue acordad una pensión de 200 reales sobre su viudedad de 100 reales no puede dejar de dispensarse la misma gracia a la del general Gurrea: ambos generales se distinguieron por sus conocimientos, valor, actividad y prudencia; ambos se distinguieron como militares y como patriotas. Uno y otro sellaron con su sangre el juramento de defender la libertad de los españoles, y uno y otro recibieron una muerte gloriosa en el campo de batalla, dejándonos recuerdos de su brillante comportamiento. El distinguido mérito del general Gurrea, sus particulares, circunstancias, su larga carrera militar, en que tanto ha, trabajado por la patria, y el acuerdo de las cortes en un caso de igual naturaleza, es lo que ha obligado a la comisión a opinar, que debe accederse a lo que pide el señor Núñez, considerando éste como un caso extraordinario de circunstancias especiales, y de un carácter muy particular.

          La comisión, pues, cree que las Cortes deben conceder a la viuda del mariscal de campo don Manuel Gurrea, la pensión de 200 rs., además de la viudedad de justicia que disfruta como premio de los servicios extraordinarios de su difunto marido.”(6)

 

 

          La lápida que adorna su tumba tiene un grabado en el que se representa a Manuel Gurrea a lomos de su caballo cruzando un puente, con un brazo en alto blandiendo una espada.  Su estado general no está tan deteriorado como algunas de las tumbas que le rodean, ya que ha sufrido hace poco una restauración, pero la representación mencionada anteriormente presenta la inequívoca muestra de un intento de “damnatio memoriae”, al haber sido golpeada con los consiguientes daños que se muestran en la fotografía.

          En su tumba se puede ver la inscripción: (7)

AL MARISCAL DE CAMPO

D. MANUEL GURREA

MUERTO EN LOS CAMPOS DE ANDOAIN

EL 29 DE MAYO DE 1837, SU ESPOSA,

SUS HIJOS, SU AMIGO EL GENERAL LACY EVANS.

          Esta lápida es una reproducción de la original, destrozada en 1993 por otro acto vandálico. Contiene un error al apellidar al Teniente General inglés Lacy Ewans, cuando realmente era Lacy Evans, hecho que no ocurría en la original, ya desaparecida.

          El primer grabado (8) representa el momento en que es herido de muerte, el segundo (9) una vista del puente realizada a lápiz y coloreada con acuarela, en la que se puede leer:

“The Bridge & distant church of Andoain.

Where Genl Guerra was killed in 1837.”

Alfonso Alonso junto a la tumba de su antepasado.

Foto Diario Vasco.

(1)        D. Joaquín Bellsolé Gurrea, de profesión periodista, fue invitado a la ceremonia por ser familiar del Mariscal.

Curiosamente, hace poco tiempo, el Diario Vasco publicó una noticia en la que otro familiar del Mariscal Gurrea visitaba su tumba de Urgull. Se trata de Alfonso Alonso, conocido político del Partido Popular de País Vasco.

(2)        "Diario de las Actas y Discusiones de Las Cortes. Legislatura de los años 1820 y 1821”. T.XXIIL. Madrid. 1821.

(3)        Sociedad de Ex – milicianos de Madrid. “Vida Militar y Política de Espartero, obra dedicada a la exmilicia nacional del reino”. Madrid. 1844. Pág. 247.

(4)        FLOREZ, JOSÉ SEGUNDO. "Espartero. Historia de su vida militar y política y de los grandes sucesos contemporáneos". T. 2º. Madrid. 1844. Pág. 78, 106 y 115.

(5)        “Cortes Constituyentes de la Nación Española. Diario Oficial de Sesiones de Junio de 1837”. Tomo VI. Madrid. Pág. 110

(6)        “Cortes Constituyentes de la Nación Española. Diario Oficial de Sesiones de Junio de 1837”. Tomo VI. Madrid. Pág. 310

(7)        DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

(8)        Grabado aparecido en el libro “Vida Militar y Política de Espartero, obra dedicada a la ex – Milicia Nacional del Reino”. Madrid. 1844. Pág. 258.

(9)        HORNBROOK, RICHARD LYDE. “5th. Capt. Hornbrook: R.M”. (Cuaderno con Colecc. de láminas de este autor). Lámina nº 9.

Otras fuentes:

    • ARCHIVO GENERAL MILITAR DE SEGOVIA. Expediente Personal G-4340. Hoja de Servicios Agosto 1820
    • IRIBARREN, J.M. "Espoz y Mina, El Guerrillero". Edit. Aguilar. Madrid. 1965
    • IRIBARREN, J.M. "Espoz y Mina, El liberal". Edit. Aguilar. Madrid. 1967
    • MARTÍN LANUZA, ALBERTO. "Gurrea Goñi, Manuel". Artículo publicado en la web de la Real Academia de la Historia.

10.- TUMBAS MENORES

10.1.- AYUDANTE FRANCIS CROOK EBSWORTH (4 de Julio de 1837)

          Durante muchos años su lápida estuvo desaparecida, no pudiendo situarse con exactitud su enterramiento en el cementerio. A comienzos de la década de los ochenta, el autor de estas líneas, tal vez como anticipo de la que sería su futura profesión, la descubrió tirada y enterrada entre la vegetación. La cara principal de la losa se encontraba en perfectas condiciones, parecía estar recién hecha, lo que nos indica que cayó y se enterró poco tiempo después de utilizada.

          En estos treinta últimos años, ha sufrido más que en los 150 anteriores, una lástima. Su actual situación es fruto de la casualidad, ya que el ayuntamiento la recolocó de manera aleatoria y a capricho, pero sinceramente, no había ningún dato o reseña, en ese momento, que diera pistas de donde se encontraba situada originariamente. He de decir que se encuentra a escasos dos metros de donde la encontré, aunque en la obra realizada por Dogson, en la que copió todas las inscripciones del cementerio ordenadas según el lugar que ocupan,  desde la zona más occidental hacia la oriental, su posición correcta estaría situada entre la lápida colectiva y la del Teniente Backhouse. (1)

          Como recoge en su obra el historiador Jesús María de Arozamena, esta es una de las tumbas que pertenecen a los caídos en los movimientos insurreccionales de 1837.

          El día 15 de Septiembre de 1835, Francis Crook Ebsworth formaba parte del 5º Regimiento “Highland Ligth Infantry”, con el rango de Mayor. (2) Un año después, el 3 de Septiembre de 1836, aparece como Teniente Coronel agregado al Estado Mayor, aunque como perteneciente al 4º Regimiento “Westminster Grenadiers”. (3) Posteriormente fue destinado con el mismo grado al 10º Regimiento, como ayudante del General Santa Cruz., exactamente el 15 Septiembre de 1836.

          Su muerte se produjo en uno de los movimientos insurreccionales de 1837, contra los que destacó luchando el entonces brigadier O’Donell. F.C. Ebsworth era el primer ayudante del General, Conde de Mirasol, sucesor de Lacy Evans en el mando de las tropas legionarias.  Las tropas que mandaba este general, compuestas de granaderos y cazadores del Regimiento de la Princesa se habían sublevado contra los mandos, principalmente en la localidad de Hernani, al no recibir puntualmente las soldadas que les correspondían. Ebsworth fue muerto por un soldado español, de la compañía de cazadores del 2º Batallón de la Primera, curiosamente una de las pocas unidades que sí había recibido la soldada, al interponer su cuerpo para salvar a su general de un disparo (4) durante una insubordinación ocasionada por dicha falta de pagas. Este hecho de enorme valentía y arrojo suicida, aconteció el 4 de Julio de 1837, seguramente en la misma plaza de Hernani. Además de la muerte del ayudante del general y un cornetín de órdenes, resultó herido el general Rendón, otro de sus ayudantes, el capitán Tellería, del cuerpo de artillería, lo mismo que varios soldados del Infante. (5)

          Esta insurrección fue valientemente sofocada por el propio O’Donnel, a riesgo de su vida, hecho que le otorgó la faja de mariscal de campo a petición del mismísimo Espartero.

