Pasados doscientos años desde que sufrimos estos acontecimientos, el tiempo ha borrado casi todos los restos que quedaron, como negro recuerdo de esos días. De todas maneras, si hacemos un esfuerzo de investigación, vemos que aún hay algunos detalles visibles. Empezaremos por los de la ciudad.

                   Lógicamente la desaparición de la mayor parte de esta a consecuencia del incendio, nos limita la búsqueda a los edificios que sobrevivieron. El primero de ellos y el que más restos nos aporta es la Iglesia de San Vicente. Para verlos con mayor detalle me limitaré a comentar en los pies de foto lo que mis ojos de arqueólogo me dicen.

                 En la fachada norte de la iglesia, junto a la ventana saetera que se abre en su pared, se distinguen varios impactos de bala, seguramente de procedencia francesa.

                   En la zona perteneciente al exterior del ábside, hay muchos restos de pequeños impactos, procedentes, seguramente, de los proyectiles ingleses huecos que explotaban en el aire, con no menos de 200 balas en el interior de cada uno. Esta lluvia de plomo ocasionó muchas bajas entre las filas francesas. No hay que confundirlos con las muescas realizadas en los sillares cuando estos eran subidos por medio de grúas para la construcción de la iglesia.

  • En las fotografías superiores más detalles de impactos de fusilería en las paredes de San Vicente.

  • En las fotografías superiores más detalles de impactos de fusilería en las paredes de San Vicente.

                   Impactos de fusilería, casi con toda seguridad de origen británico, contra la ventana de la sacristía de la iglesia de San Vicente, que enfila la calle San Juan. Este detalle nos deja entrever que desde esta se hizo una ligera resistencia por parte francesa durante su retirada al castillo.

            Esta es la actual puerta de acceso al castillo desde la batería del Mirador, vista desde fuera y desde su interior. En esta puerta se izó la bandera de rendición de los hombres del General Rey, y por ella salieron a tambor batiente, con todos los honores, para entregarse a los aliados como prisioneros.

            En esta batería se pueden apreciar innumerables destrozos entre su sillería.

            Impacto de artillería junto a la puerta. Por su orientación no pudo proceder de las baterías situadas en el Chofre, siendo más probable que se disparara desde las baterías situadas en el hornabeque de San Carlos una vez conquistado este.

            Pared de la batería del Mirador arreglada a base de ladrillo. Esta batería fue muy castigada por las baterías británicas desde el otro lado del río. Como se puede apreciar, la cobertura a base de sillares de su pared se perdió casi completamente. La mayor destrucción la sufrió el último día de bombardeo, que duró dos escasas horas, al ser el objetivo principal de la gran batería preparada por los aliados en la plataforma del hornabeque de San Carlos.

Estado actual de la sala de oficiales que se conserva en la batería del Mirador.

  • En las fotos superiores la batería del Príncipe en la actualidad. Esta fortificación también sufrió mucho el bombardeo aliado, pero por su situación más elevada no resultó tan dañada como la del Mirador.

  • En las fotos superiores la batería del Príncipe en la actualidad. Esta fortificación también sufrió mucho el bombardeo aliado, pero por su situación más elevada no resultó tan dañada como la del Mirador.

             En las fotografías anteriores, espectacular estado que presenta la pared este de la parte superior del castillo, acribillada a impactos desde las baterías aliadas del Chofre y de Ulía. En esta pared se encontraban las habitaciones del Gobernador, General Rey, los días en que estuvieron resistiendo en la fortaleza.

            En la imagen de la derecha se puede apreciar la puerta norte de acceso al castillo, donde se mantienen los dos "calabozos" intactos. Entrecomillo la palabra calabozo. A a mi humilde entender estos no serían tales. Jamás estarían situados en un lugar tan comprometido para la fortaleza, es decir, junto a una puerta. Seguramente su cometido real era el de dar refugio al reten de guardia.

Las siguientes instantáneas muestran la Capilla del Santo Cristo de la Mota, que se conservó intacta a pesar de guerras y voladuras accidentales de la fortaleza. La capilla fue forzada y el Cristo profanado hace algunos años, pero se restauró gracias a los donativos de varios donostiarras entre los que se encontraba mi querido padre.

