Lunes, 28 de Junio de 1813   

Comienza el Sitio 1º Día

                          Tras la retirada del grueso del ejército, la plaza empieza a prepararse para el enfrentamiento. Los grupos rezagados son incorporados a la guarnición. El último destacamento francés en cruzar las murallas del frente de tierra de la ciudad, para reforzar su guarnición, lo hizo este día,y consistía únicamente en 16 artilleros.

                        Como ya he señalado anteriormente, los grupos aislados de rezagados eran rápidamente incorporados a la guarnición de San Sebastián. Algunos de estos grupos, durante su retirada, se comportaron de manera cruel con la población. No era algo sorprendente ni un hecho aislado. Esa actitud había sido la pauta general durante los cinco años de ocupación en todo el territorio nacional. Durante su retirada saquearon el pueblo de Hernani, no respetando ni siquiera a sus partidarios, como era el caso del alcalde de esta localidad. Hay una crónica del convento de Santa Brígida, recogida por el historiador Sánchez Arreseigor en la que se cita:

                         "algunas partidas sueltas, antes de cerrarse en la ciudad de San Sebastián, se lanzaron sobre estos pueblecitos como torrente desbordado, llevando por doquier el exterminio y la muerte. Terribles fueron las atrocidades que aquellas hordas cometieron, sobre todo en la villa de Andoain".

                          No sabemos si son, en efecto, partidas sueltas y descontroladas, o "grupos de suministros" mandados por la guarnición de San Sebastián. Era muy común en el ejército francés la existencia de unidades especializadas únicamente en la obtención, mediante cualquier medio, de suministros para sus unidades. Había auténticos batallones, algunos formados por más de mil hombres, con esa misión de intendencia para con sus unidades, carentes de una sistema de suministros propio e independiente. No es de extrañar que los mandos que se tenían que quedar aislados y bloqueados en la ciudad, requisaran todo lo que se encontraba alrededor de la misma. No hay nada de documentación, hasta el momento, que lo corrobore, pero es una teoría de lo más verosímil.

                        A las dos del mediodía, la vanguardia de la 7ª División del 4º Ejército español, al mando del general español Mendizábal, con unos 8.000 hombres en total, llegaban a las alturas que rodean San Sebastián. La cabeza de estas tropas estaba formada por tres batallones guipuzcoanos, los de Aranguren, Larreta y Calbetón,  que con otros tres vizcaínos, y mandados todos ellos por el Coronel Juan José Ugartemendía, comenzaron inmediatamente el bloqueo por tierra de la ciudad. Las trompetas francesas tocan alarma general. Todos están preparados, hombres y máquinas, para que comience este trágico episodio de nuestra historia.

                     Estas unidades tienen un origen guerrillero, adquiriendo cada vez más importancia hasta ser integradas en el ejército regular. Los batallones guipuzcoanos eran conocidos también como "Voluntarios de Guipúzcoa" o "Partida de Patriotas", que compuestos por unos 1.200 hombres aproximadamente, entre los que destacaba el conocido guerrillero Gaspar de Jáuregui, eran mantenidos por la Junta de la Diputación de la provincia.

                        Hago especial hincapié en lo de "por tierra" a la hora de referirme al bloqueo, ya que gracias a los enormes esfuerzos del capitán de fragata francés Depoge, Comandante de Marina del puerto de San Juan de Luz, a cuyo mando se encontraban varias trincaduras y lanchas armadas, San Sebastián pudo comunicarse durante casi todo el asedio con los cercanos puertos franceses, de los que recibió continuamente refuerzos humanos y materiales. Este medio será el empleado por el General Rey para mantener comunicación con Foy al otro lado de la frontera.

                         La situación de las tropas acantonadas en San Sebastián era muy precaria, ya que no había infraestructuras suficientes para albergar correctamente a todos los hombres. Por este motivo se utilizan cuadras, la muralla de tierra, y las zonas cercanas a la ciudad, como los barrios de San Martín y Santa Catalina, además de  los bastiones de Santiago y San Felipe para el alojamiento de las tropas. Hay que tener mucho cuidado con los nombres de estos dos baluartes, ya que los franceses los denominaban de manera diferente. Al baluarte de Santiago le llamaban de San Juan, y al de San Felipe, de Santiago. Nosotros, en este trabajo nos referiremos a ellos con los nombres utilizados desde tiempo inmemorial por los habitantes de la ciudad, no por el de las tropas de ocupación.