          Ebsworth era Caballero de la Real Orden de San Fernando de 1ª clase.

 

(1)        DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

(2)        “British Auxiliary Legion of Spain”. Army List, 1st. February, 1836”.

(3)        “British Auxiliary Legion of Spain. Army List, corrected to 1st April, 1837”.

(4)        www.cervantesvirtual.com. “British Auxiliary Legion. Aportación Británica a la Primera Guerra Carlista”.

(5)        MUÑOZ ECHAVEGUREN, FERMÍN. “Anales de la Primera Guerra Carlista en San Sebastián. Cómo se vivió la guerra en la ciudad”. Instituto del Doctor Camino – Fundación Kutxa. Donostia-San Sebastián. 2005. Pág. 165.

  10.2. TUMBA COLECTIVA

          Esta lápida de arenisca contiene los nombres de ocho militares, todos miembros de la Royal Marine Artillery. No se trata de voluntarios de la Legión Auxiliar. Son artilleros pertenecientes a la Armada británica, es decir, al ejército regular de Gran Bretaña.

          Las fechas de las inhumaciones de esta lápida oscilan entre el 10 de Diciembre de 1836 el más antiguo, y el 28 de Marzo de 1839 el más tardío.

          Los nombres son:

JOHN NEWMAN (10 DIC. 1836)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

DAVID HOWARD (4 JUL. 1837)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

          Curiosamente fallece el mismo día que el Ayudante del conde de Mirasol, F.C. Ebsworth, pero no hay ningún documento o fuente que lo relacione con el mismo incidente de Hernani, aunque no es descartable que muriese en los movimientos insurrecionales de 1837.

JOHN GATES (5 AGO. 1837)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, al ser Sargento de la Real Artillería de Marina Británica.

BENJAMIN SMITH (2 JUL. 1837)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

          Muerto en Hondarribia el 2 de Julio de 1837.

JAMES KEATES (14 SEPT. 1838)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

BERNARD JORDAN (28 NOV. 1838)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, al ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

WILLIAM HANDCOCK (1 ENE. 1839)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

          Murió en el Puerto de Pasajes.

SAMUEL REDMOND (28 MAR. 1839)

          No pertenecía a la Legión Auxiliar Británica, por ser artillero de la Real Artillería de Marina Británica.

          Su estado es muy malo, ya que se trata de una lápida de arenisca, expuesta totalmente a la cara norte de nuestro castillo. De la inscripción original queda poco en estado correcto para poder ser leído. La lápida es de arenisca, y está sufriendo un fuerte descascarillado a consecuencia de las inclemencias meteorológicas y el inexorable paso del tiempo. Afortunadamente su texto original fue publicado en 1905(1):

SACRED

TO THE MEMORY OF

JOHN NEWMAN. GUNNER RL

MARINE ARTILLERY DIED 10th DECEMBER 1836

DAVID HOWARD Gr R.M.A.

DIED 4th JULY 1837

JOHN GATES. SERJEANT, R.M.A.

DIED 5th AUGUST 1837. WHOSe REMAINS ARE BURIED NEAR

THIS PLACE. ALSO OF

BENJn SMITH. GUNNEROF THE ABOVE

CORPS WHO DIED AT FONTERABIA ON THE 2nd OF JULY 1837

JAMES KEATES. GUNNER R.M.A.

WHO DIED SEPTr 14th 1838

BERd JORDAN. Gr R.M.A. DIED 28th NOVr 1838

WM HANDCOCK OF THE ABOVE CORPS WHO DIED

AT PASAGES 1st JANy 1839

SAMl REDMOND Gr R.M.A. DIED 28th MARch 1839

          Como puede apreciase en la fotografía, se está produciendo un descascarillado en la cara principal de las inscripciones, pudiendo perderse estas para siempre.

(1)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

 10.3.- TENIENTE HENRY BACKHOUSE (1 de OCTUBRE de 1836)

          Se trata del teniente de artillería montada Henry Backhouse, muerto el 1 de Octubre de 1836, mientras se encontraba en plena acción al mando de una batería de cohetes.

SACRED

TO THE MEMORY OF

LIEUTENANT HENRY BACKHOUSE

OF TEH HORSE ARTILLERY

BRITISH AUXILIARY LEGION OF SPAIN

(AND OF THE NAVY OF H.B. MAJESTY)

WHO WAS KILLED IN ACTION

DEFENDING THE LINES IN FRONT OF THIS FORTRESS

ON THE 1st OCTr 1838

HIS BROTHER OFFICERS HAVE ERECTED THIS TABLET

TO MARK THE SPOT WHERE HIS REMAINS REPOSE &

IN TESTIMONY OF

THEIR OWN AND OF

THE GENERAL ESTEEM

WITH WHICH HE WAS REGARDED

          La traducción sería:

CONSAGRADO

A LA MEMORIA DEL

TENIENTE HENRY BACKHOUSE

DE LA ARTILLERÍA MONTADA

LEGION AUXILIAR BRITÁNICA DE ESPAÑA

(Y DE LA ARMADA DE SI H.B. MAGESTAD)

QUE FUE MUERTO EN ACCIÓN

DEFENDIENDO LAS LINEAS FRENTE A ESTA FORTALEZA

EL 1 DE OCTUBRE DE 1838

SUS HERMANOS OFICIALES HAN ERIGIDO ESTA PLACA

PARA SEÑALAR EL LUGAR DONDE REPOSAN SUS RESTOS Y

EN TESTIMONIO DE LA ESTIMA GENERAL

CON LA QUE FUE CONSIDERADO

          En la parte superior de la misma se puede apreciar una cruz de San Fernando.

          Cuando la Sociedad de Ciencias Aranzadi realizó sondeos en esa zona buscando inhumaciones pertenecientes al año 1813, aparecieron los restos de un esqueleto justamente debajo de la placa (Foto inferior), aunque hay muchas posibilidades de que pertenezca al mausoleo de Latasa, situado en el mismo lugar, que desgraciadamente está desaparecido.

(1)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

(2)     Grabado de N. Gomar del año 1887, Imprenta “Sucesores de Rivadeneyra”. Madrid., Aparecido publicado en la revista “Ilustración Española y Americana”. El texto dice: “El cementerio inglés del castillo de la Mota, donde yacen las cenizas de varios jefes y oficiales de la Legión Británica que, al mando del general sir Lacy Evans, auxilió a las tropas constitucionales en la primera guerra carlista. Koldo Mitxelena Kulturunea.

 11.- LÁPIDAS Y MAUSOLEOS DESAPARECIDOS

11.1.- MAUSOLEO DE LATASA

          Las dos fotos superiores, anteriores al año 1887, son los únicos testimonios gráficos de la existencia de este mausoleo ya desaparecido. En la primera lo podemos verlo encalado (1), estado general en el que se encontraban las tumbas en varios momentos del siglo XIX.

         Creo que pueda tratarse de la tumba de Latasa, pero esto es una simple suposición, ya que no hay documentación al respecto.

         El historiador Federico Bordejé Garcés en 1952 escribía lo siguiente:

          “Como detalle singular de este abandono haremos constar la desaparición de algunas lápidas como la del gobernador del castillo Latasa situada en el lugar exacto donde falleció. (…)” (2)

          Esta tumba, al igual que la siguiente del Gobernador Berasaluce, son mencionados también en la obra de José Luis Banús y Agirre. (3)

 

(1)        Autor de la fotografía: Polentinos, Aurelio de Comenares y Orgaz, Conde de. (DCP-A-0810)

(2)        Creemos que Bordejé se confunde con la lápida que existía de D. Pedro José Berasaluce, que sí murió a consecuencia de un accidente en lugar cercano a su placa blasonada.