            Estado actual de la batería de Napoleón, llamada así porque fue construida por las tropas francesas en los cinco años que duró su ocupación de la fortaleza. Una vez conquistada por los ingleses se pasó a llamar de Wellington, pero la historia a veces es justa y borra los nombres de quienes no hacen méritos para ser recordados, como es el caso del generalísimo inglés, por su despiadada actuación con San Sebastián y sus habitantes.

            Puerta de acceso al castillo desde la subida junto a la muralla del muelle. esta puerta se convirtió en primera línea de frente entre ambos ejércitos, cuando los aliados se apoderaron del convento de Santa Teresa, situado justo detrás de este acceso.

            Única parte del recinto amurallado que se mantiene en pié en la actualidad. Se trata de la muralla que da al puerto. Su papel en la lucha no revistió mucha importancia. Por las calles paralelas a la muralla y por su paseo de ronda, se retiraron las tropas francesas, una vez caída la brecha en manos anglo-portugueses.

              Hace unos años se procedió a efectuar unas excavaciones arqueológicas en el Boulevard donostiarra y en los jardines de Alderdi-Eder, con motivo de la construcción de un parking en esa zona.

  • Las máquinas rápidamente dejaron ver los restos de las zonas que tuvieron un papel más importante en este ataque. Estas fotografías son las que aparecieron publicadas en las páginas de "El Diario Vasco".

  • En esta otra fotografía se ve el proceso de excavación de lo que quedaba del baluarte de Santiago, llamado de San Juan por los franceses, que al igual que la anterior fortificación desempeñó un papel fundamental en la defensa de la ciudad.

  • Lo que quedaba del baluarte de San Felipe, con las escaleras de descenso al foso desde la contraescarpa, y el arco del puente, al fondo, que daba acceso a la Puerta de Tierra , principal entrada a la ciudad, desde la carretera de Hernani.

En estas instantáneas se puede ver lo que queda del actualmente del Cubo de Horno. Sus restos pueden contemplarse desde el interior del aparcamiento del Boulevard, y desde el interior del Mercado de "La Brecha". Este es justo el punto de brecha atacado por la infantería, uno de los lugares por donde más sangre corrió entre asaltantes y sitiados.

            Muchos lectores se preguntarán donde están enterrados todos los muertos en este asedio. Es dificil saber con exactitud donde se excavaron las fosas comunes necesarias para tantos cuerpos. El sitio más lógico sería cerca de la carretera de Francia, en el arenal de Gros, junto al antíguo convento de San Francisco. No hay datos que corroboren esta hipótesis, pero lo cierto es que, de vez en cuando, los periódicos de la ciudad nos sorprenden con alguna noticia como esta:

"Los trabajadores de las obras de peatonalización de Gros, en la intersección de la calle San Francico con Trueba, hallaron ayer por la mañana diversos huesos humanos (...)

            En el mismo rotativo se publicó años antes, en su apartado cartas al director, la de un vecino que ya hablaba de la aparición de restos humanos en las obras de cimentación de su casa, aunque indica que aparecieron tambien los restos de un barco. Según él, eran los restos de un naufragio, pero... que casualidad, la casa en cuestión esta levantada en los números 11 de la calle Trueba y 5 de la de San Francisco.

            La ausencia de materiales asociados a los enterramientos, así como la de una excavación adecuada en el lugar, motiva que nos tengamos que mover en el mundo de las hipótesis y conjeturas, pero yo, desde estas líneas, apuesto porque nos encontramos con el lugar donde se enterraron a los caídos luso británicos durante el asedio de la ciudad, principalmente a las bajas producidas entre los servidores de las baterías del Chofre.

            Otra posibilidad que tampoco hay que descartar es la del Alto de San Bartolomé, con la existencia de un cementerio anterior en el lugar. En 1906, a preguntas realizadas por el Mayor Leslie (R.A.), el vice cónsul británico en San Sebastián expone la creencia de que los restos de oficiales y tropa fueron enterrados en el cementerio de San Bartolomé, por lo que, al ser clausurado este, como no son reclamados estos por particulares ni gobierno alguno, fueron enterrados en una fosa común, desapareciendo todo rastro.