                         Pinot indica también que la única fuente que surtía a la ciudad con agua desde fuera de sus murallas, la tomaba del río Urumea y la conducía hasta el interior de sus muros a través de un acueducto, que lamentablemente, fue cortado por la tropas españolas nada más llegar. En cuanto a los pozos existentes dentro de las murallas, estos tienen un agua de pésima calidad. Por ese motivo, era muy grave y real la amenaza de su falta en caso de darse un asedio prolongado.

                          Este día, el 28 de Junio, Wellington decide cambiar sus planes. La ciudad de Pamplona será bloqueada, no asediada. No confía en las posibilidades de las tropas españolas que se van a desplegar ante ella, y no quiere arriesgar el parque artillero que tendría que poner a disposición de esas tropas aliadas.

                           Por esta razón, este día se decide el futuro de la ciudad de San Sebastián. Inicialmente se planeó un simple bloqueo, pero ante la importancia geográfica de la misma y su entorno, se decide asediarla. En esta jornada se condenó a San Sebastián a sufrir los rigores de la guerra, que como bien sabemos, acabaría por destruirla casi completamente.

  • Vista realizada por ordenador del San Sebastián del s. XVIII por el equipo dirigido por Pi Chevrot y José María Unsain.
    Expuesta en la sala de la Kutxa de San Sebastián-Donostia con motivo de las celebraciones del Bicentenario.

  • Vista realizada por ordenador del San Sebastián del s. XVIII por el equipo dirigido por Pi Chevrot y José María Unsain.
    Expuesta en la sala de la Kutxa de San Sebastián-Donostia con motivo de las celebraciones del Bicentenario.

                            La plaza de San Sebastián ya estaba rodeada por tropas enemigas. 

                            Sería conveniente hacer un desglose sobre las cifras de sus efectivos, tanto humanos como materiales, para hacernos una idea sobre la magnitud real de los futuros acontecimientos.

                         Los batallones formaban parte de un cuerpo de ejército, organizado con toda urgencia bajo el mando del Brigadier Conchy. Procedían de escoltas de diferentes convoyes hasta Irún, desde donde fueron reclamados de nuevo por Foy. Al día siguiente de la formación de este cuerpo, fueron nuevamente reclamados, esta vez para formar parte de la defensa de San Sebastián. Las Águilas Imperiales del 1º y 34º Regimientos de Infantería de Línea, fueron depositadas con todos los honores al cuidado del 64º, que se encargaría de llevarlas hasta los seguros muros de la ciudadela de Bayona. No se podía permitir que cayesen en manos del enemigo si la defensa fracasaba.

                             (Clica sobre los listados para desplegarlos)

 

 

 

 

 

 

                           Como ya se ha señalado anteriormente, el estado del parque artillero de la plaza era muy deficiente, según se desprende de los informes elaborados por los franceses. Veámoslo en detalle.

La distribución de estas piezas está detallada en un informe realizado por Girón.

Armas del Castillo:

Mirando al Mar

Basclocas (sic) Bardocas             3 de 12' de Hierro.

Del Rey de Roma                       2 de 16' de Bronce.

De las Damas                            2 de 18' de Hierro.

Santa Clara                               3 de 18' de Hierro.

                                                1 Culebrina de Bronce.

Mirando a Tierra

Barrera de Santa Clara                2 de 8' de Bronce.

Príncipe                                    2 de 6' de Bronce.

                                                1 Mortero pequeño.

De Napoleón                              4 de 16' de Bronce.

                                                1 obús real.

De la Reina                                2 de 12' de Hierro.

De Dufalgar (sic)                        2 Morteros grandes Bronce.

En el "Machón" no había ninguna pieza.