(3)        BANÚS Y AGUIRRE, JOSÉ LUIS. “El San Sebastián de Antaño”. Grupo Doctor Camino. Edit. Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones. San Sebastián. 1988. Pág. 48

11.2.- LÁPIDA DE D. PEDRO DE BERASALUCE Y ELORZA (1866)

          Teniente Coronel desde el 20 de Julio de 1854, fue Gobernador del Castillo de la Mota de San Sebastián (1). Falleció en 1866, no existiendo una explicación razonable del motivo por el cual se destruyó su lápida. Esta desapareció totalmente, y su blasón, tallado en una pared rocosa cercana también, borrando cualquier resto del mismo en la posterior restauración al colocarse la placa de “Honor a los héroes que sólo Dios conoce”.

          El historiador Federico Bordejé Garcés en 1952 escribía lo siguiente:

          (…) Y la poética tumba de Don Pedro de Berasaluce y Elorza, muerto en 1866, situada al pie de una gran peña y sombreada por un árbol que le proporciona la mayor belleza. Dicha lápida se hallaba encuadrada también por su blasón, lo que no impidió que al restaurar el cementerio de los ingleses, se colocara en dicha tumba otra lápida dedicada a los muertos que sólo Dios conoce (2), a pesar de lo bien que conocemos al personaje allí enterrado.”(3)

          Explicaré el motivo de porqué se destruyó esta lápida con escudo.

          Durante las obras realizadas en el Cementerio a iniciativa del general Arzadun, que culminaron en la gran ceremonia de inauguración de septiembre de 1924, se menciona varias veces que no se conocía el nombre del personaje al que pertenecía el escudo blasonado existente en la pared del acantilado, por lo que aprovechando esa circunstancia, se decidió colocar una lápida nueva en “Honor a los Héroes que sólo Dios conoce”.

          Eran otros tiempos, y lo lógico actualmente hubiera sido respetar la existente, y añadir la nueva no afectando a la antigua.

         El hecho de ignorar el nombre del personaje que en ese momento se creía enterrado en ese lugar, fue publicado en la prensa local, más exactamente en el diario “El Pueblo Vasco”. A los pocos días, se presentó en el rotativo un hijo del finado al que hacía honor el escudo ya destruido, por lo que se publicó un artículo para enmendar el error (4). Se trataba del escudo blasonado de Don Pedro José Berasaluce y Elorza, muerto a consecuencia de un accidente junto a ese lugar. Su cuerpo no está enterrado en el cementerio de Urgull sino en el de Polloe, pero el rey Alfonso XII concedió a su viuda en la población de Betelu la autorización para poder poner esa placa en su memoria.

          Como agradecimiento, la viuda regaló al rey una espada que había sido regalada al general Eguía por el mismísimo Lord Wellington, y que a consecuencia de la amistad del primero con Berasaluce, se la legó.

          Parece ser que la placa fue robada en varias ocasiones, y otras tantas sustituida por sus descendientes, tal y como afirma en el periódico su hijo, y el famoso árbol que le daba sombra, y estaba protegido originariamente por una verja circular fue plantado por los familiares del militar.

 

 (1)        Diario Cuerpo de Estado Mayor de Plazas. Escalafón General en 1º de Enero de 1866. Madrid. 1866. Pág. 12 & 13.

(2)        Ver Lápida a los “Héroes que sólo Dios conoce” de este estudio.

(3)        Fotografía en la que aparecen marcados en rojo los restos que aún se pueden entrever del antiguo blasón de Berasaluce.

(4)        “El Pueblo Vasco”. 1 de Octubre de 1924. Pág. 4.

11.3.- TUMBA DE COURTENAY CHADWICKE (1836)

          Alistado como Alférez en el 5º Regimiento de la B.A.L. “Highland Light Infantry”, el 16 de Julio de 1835. (1)                  

          Destinado comoTeniente del 3er Regimiento de la Legión Auxiliar Británica, muerto en la batalla de Ayete el 5 de Mayo de 1836. Aunque es curioso que en el listado de bajas producidas en esta batalla solamente figura como herido grave, por lo que es muy posible que el autor no diera cuenta del fatal desenlace (2). No dudo de su fallecimiento, por dos razones. Una es el apunte a lápiz escrito al lado de su nombre en la lista de 1836, seguramente por el propio general Chichester, en la que se le señala con una “k” de killed. La segunda razón aparece en el nuevo listado realizado en 1837, en el que ya no se le menciona.

          Su lápida se erigió justo delante de la que se levantó en honor del rey Fernando VII y su augusta esposa en el camino del Vía Crucis, por lo que este dato ampliaría el terreno dedicado a los enterramientos más allá de lo que actualmente conocemos (3).

          En ella se podía leer (4):

CONSAGRADO A LA MEMORIA

DEL POBRE COURT,

QUE CAYÓ EN DEFENSA DE SU BANDERA

EN LA BATALLA DE

AYETE

EL 5 DE MAYO DE 1836.

LA BELLEZA Y LA AMISTAD

LE LLORAN SINCERAMENTE.

          Es muy curiosa la cariñosa dedicatoria de sus compañeros de armas, en la que se le mencionaba como “el pobre Court”.
 

(1)     “British Auxiliary Legion of Spain. Army List, 1st February, 1836”.

(2)     ANÓNIMO. “Journal of the Movements of the British Legion. By an Officer, late of the Quarter–Master–General’s Staff”. London. 1836. Pág. 259.

(3)     WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 159.

(4)     Idem.

11.4.- LÁPIDA DE Mr. DUNCAN McFARLIN (23 OCTUBRE 1839)

         Se conocía por las fuentes la existencia de esta lápida y su inscripción (1), aunque no se tenía ninguna constancia material de la misma.

SACRED

TO THE MEMORY OF

Mr DUNCAN McFRARLIN

LATE FIRST ENGINEER OF

HER MOST CATHOLIC MAJESTY'S

STEAM VESSEL

ISABELLA SEGUNDA

WHO DEPARTED THIS LIFE

ON THE

23rd OCTOBER 1839

AGED 50 YEARS

LEAVING AN AFFECTIONATE WIFE

TO LAMENT HIS LOSS.

THIS STONE WAS ERECTED BY THE

ENGINEERS OF THE BRITANNIC

MAJESTY'S STEAM VESSELS

SALAMANDER & COMET

AS A MARK OF

RESPECT.

          La traducción sería:

          Consagrado a la memoria del Sr. Duncan Mcfarlin, último ingeniero primero del buque de vapor de su católica majestad Isabel segunda. Quien se marchó de esta vida el 23 de octubre de 1839 a los 50 años de edad dejando una cariñosa esposa para lamentar su pérdida.

          Esta lápida fue erigida por los Ingenieros de los buques de vapor de su majestad Británica Salamander y Comet como una muestra de respeto.

         Estaba situada, según nos indica Dogson en su libro, en la parte más occidental del cementerio, muy cerca de donde apareció el fragmento de lápida durante la excavación realizada por la S.C. Aranzadi en 2013, en busca de enterramientos anteriores a la I Guerra Carlista.

          El vapor de ruedas “Isabel II” fue construido en el astillero George Black & Campbell de Quebec, y botado el 24 de Abril de 1831. Su desplazamiento era de 1370 toneladas, y contaba con una tripulación de 160 hombres. Estaba armado con dos cañones de a 32 y 6 carronadas del mismo calibre.

          Servía en la armadora Willcox & Anderson con el nombre “Royal William”. El 10 de Septiembre del año 1834 es fletado por el Gobierno español con derecho a compra, que se realiza el 16 de Enero de 1835, siendo enviado inmediatamente a Londres para cambiar sus calderas, que se encontraban en muy mal estado. Sumando y tripulación eran británicas (2).

          El 29 de Mayo de 1836 participa en una operación de gran envergadura ocupando Pasajes con la escuadra de Lord John Hay, compuesta por los vapores Phoenix, Salamander, Tweed y Comet), la de Primo de Rivera compuesta por el Isabel II, el Reina Gobernadora y el Mazeppa, además de muchos buques menores. El 11 de Julio de 1836 bombardean Hondarribia (3).