            Sobre las bajas francesas durante la defensa de la ciudad y castillo, la apuesta más lógica nos lleva al Monte Urgull. No hay ningún sitio que de momento haya dado muestras materiales de que nos encontremos en el lugar exácto usado, por lo que nos tenemos que mover, nuevamente, en el mundo de las conjeturas. Creo que el lugar más idóneo para esta función se encontraría en la ladera norte del monte, en su vertiente que dá al mar. Es una zona que se encuentra menos expuesta al fuego artillero, hecho muy favorable para esta hipótesis. La utilización de los camposantos de las iglesias no es verosimil, al encontrarnos con soldados no muy favorables a las causas y creencias religiosas, por no mencionar el estado de ocupación completa de los templos religiosos como hospitales de sangre y almacenes.

            Además, la creación en el Monte Urgull, precisamente en su vertiente norte, tan sólo 25 años después, del conocido actualmente como "Cementerio de los Ingleses", es, como poco, sugerente. En este lugar es donde se enterraron a los oficiales caídos en la I Guerra Carlista, pertencientes a la Legión Auxiliar Británica, hecho que nos hace barajar la posibilidad de que este punto se eligiera por haber sido utilizado con anterioridad con una finalidad similar.

            Lo único cierto es que no hay nada seguro sobre este punto. Esperemos que el tiempo y la suerte nos ayuden a solucionar el enigma.

            En el ya mencionado "Cementerio de los Ingleses", existen dos lápidas de marmol en recuerdo de los ingenieros reales Fletcher, Rhodes, Collier y Machel, caídos en el asalto. Su actual estado es de abandono total. Su visita es muy complicada como consecuencia del corrimiento de rocas y tierras, que la han condenado a permanecer semioculta en una gruta.

Estado actual de la lápida (pág. siguiente), y su situación antes del derrumbe de la peña, en un apunte realizado por Gomar.

             La lápida, que se encuentra también en mal estado y con la esquina superior rota, puede ser una muestra de cariño por parte de sus compañeros de armas, que veintidos años después volvieron a San Sebastián como voluntarios de la Legión Auxiliar Británica. No podemos olvidar que algunos de sus componentes eran veteranos de la guerra peninsular.

Hay un dibujo de finales del siglo XIX en el que se representa la peña en su posición original, conteniendo la lápida que estamos tratando. Posteriormente un corrimiento de piedras ha hecho que esté semi oculta, siendo su localización

            Junto a ella, en la parte superior de la peña, esta la segunda.

            Esta lápida de mármol blanco procede casi con toda seguridad del monumento que se erigió en honor de Fletcher y los Ingenieros Reales caídos durante el sitio de San Sebastián de 1813. Sus medidas son 33 cms. de alto por 81 cms. de largo. Originariamente estuvo emplazada en el lugar conocido como Aize – Errota (Molino de viento).

            Existe un documento de la Junta de Gobierno del Museo Municipal fechado el 19 de Abril de 1915, en el que la inscriben como perteneciente a la 3ª Sección de arte moderno, y la catalogan como un donativo con el número 2105. En esta entrada se dice:

            “Lápida conmemorativa inglesa del sitio de San Sebastián de 1813, del monumento que existió en Aize errota (Molino de viento), estribaciones del Oriamendi, frente a Pintoré dominando la costa de San Sebastián”.

            En la inscripción podemos leer:

GEORGIUS

GEORGII * REGNUM UNITUM * REGENS

ET * QUI * REGIAE * MAIESTATI

A * SANCTIORIBUS * CONSILIIS * SUNT

HOC MONUMENTUM

PONENDUM * CURAVERUNT

AÑÑO * SACRO

MDCCCXIIII

             Su estado actual de abandono la hace totalmente ilegible, ya que su cara principal está completamente expuesta a los elementos climatológicos.

            Aprovechando que mencionamos a Sir Richard Fletcher, me gustaría indicar que hay una gran controversia sobre el lugar en el que fue enterrado este ilustre y respetado militar.

            Existe en San Sebastián la opinión, sostenida por algunos escritores, que los restos de Fletcher se encuentran enterrados en el Cementerio de "Los Ingleses" del Monte Urgull. Sin llegar a afirmar o negar el hecho, voy a exponer una serie de circunstancias que atañen al mismo.

Grabado realizado por el Coronel Claudius S.Shaw en 1836,
en el que puede verse, a la izquierda, el desaparecido mausoleo de Fletcher en el Molino de Viento.