Armas de la Plaza:

                              "A la parte que mira a la torre de Igueldo, en toda la cortina, desde el Cubo al presidio hay cinco cañones, uno de fierro de 18, (...) tres cañoncitos de 8 de bronce y un obús de id, que cogieron a los ingleses. En el presidio hay tres cañones (dos de bronce de 16 y uno de fierro) y dos morteros.

                            En la Cortina desde el Cubo a la Zurriola:

                                   5 cañoncitos de 12, de bronce.

                                850 hombres de guarnición.

                            En el Muelle, mirando a la Concha y entrada del Puerto:

                                   2 cañones de fierro".

                           Además de lo expuesto, en la plaza había 6.000 o 7.000 fusiles, pistolas, sables, bayonetas, picas y alabardas.

                          Nada más aparecer el ejército español, el fuego de fusilería entre los dos bandos no cesó. La posición del Convento de San Bartolomé se hacía imprescindible para ambos, ya que mientras estuviese en manos francesas, estos podrían preparar todo el terreno del istmo, que se encontraba delante de las murallas de la ciudad. Inmediatamente fue enviado a ocuparlo y defenderlo el batallón del Regimiento 22º. Los españoles no intentaron un ataque directo ese día, contentándose, hacia las 11 de la noche, con disparar los primeros cañonazos sobre las fortificaciones de la ciudad. Estos eran de pequeño calibre, con escaso poder destructivo, por lo que los apoyaron con siete u ocho morterazos más.

                           Los franceses trabajan frenéticamente durante el día y la noche, a pesar de los incómodos disparos españoles. En el puerto se descargan apresuradamente las provisiones de alimentos de una embarcación, mientras las mujeres donostiarras realizan la pesada labor de llenar de agua las cisternas del Castillo. Tenían que bajar hasta un lugar protegido del Urumea, llenar un recipiente de madera que portaban sobre sus cabezas y subir las empinadas cuestas del monte. Los barrios extramurales de San Martín y Santa Catalina son quemados de manera urgente e inmisericorde ante la imposibilidad de derruirlos hasta los cimientos. El puente de madera de Santa Catalina, que unía las dos riberas del rio, también es quemado. El humo empieza a ser un compañero inseparable del aire que se respira en la ciudad, presagio de futuros acontecimientos. Las primeras casas donostiarras, que nunca se han tenido en cuenta en las cuantificaciones totales de las desaparecidas, son pasto de las llamas.

                         Junto al Batallón del 22º defendiendo el Convento de San Bartolomé, se desplegaron otras posiciones que asegurasen los trabajos necesarios para una correcta defensa. Un destacamento de 25 hombres ocupó el Convento de San Francisco, al otro lado del Urumea, apoyado por un sargento y 15 soldados en el contiguo barrios de Santa Catalina. Esta posición al otro lado del río fue abandonada en el transcurso de la noche, tras un breve tiroteo, quemando a continuación el puente. También se ocupó la isla de Santa Clara por otro destacamento formado por 25 soldados, y se situó el Batallón del 62º entre el alto de San Bartolomé y la ciudad, como refuerzo del 22º de Línea.

EN EL ALTO DE SAN BARTOLOMÉ.

  1. Se fortifica el convento, ventanas, puertas y tejados. Se sube una pieza de campaña de 4 pulgadas hasta lo alto de su campanario.
  2. Se prepara un reducto fortificado, situado en el lado más cercano al Urumea, junto al convento. Este reducto era el cementerio de la comunidad   religiosa. Se trataba de una posición muy bien defendida, ya que tenía dos de sus lados protegidos por las pendientes del montículo.
  3. Se fortifican también las casas colindantes a la posición, situadas a los lados del camino que comunica con la vecina población de Hernani. Estas casas ven como sus muros son aspillerados, para albergar contingentes de fusileros.
  4. Se corta esta vía de comunicación en dos puntos mediante fuertes barricadas.

 

EN EL ISTMO.