          El 11 de abril 1839 hace lo propio contra las bases carlistas de Zarauz. Ese mismo año apresa la balandra inglesa “Paddy”, de Cork, actuando como buque de bloqueo de las costas en la guerra carlista, y a una flotilla de lanchas pesqueras del puerto de Bermeo de las que pudo capturar diez y entregarlas en el puerto de San Sebastián. (10 de Julio) (4).

          En 1840 es enviado a Burdeos para reparar, pero el mal estado del casco aconseja su desguace, reutilizándose el motor para un nuevo buque que llevará el mismo nombre. Este segundo buque de 560 toneladas estará armado con 2 cañones giratorios de hierro de 62 libras, y 2 carronadas de hierro de a 28. Su dotación era de 131 hombres (5).

 

(1)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361 & 362.

(2)     Óleo de Antonio de Brugada. Museo Naval de Madrid.

(3)     PARDO SAN GIL, JUAN. “Las operaciones Navales en las Guerras Carlistas”. Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco. Untzi Museoa-Museo Naval. Donostia-San Sebastián. 2006. Pp- 434, 435 & 436.

(4)     “EL CONSTITUCIONAL. Periódico político, literario, económico y mercantil”. Nº 48. Viernes 9 de Agosto de 1839. Pág. 2

(5)     FERNÁNDEZ NUÑEZ, P.; MOSQUERA GÓMEZ, J.M.; BUDIÑO CARLÉS, J.M.. “Buques de la Armada Española. Historiales (1700-2014)”. Instituto de Historia y Cultura Naval. Fundación Alvargozáles. Gijón. 2014. Pág. 375 & 376.

11.5.- TUMBA CON CRUZ

También ha desaparecido todo rastro de esta tumba, de la que conocemos su existencia gracias a la descripción que de ella realiza Dogson (1) en su obra, y que muestro literalmente:

 “A cross at the head of a tomb bears the letter lying down in its upper limb”.

Es decir, nos habla de la existencia de otra tumba con una cruz en su cabecera en la que está grabado la letra B en posición acostada. Su posición en el cementerio estaría entre la tumba colectiva y la del Teniente Coronel F.C. Ebsworth en su situación original (2).

12.- OTROS ENTERRAMIENTOS NO LOCALIZADOS

12.1.- ALFÉREZ P. DUPONT (1º REG.)

          Entre los oficiales enterrados en el castillo hay que nombrar, según le describen las fuentes de la época, a un joven y valiente oficial llamado Dupont. Era alférez del 1º Regimiento desde el 8 de Julio de 1836. Fue herido en la batalla de Oriamendi el 16 de Marzo de 1837, y según Somerville falleció el 16 de Mayo de 1837, aunque el médico militar Henry Wilkinson retrasa su fallecimiento algunas fechas.

          Este cirujano nos relata así el encuentro con el joven Dupont, el día siguiente de haber sufrido la pérdida de la pierna.

          “Me recibió de un modo extraño, evidenciando la más filosófica indiferencia por su seria pérdida.

          - Mala suerte… Pero ése es el destino de la guerra… ¡Eran de esperar los golpes fuertes…! ¿De qué serviría lamentarse ahora? Nunca me ayudaría a recuperar la pierna perdida, y ciertamente sería perjudicial para mi recuperación.

          Tales eran sus palabras, y no había nada de fingido en aquella actitud; su talante era natural, tranquilo y franco, y no se puede sino admirar tan sorprendente sangre fría. Puedo ya terminar aquí su historia. Las tres o cuatro semanas que permaneció en Irún siguió mejorando. Cuando transcurrió este período, se reunió a los oficiales heridos de los diferentes hospitales, los embarcaron en el Bidasoa, y fueron conducidos por mar hasta San Sebastián. Recuerdo que me comunicaron su llegada y me apresuré a ofrecer mi ayuda para su traslado. Hallé el barco varado en el fango profundo del puerto, e incluso para un hombre ágil resultaba difícil subir a bordo. Los heridos, pues, continuaron algún tiempo en su incómoda situación. ¿Cómo le iba al valiente y filosófico Dupont? Hablé con él después de haber saludado a Ormsby y De Burgh. Me sorprendió el tono agriado de su voz, tan diferente del de la primera vez que le vi tras la pérdida de la pierna. Tenía el pulso rápido, la piel seca y caliente, y en mi mente nacieron temores por su vida. Ví una sábana extendida en el fondo del navío y le pregunté qué era lo que cubría. Se estremeció y reaccionó con horror al contestarme:

          - El cuerpo del pobre Pheelan…, que ha muerto mientras navegábamos, esto es lo que más me ha inquietado, y tengo miedo de seguir pronto sus pasos. –

          Había en su voz y en su aspecto una seriedad y solemnidad tales que me hicieron estar seguro de que profetizaba. Dupont fue trasladado a su alojamiento, atacado allí por síntomas de fiebre y, a pesar del más constante cuidado y atención, a las tres semanas falleció. Lo enterramos en la colina del castillo de San Sebastián, entre los demás soldados muertos.”(1)

 

(1)     WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 145 & 164.

12.2.- ALFÉREZ R. PHEELAN o PHELAN (1º REG.)

          El párrafo anterior de Wilkinson nos da a entender que existen más entierros, de los que desconocemos su localización. Es lógico creer que otro de los cuerpos inhumados fuese el de Pheelan, el cuerpo que yacía bajo la manta del navío llegado a San Sebastián con los heridos.  Era alférez del 7º Regimiento, ascendiendo a teniente el 23 de Septiembre de 1836. Cayó herido el 16 de Mayo de 1837 en la toma de Irún y le fueron amputadas las dos piernas. De este infortunado oficial también nos habla Wilkinson (1):

          “Pero nuestras tareas profesionales no habían terminado; una hora después del anochecer los heridos seguían siendo trasladados a la casa que ocupábamos. Entre ellos estaba el capitán de fusileros De Burgh, que había recibido un balazo en la rótula. También trajeron al desgraciado teniente Pheelan, un muchacho de sólo dieciséis años, con las dos piernas destrozadas por una bala de mosquete. El fuerte dolor que sufría quedaba manifiesto por sus gritos penetrantes y desgarradores.”

          “De vez en cuando nos llegaban a través del débil tabique los gemidos contenidos del valiente De bourgh y los gritos frenéticos de Pheelan, el pobre muchacho”.

 

(1)     WILKINSON, HENRY. “Apuntes Paisajísticos y Musicales de las Provincias Vascas”. 1838. Publicado por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián. 1976. Pág. 138, 145 & 164.

12.3.- MAYOR MITCHELL

          Servía en el 8º Regimiento de la 1ª Brigada, y regresó herido de gravedad. Falleció a los pocos días a consecuencia de sus heridas.

           Hay una completa descripción del funeral de este oficial herido también en Ayete como Tupper en el libro de Somerville.

          “Señoritas ataviadas con mantillas ocupan os balcones, como siempre que se despliegan las tropas con sus oficiales para desfilar, pero ninguna zalamería asoma hoy a sus ojos ni a sus rotros”

          “el féretro ya se ha unido a la procesión que arranca mientras dos bandas de música inician los sones de un himno fúnebre”

          Es el primer oficial de la BAL que recibe sepultura en el Cementerio de los Ingleses.