            Según testimonios de autores contemporáneos, Sir Richard Fletcher, con otros oficiales de Ingenieros, fue enterrado en los Altos de San Bartolomé.  No debemos confundir su emplazamiento con el del posterior cementerio de San Bartolomé, fundado en la década de 1850.

            Posteriormente, el Coronel Shaw, perteneciente a l cuerpo de Artillería de la Reina durante la I Guerra Carlista, y ya veterano en San Sebastián, al haber intervenido también como artillero en el sitio de 1813, en un librito publicado con el título “Description of the Panorama of San Sebastián”, refiriéndose a las operaciones del 5 de Mayo de 1836, describe las mismas aludiéndolas y comparándolas con las operaciones efectuadas durante la Guerra de Independencia, desarrolladas en esos mismos escenarios. Después de presentar el teatro de operaciones, dice lo siguiente:

 

“The small monument near the windmill was erected to the memory of Sir Richard Fletcher, Capitán Rhodes and Collier, and Lieutenant Machel of the Royal Engineers, who were killed during the siege in 1813”.

 

“El pequeño monumento junto al Molino de viento, ha sido erigido a la memoria de Sir Richard Fletcher, Capitanes Rhodes y Collyer y Teniente Machel, de los Ingenieros Reales, que murieron durante el sitio de 1813”.

 

            Me queda apuntar sólo unos restos en piedra arenisca, encontrados en la tumba de Sara, mujer del Inspector General de los Hospitales de la legión Británica, alusivos a Fletcher y sus compañeros ingenieros, que seguramente pertenecen a otro monumento o tumba, ya sea la de Aize-Errota o a la propia tumba del alto de San Bartolomé. De todas maneras, no pierdo oportunidad de insistir en la enorme “casualidad” de que esta lápida se encuentre aquí.

 

 

San Sebastián en la época de la I Guerra Carlista.
A la derecha, en la parte inferior, señalado en rojo, se puede ver el comienzo del arenal donde cayó mortalmente herido Fletcher.

        En un artículo firmado por el Coronel E.A. Macartney-Filgate, cuya copia facilitó amablemente a mi padre el asistente de la librería del Instituto del Real Cuerpo de Ingenieros, Mrs. M. Magnuson, por mediación de Mr. Yuill, otro británico apasionado de nuestra historia, puede leerse:

            “El coronel Sir Richard Fletcher, a cuya pericia deben su eficacia las famosas líneas de Torres Vedras, murió el 31 de Agosto de 1813, durante el segundo asalto a San Sebastián. Se encontraba comentando con Sir Thomas Graham la situación del combate a consecuencia del fracaso de los primeros ataques a la brecha abierta en la muralla de la fortificación, al descubierto, en las proximidades del cruce del río Urumea, en un lugar conocido como el Arenal de Gros, lugar en el que murió.

            Su cuerpo con el de otros oficiales ingleses fue enterrado en el alto de Aitzerrota (Molino de Viento) en la finca que hoy se llama “La Cumbre”, propiedad del Duque de Tovar.

            Fue erigido un sencillo monumento, cuya descripción está en poder del conservador del Museo Municipal de San Sebastián, Don Pedro de Soraluce. Durante la Primera Guerra Carlista en 1836, el monumento fue respetado tanto por los carlistas como por los cristinos, pero desapareció, en algún momento, hace unos 50 años aproximadamente, a causa de las remodelaciones de la ciudad y sus suburbios. Simultáneamente, en la ladera escarpada de las alturas de la Mota que dominan el Golfo de Vizcaya, fueron colocadas varias lápidas rusticas conmemorativas de los oficiales británicos de la British Legion que lucharon por la causa cristina en 1836, siendo colocada una más en memoria de sir Richard Fletcher. Es de resaltar que esta no tiene nada que ver con su sepultura o con el monumento original, siendo posiblemente colocada en este lugar como compensación por la destrucción de la sepultura y mausoleo originales.

            El lugar en el que cayó – Arenal de Gros – está situado en la orilla Este del Urumea, al pie de las colinas de arena del Chofre (Chofre Sandhills),en el que estaban emplazadas las principales baterías de brecha; el lugar en el que fue enterrado está situado al oeste del río Urumea, en las alturas de San Bartolomé.