  1. Se realizó una media luna a base de barriles y sacos rellenos tierra delante de la plaza, en la planicie del istmo. Ese puesto será conocido desde ahora como el "rondeau", y se trabajó muy duro para facilitar las comunicaciones de este nuevo enclave con diversos puntos defensivos de la plaza, facilitando la llegada de refuerzos al mismo en caso necesario.
  2. Se sigue demoliendo lo máximo posible los barrios de San Martín y Santa Catalina, extrayendo la mayor cantidad posible de materiales.   Piedras, ladrillos, metales, vigas y maderas son transportados al interior de la ciudad.

 

 

EN LA CIUDAD Y SUS FORTIFICACIONES.                                                             

  1. Se fortifica y protege el camino cubierto junto al glacis del frente de tierra.
  2. Se protege al máximo el camino de ronda de la muralla principal del frente de   tierra, así como la plataforma superior del Cubo Imperial o Caballero.
  3. Se blindan y protegen los pozos de agua, cuya calidad ha mejorado mucho gracias a la aportada en calderos por las mujeres donostiarras.
  4. Se habilitan al máximo las baterías, tanto de la muralla como del monte Urgull, dotándolas de parapetos que protejan a sus dotaciones, y preparando pequeños almacenes de municiones junto a ellas.

                          Durante la realización de estos trabajos, las tropas españolas no dejaron de hostigar a los trabajadores franceses, de los que 16 quedan fuera de combate, según se refleja en la informe oficial del General Rey al Ministerio de la Guerra del 29 de Junio.

                        Las tropas españolas durante el transcurso de la jornada se limitaron a ocupar y asegurar sus posiciones. El barrio del Antiguo es ocupado, y se avanza por la orilla derecha del Urumea, hasta chocar con la guarnición de San Francisco, como ya se ha apuntado.

                    Desde el castillo, al anochecer, se divisan las primeras velas de buques británicos.

Voluntarios del 1º y 2º Batallones y Suboficial del 3º

Martes, 29 de Junio de 1813.

2º día de Sitio.

                            Por la tarde, los batallones españoles  atacaron las posiciones elevadas que rodeaban la ciudad, y en especial la altura del convento de San Bartolomé. El ataque se confió a los tres batallones Guipuzcoanos que formaban parte de la 7ª División del IV Ejército español.

                         El convento fue abandonado por el Batallón del 22º, tras haber interpretado erróneamente una orden, quedándose solos los ingenieros que trabajaban en su fortificación, quienes, viéndose en inferioridad numérica, procedieron a replegarse. Rey ordenó inmediatamente reconquistar la posición por el mismo Batallón que la había abandonado. Este ataque fue brillantemente realizado por los hombres del 22º, con el apoyo del otro batallón, el del 62º, que se encontraba en reserva. Gracias a una carga a la bayoneta que desconcertó a las filas atacantes, la lucha duró apenas cuatro horas. A pesar de la confusión reinante en el lugar, los franceses apenas sufrieron bajas.

                            Tras esta acción, los españoles emplazaron una batería de dos cañones en el barrio del Antiguo, desde la que bombardearon la zona del puerto, sin causar daños a los buques franceses. También se posicionan frente al convento, iniciando una serie de acciones destinadas a obstaculizar los trabajos de demolición de los barrios extramurales, por parte de los ingenieros franceses.

Miércoles, 30 de junio de 1813.

3º día de sitio.

                            La jornada amanece con un tiempo agradable, el típico día de finales de Junio en la costa Cantábrica. En San Sebastián los trabajos de los franceses continúan, centrándose principalmente en el convento de San Bartolomé y su reducto, pero no hay ninguna acción digna de destacarse.

                        En el cercano pueblecito costero de Deba se encuentra preparando el desembarco de pertrechos otro de los protagonistas de esta historia, ya que muchos de los datos de este estudio están sacados de sus cartas personales, publicadas por su viuda el año 1859. Se trata del Teniente Coronel de Artillería británica Sir Augustus Simon Fraser. Disfruta de la brisa paseándose por la arena de la playa, ajeno a los futuros acontecimientos que sin duda marcarían su vida hasta el final de sus días. En el puerto pesquero de la localidad se encuentra la fragata H.M.S. Surveillante, reparando los desperfectos ocasionados por un pequeño incendio que se produjo en la zona de la tripulación, que momentáneamente la ha dejado fuera de combate.