12.4.- OTROS

          Conocemos el listado de bajas que sufrieron los oficiales de la Legión durante el combate del 5 de Mayo de 1836 (1). De este listado, sabemos por las fuentes de al menos dos enterramientos efectuados en el cementerio del monte Urgull , el Mayor Mitchel, y el Teniente Chadwicke, aunque lo normal, y casi seguro, es que estén enterrados todos los oficiales del siguiente listado (1):

  • Capitán O’Reilly (Cia. de Fusileros de la Brigada Ligera)
  • Capitán M’Neil (6º Reg. de la Brigada Ligera) Falleció a consecuencia de las heridas
  • Coronel Tupper (6º Reg. de la Brigada Ligera) Falleció a consecuencia de las heridas
  • Capitán Scarman (1º Reg. de la 1ª Brigada)
  • Teniente Cooper (1º Reg. de la 1ª Brigada)
  • Capitán y Adjunto Allez (4º Reg. de la 1ª Brigada)
  • Mayor Mitchell (8º Reg. de la 1ª Brigada) Falleció a consecuencia de las heridas
  • Teniente Hamilton (7º Reg. de la 2ª Brigada9
  • Quarter Master Warner (7º Reg. de la 2ª Brigada)
  • Quarter Master Wrigth (9º Reg. de la 2ª Brigada)
  • Capitán Mould (10º Reg. de la 2ª Brigada)
  • Teniente William Price (10º Reg. de la 2ª Brigada)
  • Capitán Knight (ADC Staff)

          El número de inhumaciones en el terreno que hoy conocemos como Cementerio de los Ingleses es mucho mayor de las que actualmente pueden ser observadas por los visitantes. Muchas de las tumbas se limitaban a un simple montículo de tierra y una cruz de madera. Estos dos elementos, fruto del inexorable paso del tiempo, fueron desapareciendo hasta no dejar rastro alguno del enterramiento. El consiguiente paso de los años, hará que se olvide completamente su existencia.

          Un ejemplo de esta afirmación la vimos en la excavación realizada por la S.C. Aranzadi en 2013. En la zona que se decidió sondear aparecieron tres esqueletos, alineados en inhumaciones individuales. De estas tumbas no se tenía ninguna constancia documental ni material, pero revisando las ilustraciones de la época, hay dos que despejaron todas las incógnitas (2).

 

(1)     DOGSON, E.S. “Notes & Queries”, serie 10, Volumen 3º. 1905. Pág. 361.

(2)     Es curioso que la mayor parte de las tumbas desaparecidas, rotas o movidas de lugar, estén concentradas en la parte inferior del monumento instalado el año 1924. Esta casualidad me hace pensar en que los métodos utilizados para la instalación del gran monumento, anteriormente perteneciente al del Centenario situado en Alderdi-Eder, no fueran todo lo académicamente deseables, sufriendo destrozos los monumentos situados en la zona por donde se transportaron los grandes bloques.

Pero esto solamente es una hipótesis.

Fotografía del Diario Vasco.

 

 

          Al examinar las acuarelas de Hornbrook podemos intuir su antigüedad, ya que no hay rastro de ninguna otra tumba en el cementerio. Puede que estemos ante una de las primeras inhumaciones del campo santo, por lo que es muy probable, aunque esto es una suposición, que se trate de muertos en los combates de 5 de mayo de 1836 por los altos de Ayete.

 

(1)     ANÓNIMO. “Journal of the Movements of the British Legion”. Londres. 1836. Pág. 259 a 262.

(2)     Dibujos de Richard Lyde Hornbrook. Diputación Foral de Guipúzcoa.

(3)     Fotografía en la que se ven los restos de dos de los tres militares encontrados durante la excavación de 2013, realizada con alumnos del Instituto Peñaflorida de Donostia-San Sebastián.

13.- LÁPIDAS Y MONUMENTOS EXISTENTES

13.1.- LAPIDA EN HONOR DE INGENIEROS REALES

          Esta lápida seguramente sea fruto de un testimonio de cariño y recuerdo que compañeros del Real Cuerpo de Ingenieros Británicos, presentes en San Sebastián con la Legión Auxiliar Británica, colocaron en este lugar honrando la memoria de los que les precedieron y cayeron en combate.

          No es contemporánea de la Guerra de Independencia, y menos aún señala la tumba de oficiales ingleses. Es imposible que fuesen enterrados en este lugar, ya que al menos uno de ellos, Machell, cayó el 25 de Julio de 1813.

          El estado actual de esta lápida es desastroso, ya que como consecuencia de un movimiento de rocas quedó oculta, siendo necesario reptar para poder contemplarla. Se encuentra rota en su parte superior derecha, pero en comparación a muchas que la rodean y que han estado expuestas a la intemperie, el texto grabado es totalmente legible.

SACRED

TO THE MEMORY

OF

COLONEL SIR RICHARD FLETCHER B.A.R.T.

CAPTAIN C. RHODES

CAPTAIN G. COLLYER

LIET    L   MACHELL

CORPS OF ROYAL INGINEERS

WHO FELL AT THE SIEGE OF SAN SEBASTIAN

AUGUST 1.813

          En ella se nombran a los siguientes ingenieros militares británicos:

TENIENTE CORONEL RICHARD FLETCHER

          De él hablaré en el siguiente capítulo.

          CAPITAN CHARLES STEECH RHODES

          Nombrado Capitán 2º de los Ingenieros Reales desde 1 de Julio de 1806, y Capitán desde 1 de Mayo de 1811.

          Veterano de la Campaña del Báltico de 1807.

          Llegó a la Campaña Península en Septiembre de 1812

          Murió el 31 de Agosto de 1813 durante el asalto a las brechas de San Sebastián (1).

          CAPITAN GEORGE COLLYER

          Sirvió en el Báltico en 1807

          Nombrado primer Teniente el 1 de Mayo de 1807, y ascendido a Capitán el 5 de Marzo de 1812

          Llegó a la península en Agosto de 1813, falleciendo a los pocos días en el asalto del 31 de Agosto de 1813 (2).

TENIENTE LANCELOT MACHELL

          Nombrado 2º Teniente de Real Cuerpo de Ingenieros el 21 de Julio de 1810, primer teniente el 1 de Mayo de 1811

          Llegó a la península en Diciembre de 1812

          Murió en el fracasado asalto a las brechas del 25 de Julio de 1813 (3).

          En la foto, se puede ver la gruta que se ha producido a consecuencia del corrimiento de rocas. En esa foto se observa también  la lápida que trato en el siguiente punto, y nos sirve de referencia para situar la de los ingenieros reales, casi a ras del suelo en el fondo del agujero.

(1)     Lionel S. Challis’s. “Peninsula Roll Call”. www.napoleon-series.org.

(2)     Idem.

(3)     Idem.

(4)     Grabado de N. Gomar del año 1887, Imprenta “Sucesores de Rivadeneyra”. Madrid., Aparecido publicado en la revista “Ilustración Española y Americana”. El texto dice: “En la roca alta hay una lápida con una inscripción inglesa que dice: (…) Esta lápida es la más antigua y corresponde a las postrimerías de la guerra de Independencia”. Koldo Mitxelena Kulturunea.

13.2.- LÁPIDA DE GEORGE REX

          Esta lápida de mármol blanco procede casi con toda seguridad del monumento que se erigió en honor de Fletcher y los Ingenieros Reales caídos durante el sitio de San Sebastián de 1813. Sus medidas son 33 cms. de alto por 81 cms. de largo. Originariamente estuvo emplazada en el lugar conocido como Aize – Errota o Molino de viento, en la zona conocida como Pintoré.

          Existe un documento de la Junta de Gobierno del Museo Municipal fechado el 19 de Abril de 1915, en el que la inscriben como perteneciente a la 3ª Sección de arte moderno, y la catalogan como un donativo con el número 2105 (1).

          “3ª Sección. ARTE MODERNO. Nº 2105

          Lápida conmemorativa inglesa del sitio de San Sebastián de 1813, del monumento que existió en Aize errota (Molino de viento), estribaciones del Oriamendi, frente a Pintoré dominando la costa de San Sebastián”.

          En la inscripción podemos leer:

GEORGIUS

GEORGII * TERTII* FILIUS

BRITANNIARUM*REGNUM UNITUM * REGENS

ET * QUI * REGIAE * MAIESTATI

A * SANCTIORIBUS * CONSILIIS * SUNT

HOC MONUMENTUM

PONENDUM * CURAVERUNT

AÑÑO * SACRO

MDCCCXIIII

          Formó parte de la “Exposición Histórica” realizada en la antigua fábrica de tabacos de la calle Garibay, y se menciona esta placa de la siguiente manera (2):

          “Corona esta notable instalación una lápida de gran interés histórico. En las proximidades de Ayete erigió el Gobierno inglés un Monumento en honor de los jefes y oficiales muertos durante el sitio y asalto de San Sebastián en 1813, pero de tal Monumento no se conservaba ni memoria. Alguien, sin embargo, descubrió un trozo del mismo, y ha venido a parar a manos de los ingenieros militares señores Olavide, Albarellos y Vigon, quienes lo presentan en su interesante instalación.

          Este trozo es una lápida de mármol blanco, que lleva grabada la siguiente inscripción latina: (…)”

         Todas las fuentes nos indican su procedencia, y la posterior instalación de la misma en el cementerio del monte Urgull. Este es un claro y evidente razonamiento para pensar que la famosa lápida de arenisca situada en la base de la tumba de Sara, mencionando a los cuatro ingenieros, puede haber sufrido los mismos avatares que esta placa.

          Su estado actual de abandono la hace totalmente ilegible, ya que su cara principal está completamente expuesta a los elementos climatológicos.

 

(1)     Acta de la sesión de la Junta de Gobierno del Museo Municipal del 9 de Abril de 1915

(2)     J.BENGOECHEA. “Exposición Histórica”. Revista Bascongada Euskal Erria. Pág. 373.

13.3.- LAPIDA EN HONOR A LOS HÉROES QUE SÓLO DIOS CONOCE

1808-1814, 1836-1838

           Esta lápida es una de las causantes de las numerosas equivocaciones que tienen los visitantes, y muchos donostiarras, que al leerla creen que  en este camposanto descansan los restos de soldados británicos de la Guerra de la Independencia. Esta placa se colocó en 1924, según el general Arzadun tapando un escudo existente en la pared del acantilado del que no se sabía a quién pertenecía.

          Aprovechando esta circunstancia, y tomando como ejemplo los homenajes y monumentos en honor del “soldado desconocido”, creados como consecuencia de la recientemente terminada I Guerra Mundial por los países contendientes, se pensó hacer algo parecido en nuestro cementerio.

          Lamentablemente, y a pesar de las buenas intenciones de los ideólogos de este homenaje, la placa solamente ha servido para crear confusión sobre la verdadera cronología del campo santo. Muchos visitantes, e incluso historiadores y cronistas, mencionan este conjunto histórico como el lugar de reposo de soldados aliados caídos en 1813, cuando esto es, de momento, a falta de más evidencias, totalmente falso.

          Como ya he comentado anteriormente, el blasón pertenecía a Don Pedro Berasaluce, del que trato en su correspondiente apartado, tal y como razono, no se trataba de una tumba. Era solamente una lápida recordándole.

          El historiador de temas donostiarras Federico Bordejé Garcés, escribía lo siguiente ya por el año 1952:

          “y la poética tumba de Don Pedro de Berasaluce y Elorza, muerto en 1866, situada al pie de una gran peña y sombreada por un árbol que le proporcionaba la mayor belleza. Dicha lápida se hallaba encuadrada también por su blasón, lo que no impidió que al restaurar el Cementerio de los Ingleses, se colocara en dicha tumba otra lápida dedicada “ a los muertos que sólo Dios conoce”, a pesar de lo bien que conocemos al personaje allí enterrado”.

13.4.- MONUMENTO  DEL  CASTILLO Y AGUILA

          Este conjunto monumental, levantado en el lugar para servir de centro de los actos, remodelar el cementerio dándole una mayor monumentalidad, y de esta manera dar mayor empaque a la ceremonia de 1924, presenta en la actualidad un estado de total abandono.

          La parte más escultórica del conjunto pertenecía a una de las escenas con que contaba el desaparecido monumento del Centenario, que presidió los jardines de Alderdi-Eder de 1913 a 1924, año en que se procedió a su desmontaje. Parece ser que a sugerencia del arquitecto y dibujante Eduardo Lagarde (1), se consideró la conveniencia de su emplazamiento en el Cementerio de los Ingleses.

  • Imagen general del monumento.

  • Detalle de la parte trasladada al cementerio de los ingleses en 1924

  • Desmontaje del monumento a comienzos de 1924

          A tal efecto, se realizó una sólida base, en la que se escribió en español e inglés la frase:

“Inglaterra nos confía sus gloriosos restos.

Nuestra gratitud velará su eterno reposo”

          Sobre esa plataforma se situó el conjunto perteneciente al antiguo monumento, consistente en un castillo y las figuras de militares del ejército aliado, entre las que destaca un oficial y un soldado británicos, un abanderado de la misma nacionalidad, un soldado portugués, y finalmente otro que parece ser un paisano intentando mover el cañón sobre el que gira la escena de combate.

          Sobre la plataforma del castillete, se eleva majestuosa una gran piedra plana coronada con un águila de bronce como símbolo de victoria. En esta gran superficie existen dos inscripciones, en inglés y en español, que fueron descubiertas por la reina de España Victoria Eugenia.

IN MEMORY

OF THE GALLANT

BRITISH SOLDIERS

WHO GAVE THEIR LIVES

FOR THE GREATNESS OF THEIR OWN COUNTRY

AND FOR INDEPENDENCE

AND LIBERTY OF SPAIN

--oo0oo--

A LA MEMORIA

DE LOS

VALIENTES SOLDADOS BRITÁNICOS

QUE DIERON LA VIDA

POR LA GRANDEZA DE SU PAÍS

Y POR LA INDEPENDENCIA

Y LA LIBERTAD DE ESPAÑA

          Tras correr la bandera de San Sebastián, sonaron los himnos nacionales de las dos naciones, y se dispararon quince salvas de honor. Recomiendo al lector interesado en saber cómo se desarrolló la ceremonia de inauguración, que retroceda en la lectura al capítulo en que la describo, o al que muestra transcritos literalmente todos los artículos aparecidos en la prensa donostiarra de la época.

          Actualmente esta gran piedra y su inscripción se encuentra muy deteriorada por los continuos ataques que viene sufriendo por elementos poco amantes de la verdadera historia de nuestra ciudad. No quiero extenderme en este punto para no herir susceptibilidades, por lo que me limitaré a mostrar unas fotografías del lamentable estado de abandono de todo el conjunto.

 

(1)     La Voz de Guipúzcoa. 1 de Octubre de 1924. Pág. 8

  • Estado actual de la inscripción del monumento inaugurado en 1924

  • Estado del conjunto procedente del monumento al centenario de 1913

14.- ENTERRAMIENTO DE SIR RICHARD FLETCHER

          Existe en San Sebastián la opinión, sostenida por algunos historiadores y cronistas, que los restos de Fletcher se encuentran enterrados en el Cementerio de Los Ingleses. Sin llegar a afirmar o negar el hecho, voy a exponer una serie de circunstancias que atañen al mismo.

          Según testimonios de autores contemporáneos, Sir Richard Fletcher, con otros oficiales de Ingenieros, fue enterrado en los Altos de San Bartolomé.  No debemos confundir su emplazamiento con el del posterior cementerio de San Bartolomé, fundado en la década de 1850.

          Posteriormente, el Coronel de Artillería Shaw (1),  veterano del asedio de San Sebastián, ya que había intervenido también como artillero en el sitio de 1813, en un libro se refiere a las operaciones del 5 de Mayo de 1836, describe las mismas aludiéndolas y comparándolas con las operaciones efectuadas durante la Guerra de Independencia, en esos mismos escenarios. Después de presentar el teatro de operaciones, dice lo siguiente (2):

          “The small monument near the windmill was erected to the memory of Sir Richard Fletcher, Capitán Rhodes and Collier, and Lieutenant Machel of the Royal Engineers, who were killed during the siege in 1813”.