                        Otro buque que también intervendrá en el bloqueo de San Sebastián de manera destacada, la H.M.S. Lyra, se está empleando en labores de transporte de materiales y suministros desde el puerto de Santander.

                          El cuartel general del Teniente General Graham está situado este día en la villa de Tolosa.

                        Los franceses sólo controlan dos enclaves en toda la costa cantábrica al oeste de San Sebastián, Santoña y Guetaria. En esta última se defiende una guarnición de 447 hombres, aislada por tierra del resto de sus compatriotas. A su alrededor el territorio está totalmente dominado por tropas enemigas, principalmente de guerrilleros, que ocupan la vecina Zumaya con dos compañías. Rey recibió la orden de Jourdan de que se procediera  a la evacuación de esta guarnición. Para ello organizó una pequeña flotilla compuesta por varias lanchas y cuatro trincaduras, que zarpó inmediatamente. También recibió la orden de rescatar la guarnición que defendía el puerto de Pasajes.

Guetaria (1794)

Jueves, 1 de julio de 1813.

4º día de sitio.

                             Por la tarde, las tropas francesas, evacuaron  Guetaria, defendido hasta el momento por el ya mencionado destacamento, de los que 250 hombres pertenecían al 3º Batallón de Cazadores de Montaña, al mando del Comandante Louis de Luppé, y el resto por soldados del 119º de Línea. Estas tropas llegaron por mar hasta San Sebastián, reforzando las filas de los defensores. En el transcurso de esta evacuación, los franceses efectuaron la destrucción de las fortificaciones, arrojaron la pólvora al mar, e inutilizaron los cañones, que tenían que dejar abandonados en el pueblo. Nada más zarpar, un destacamento español ocupó el castillo. Pobres infelices. Desconocían que el astuto Luppé había dejado encendida una mecha lenta conectada a un polvorín. El castillo saltó por los aires y con él no menos de 50 soldados.

                            El otro puesto con guarnición francesa, como ya hemos mencionado, era el puerto de Pasajes, o del Pasaje, como lo mencionan en las cartas privadas casi todos los oficiales. Estaba defendido por un destacamento de 136 soldados franceses, que se refugiaron en el castillo de la bocana del puerto. La orden de abandonar esta posición no había llegado a tiempo. El primer correo, enviado por tierra no pudo llegar, lo mismo que una embarcación salida desde San Juan de Luz. Rey la noche anterior había mandado tres lanchas, pero la suerte de estos pobres soldados ya se había decidido. Las lanchas fueron recibidas con un nutrido fuego de fusilería por parte de los hombres de Longa, que ya ocupaban el castillo. Los franceses se habían rendido a los aliados esa misma noche. La posesión de este puerto era importantísima, ya que podía ser la base perfecta para el desembarco de todos los materiales necesarios para el sitio de la plaza y para la línea del frente, que discurría a lo largo de la frontera con Francia.

                         En el puerto de San Sebastián se descarga apresuradamente un buque llegado desde San Juan de Luz, en el que llegan para reforzar la guarnición 46 artilleros al mando del Capitán Hugon, y 11 obreros.

                          Las tropas españolas desplegadas frente a San Bartolomé permanecieron inactivas, a excepción de varios destacamentos que se acercaron avanzando por la orilla derecha del Urumea, tras excavar una trinchera desde el convento de San Francisco que llegaba al estribo del puente quemado, para, desde allí,  comenzar a hostigar con fuego de mosquetería a los franceses que trabajaban en el destruido barrio de Santa Catalina, ocupados en retirar escombros y materiales que pudieran serles útiles para la defensa de la plaza.

                         Mendizábal ordenó el corte del acueducto de Morlans, que abastecía de agua a la ciudad. este detalle era importante, pero la optima situación de los pozos, gracias a las mujeres donostiarras, y como también se verá, al tiempo extremadamente lluvioso, para la época del año en que estamos, hace que no tenga la importancia que en un principio se le dio.