          “El pequeño monumento junto al Molino de viento, ha sido erigido a la memoria de Sir Richard Fletcher, Capitanes Rhodes y Collyer y Teniente Machel, de los Ingenieros Reales, que murieron durante el sitio de 1813”.

Grabado realizado por el Coronel Claudius S. Shaw en 1836, en el que puede verse, a la izquierda, el mausoleo de Fletcher en el Molino de Viento.

          A mayor abundamiento, ha llegado hasta nosotros una lápida de mármol, dedicada por el Rey de Inglaterra, Jorge, fechado en 1814, que debe proceder de este monumento, y que en este momento se encuentra medio escondida en el Cementerio de los Ingleses. Hay dos páginas en la que se cita la recepción por parte del Museo de San Telmo, de una lápida conmemorativa inglesa, del sitio de San Sebastián de 1813, perteneciente al monumento que existió en el alto de Aitze-Errota (Molino de Viento). (3)

          Existe otra lápida, que también menciono anteriormente, en honor de los cuatro Ingenieros Reales, seguramente consecuencia de un testimonio de recuerdo dejado por los Ingenieros Ingleses en tiempos de la I Guerra Carlista, a sus compañeros caídos 20 años antes.

          Me queda apuntar sólo unos restos en piedra arenisca, encontrados en la tumba de Sara, alusivos a Fletcher y sus compañeros ingenieros, que seguramente pertenecen a otro monumento o tumba, ya sea la de Aize-Errota o de la propia tumba en la que fue inhumado en el alto de San Bartolomé. De todas maneras, es muy curioso que esta lápida se encuentre aquí. Podría ser un fragmento encontrado en otro lugar, como ocurre con la lápida de mármol del Rey Jorge, que es “contextualizada” en el cementerio de los ingleses con las mejores intenciones.

 

          En un artículo firmado por el Coronel E.A. Macartney-Filgate, cuya copia facilitó amablemente a mi padre el asistente de la librería del Instituto del Real Cuerpo de Ingenieros, Mrs. M. Magnuson, por mediación de Mr. Yuill, otro británico apasionado de nuestra historia, puede leerse:

 

          “El coronel Sir Richard Fletcher, a cuya pericia deben su eficacia las famosas líneas de Torres Vedras, murió el 31 de Agosto de 1813, durante el segundo asalto a San Sebastián. Se encontraba comentando con Sir Thomas Graham la situación del combate a consecuencia del fracaso de los primeros ataques a la brecha abierta en la muralla de la fortificación, al descubierto, en las proximidades del cruce del río Urumea, en un lugar conocido como el Arenal de Gros, lugar en el que murió.

 

          Su cuerpo con el de otros oficiales ingleses fue enterrado en el alto de Aitzerrota (Molino de Viento) en la finca que hoy se llama “La Cumbre”, propiedad del Duque de Tovar.

 

          Fue erigido un sencillo monumento, cuya descripción está en poder del conservador del Museo Municipal de San Sebastián, Don Pedro de Soraluce. Durante la Primera Guerra Carlista en 1836, el monumento fue respetado tanto por los carlistas como por los cristinos, pero desapareció, en algún momento, hace unos 50 años aproximadamente, a causa de las remodelaciones de la ciudad y sus suburbios. Simultáneamente, en la ladera escarpada de las alturas de la Mota que dominan el Golfo de Vizcaya, fueron colocadas varias lápidas rusticas conmemorativas de los oficiales británicos de la British Legion que lucharon por la causa cristina en 1836, siendo colocada una más en memoria de sir Richard Fletcher. Es de resaltar que esta no tiene nada que ver con su sepultura o con el monumento original, siendo posiblemente colocada en este lugar como compensación por la destrucción de la sepultura y mausoleo originales.”

 

          El lugar en el que cayó – Arenal de Gros – está situado en la orilla Este del Urumea, al pie de las colinas de arena del Chofre (Chofre Sandhills),en el que estaban emplazadas las principales baterías de brecha; el lugar en el que fue enterrado está situado al oeste del río Urumea, en las alturas de San Bartolomé.

 

San Sebastián en la época de la I Guerra Carlista. A la derecha, en la parte inferior, señalado en rojo, se puede ver el comienzo del arenal donde cayó mortalmente herido Fletcher.

          Otro lugar posible de enterramiento podría ser el en terrenos del antiguo cementerio de San Bartolomé, aunque dudo sobre esta posibilidad, al ser cronológicamente muy posterior a los hechos de 1813.

          En 1906, a preguntas realizadas por el Mayor Leslie (R.A.), el vice cónsul británico en San Sebastián expone la creencia de que los restos de oficiales y tropa fueron enterrados en el cementerio de San Bartolomé, por lo que, al ser clausurado este, como no son reclamados estos por particulares ni gobierno alguno, fueron enterrados en una fosa común, desapareciendo todo rastro.

          En el grabado de la izquierda, realizado por E. Irabien, identifican el lugar como la tumba de Fletcher, aportando más confusión aún al tema. De todas maneras, si nos fijamos bien en el dibujo de la lápida, hay una cuestión que no me encaja…  ¿Por qué tapa los nombres de sus compañeros caídos dejando ver solamente el de Richard Fletcher?

          A modo de conclusión.

          No está demostrado que Fletcher esté enterrado en el Cementerio de los Ingleses de San Sebastián, siendo muy remota esta posibilidad. Personalmente creo que son totalmente erróneos los estudios y publicaciones lo afirman.

          Lo más probable es que se enterrara en la zona del Palacio de la Cumbre, cerca del Molino de Viento, y que con el paso del tiempo, los conflictos bélicos del s. XIX y/o los intereses urbanísticos, finalmente desapareciera con todos sus restos. Por los restos encontrados y cedidos al Museo de San Telmo, queda claramente demostrada la existencia de ese mausoleo, y su  posterior desaparición.

          Al amante de la historia, principalmente de la referida a la Guerra de Independencia, sólo le resta la oportunidad, para ver algo material sobre este importantísimo militar, muerto en San Sebastián en 1813, su monumento en la Abadía de Westminster.

(1)     Claudius Shaw. 1º Teniente de la Royal Artillery desde el 30 de mayo de 1812. Estuvo presente en la Campaña Peninsular desde Septiembre de 1812 hasta Abril de 1814. Presente en las dos partes del asedio de San Sebastián, y posteriormente en el Paso del Bidasoa y del Nive. Participó en la Guerra contra los Estados Unidos en 1814, participando en la batalla del Niagara.

(2)     SHAW, CLAUDIUS. The Gentleman’s Magazine. “Description of the Panorama of San Sebastián”. London. 1838.

(3)     Acta de la sesión de la Junta de Gobierno del Museo Municipal del 9 de Abril de 1915.

15.- EL CAÑÓN REGALADO POR EL GOBIERNO BRITÁNICO

PARA LA CEREMONIA DE 1924

          Muchos donostiarras ignoran que uno de los restos de esa ceremonia del año 1924, hasta hace pocos años, estaba muy presente en las fiestas donostiarras. Se trata del cañón que desembarcó el destructor británico HMS. “Malcolm” para ser colocado en la parte superior del castillete del antiguo monumento al Centenario, que se subió hasta el monte Urgull. Esta pieza de museo, era la utilizada por D. Luis Mocoroa y sus artilleros, para dar el tan deseado “txupinazo”, indicativo del comienzo de nuestra “Semana Grande”.

          Examinémoslo detenidamente:

         Cañón medio de bronce inglés, que se encuentra montado sobre una réplica de cureña de campaña modelo británico, totalmente moderna, incluso en sus herrajes.

          Tiene en su brocal una mira de puntería.

          En la caña del tubo se encuentra un grabado que nos indica el período en el que fue realizada la pieza. Se trata de un escudo de la orden de la jarretera, ya que en ,el se puede leer "Honi soit qui mal y pense" grabado en el cinturón. Este rodea la letra "C".

          Cuando un cañón se manufacturaba, solía grabarse en el mismo un escudo indicando quien era en ese momento el maestre general de la artillería (Master General of the Ordenance). El escudo que nos ocupa pertenece a John Pitt, 2º Conde de Chatham, nacido el 9 de Octubre de 1756 y fallecido el 24 de Septiembre de 1835. Ocupó el cargo de maestre  en dos períodos casi consecutivos. El primero entre los años 1801 a 1806, y el segundo de 1807 a 1810. Entre estos años se podría fechar con total certeza la realización del cañón.

          Al comienzo del segundo refuerzo, se encuentra grabada una flecha, conocida como "flecha ancha", símbolo con que se marcaban todas las piezas propiedad de la corona británica.

          En el primer cuerpo o refuerzo se encuentra el grabado que nos indica en que reinado se manufacturó el cañón. Nuevamente encontramos el lema de la orden de jarretera "Honi soit qui mal y pense", rodeando las iniciales "GR". Estas nos indican que en el momento de la fundición del cañón, el monarca era el rey Jorge III, ya que hay un tres anudado a la G.

          El oído del cañón se encuentra en perfecto estado, estando la pieza en disposición de disparar.

  • E. EGG, J. JOBÉ, H. LACHOUQUE, PH.-E.CLEATOR, D. REICHEL. “CANNONS. Histoire Ilustrée de L'Artillerie.” Editorial Lausanne. 1971.
  • TERENCE WISE, RICHARD HOOK. “Artillery Equipments of the Napoleonic Wars.” Osprey. Men at Arms. OspreyPublishing Ltd. London. 1979.
  • Royal Australian Artillery Historical Company. http://www.artilleryhistory.org.au/ 

16.- PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL CEMENTERIO

          El pasado creo que ha quedado bastante claro a todos los lectores de este trabajo. El presente lo intentaré exponer en breves líneas, y a consecuencia de este, no sé si podremos hablar del futuro, ya que muy a mi pesar, igual no lo tiene.

          En nuestros días, el cementerio ha pasado por muchos estados. Ha sido restaurado varias veces, ha sufrido ataques de incontrolados que han intentado borrar partes de la historia de nuestra ciudad que a algunos no gustan. Ha tenido responsables municipales más preocupados por la vegetación y jardinería de la zona, dejando setos, flores y arboles muy bien cuidados, mientras descuidaban el conjunto monumental que se caía poco a poco.

          El año 1987, el cementerio sufrió un ataque por parte de unos “descerebrados”, que ocasionó la pérdida de una de las tumbas principales del conjunto, la del mariscal Gurrea. La derribaron de su pedestal, dejándola tirada en el suelo. Ante estos hechos, decidí intervenir en la prensa local para denunciarlos públicamente, así como plantear un cambio en la actitud de nuestros ediles con respecto a la seguridad y conservación del recinto.

          Seguidamente adjunto el artículo del periódico en el que se denunciaban los hechos, y a continuación otro artículo que publique sobre lo allí acontecido.

          Ese mismo año 1987, inmediatamente después de los ataques y tal vez como consecuencia de la sana y constructiva polémica que sostuve en prensa con D. Miguel Santamaria Erro, el ayuntamiento restauró la tumba de Gurrea y encargó la “restauración” del monumento de los soldados y castillete. Cuál es mi sorpresa cuando veo que se están “restaurando” las figuras sin un patrón histórico que seguir. No se había hecho ningún trabajo de documentación histórica de cómo eran las figuras originales. Ni siquiera se habían molestado en buscar una postal antigua que ilustrase a nuestros “restauradores”. De esta forma, encontramos que las figuras, a partir de esa fecha tienen las siguientes diferencias respecto a las originales.

          El oficial que está junto al cañón, antes tenía el brazo levantado, en actitud de señalar algo con el dedo índice. Ahora ese brazo reposa apoyado en el cañón. No me extraña, ya que después de tantos años…

          Le han quitado el bicornio (sombrero) de oficial.

          Le han quitado el sable que portaba en la mano derecha.

          El cañón es más largo ahora que antes.

         El mástil de la bandera es más largo en su parte inferior.

          El soldado de la derecha también tenía en la cabeza un gorro o especie de casco, que por arte de magia ha desaparecido.

          El brazo de este soldado también ha cambiado su ángulo a la altura del codo.

          El hombre apoyado en la rueda, antes parecía herido de muerte, mientras que ahora está empujando la pieza de artillería.

          A este, tal vez a consecuencia de su nuevo trabajo, algo más cansado que morirse, le han protegido la cabeza con un sombrerito estilo marinero.

          Todos estos detalles los recogió y denunció en prensa el señor Santamaría.

          El humor que me crea este despropósito esta ocasionado por la poca importancia de estos detalles, ya que, como puede apreciarse en la siguiente foto, que refleja el estado del conjunto con fecha de mayo de 2011, hace que estos sean del todo irrelevantes.

          El año 1993, se sufrió un nuevo ataque, que yo califico de más peligroso. Mientras que en el anterior se limitaron a derribar un mausoleo, tal vez como un acto de “gamberrismo”, en este segundo hecho se buscó lo que los antiguos romanos llamaban “damnatio memoriae”. Es decir, silenciar el mensaje de las lápidas. Olvidar lo que se nos explican desde el pasado. Perder para siempre un mensaje que nuestros antepasados querían que sus futuras generaciones recordaran.

          En efecto, el ataque se centró en las inscripciones, desapareciendo para siempre la de Sara Callender y su hija (no entiendo como después de casi 30 años, nuestras instituciones dejan que esa tumba siga siendo anónima, dando por bueno y conseguido el deseo de unos incontrolados). La dedicada al mariscal Gurrea se encontró hecha añicos, y la lápida de los capitanes tenía la cara principal picada. Afortunadamente la inscripción que dedicó el general Evans a su amigo Gurrea ha sido restaurada, pero las otras dos no, presentando esta última graves problemas de conservación que ya he indicado en su apartado correspondiente.

          La filmoteca vasca ha logrado rescatar y restaurar una cinta original de cine sobre la inauguración de 1924. Su estado era muy malo, pero su arreglo ha sido posible. Menos mal que de vez en cuando se puede dar una buena noticia.

          Tras exponer todos estos hechos, y la manera en que cada vez que se hace una actuación, se produce algún error consecuencia de la falta de una correcta investigación documental previa, el futuro de nuestro querido Cementerio de los Ingleses no está muy claro. O las instituciones que nos gobiernan cambian su forma de ver y cuidar las páginas de la historia de nuestra ciudad, o el futuro es muy incierto.

          Muchas cosas tienen que cambiar en las mentes y sensibilidades de quienes nos gobiernan y velan, o mejor dicho, deberían velar, con respecto a nuestro patrimonio histórico. Señores, el paso inexorable del tiempo y las chapuzas, la cultura, política, educación… o como queramos llamarlo, mal entendidas, harán que de manera irremediable perdamos para siempre un rincón de Donosti que invita a pensar. Un “txoko” nuestro, más nuestro que nunca, que hemos podido disfrutar, y que nos obliga, moralmente,  a intentar que nuestros hijos también puedan experimentar nuestras sensaciones y sentirlo suyo.

17.- OTRAS FOTOGRAFÍAS

Fotografías pertenecientes a los fondos de la Fototeca de la Kutxa – Kutxa Fototeka

 

“Decid a vuestra nación que el pueblo de San Sebastián, Hidalgo y caballeroso, sabe prometer y cumplir lo prometido… por eso, decid a vuestro pueblo que tenga la seguridad de que los restos de sus hijos que hoy deja entre nosotros serán tan venerados como si fueran hijos nuestros”.

PRADO

ALCALDE DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN

 

San Sebastián 23 DE julio de 2020

 

JOSÉ MARÍA LECLERCQ SÁIZ

Arqueólogo e Historiador