                            Fraser sigue aún en Deba, y ve como aprovechando la marea y la brisa de la tarde la fragata "Surveillante" zarpa para unirse a la escuadra que va a bloquear San Sebastián. Este mismo día, otro oficial, en este caso un Teniente francés del cuerpo de Ingenieros, a muchos kilómetros de distancia, recibe una carta del General Conde Reille, Comandante en Jefe del Ejército de Portugal, en la que se le ordena desplazarse urgentemente a San Juan de Luz junto al Mariscal Jourdan, para desde allí, embarcarse en Socoa y acudir en ayuda de sus compatriotas sitiados. Se trata de Albert Goblet D'Alviella.

                           La situación en cuanto a los suministros existentes en la plaza no era muy preocupante. La cercanía a las costas francesas, aseguraba un suministro por mar constante. Existe un inventario de los alimentos este día, en el que se detallan los existentes en la plaza antes de la requisa realizada a los civiles, lo requisado, y finalmente lo recibido por vía marítima. Está extraído de la obra de Belmas, en la que figura como firmado por De Songeon.

                         Como se puede apreciar, si se hace la conversión a las mediadas actuales, estamos hablando de unas cantidades de suministros inmensas, que incluso algún profano en la materia calificaría de imposibles, pero no deberían sorprendernos, ya que el suministro para una guarnición de más de 3.000 hombres durante tantos días requiere, sin lugar a dudas, cifras similares.

                           Por un Decreto Imperial, el Mariscal Soult es nombrado Lugar Teniente del Emperador, General en Jefe de todos los ejércitos en España, y Comandante General de las Provincias del sur de Francia. Hasta el día 13 del mes no tomará posesión efectiva del mando. Este nombramiento significará en un futuro, la reorganización de todas las fuerzas francesas, y una mayor efectividad de estas en las distintas acciones que se desarrollarán a lo largo del verano en la frontera.

Viernes, 2 de Julio de 1813.

5º día de sitio.

                             Amanece un nuevo día frio y lluvioso, en el que solamente durante un corto período de tres horas el Sol se impondrá a las inclemencias, creando un ambiente húmedo y asfixiante.

                             Ambos ejércitos permanecen a la expectativa, fortaleciendo sus respectivas posiciones. No hay nada especialmente reseñable durante esta jornada.

                             Las tropas inglesas, distribuidas por los territorios vasco navarros, están sorprendidas por lo diferentes que son los moradores de estas tierras. Tenemos una carta de primeros de mes escrita por Seymour  Larpent, oficial del servicio jurídico militar en la que describe este detalle, siempre desde la visión y mentalidad de superioridad británica:

                             (...) Los últimos quince días sólo hemos encontrado personas en Navarra muy  estúpidas, y con su incomprensible idioma.  No entiendo bien el castellano, pero tienen una jerga propia, muy bárbara, y el poco español que he logrado hasta ahora, por lo tanto, no sirve de nada, y  estoy casi reducido al estado de las personas sordas y mudas, teniendo que recurrir a las señales.

Sábado, 3 de Julio de 1813.

6º día de sitio.

                            Igual que el anterior, amanece un día fresco, casi se podría decir que otra vez con frio, a ratos lluvioso, y con mucho viento.

                         Los ingleses aislaron "completamente" la ciudad por vía naval, ya que la sometieron a un férreo bloqueo gracias a la escuadra de Sir George Collier, reforzada por la llegada de la fragata H.M.S. "Surveillante". Los otros buques que componían esta flota eran la corbeta H.M.S. "Freija" (o Freya), dos bricks y más de 50 peniches armados. Los principales buques que componen esta flotilla responden a los nombres de H.M.S. "Beagle", H.M.S. "President", H.M.S. "Revolutionnaire" y H.M.S. "Challenger". El número de los mismos variaba de un día a otro, llegando unidades nuevas y zarpando algunas de las veteranas. En esta fase del bloqueo, la unidad más potente era la fragata "Surveillante".

                             Wellington no se encuentra nada conforme con la situación imperante en la costa. No se siente seguro por la cercanía de Francia. Esta sensación se verá incrementada por la falta de fuerzas navales desplegadas por el Almirantazgo. Las consecuencias las veremos en el transcurso de este trabajo.

                    Las noticias exteriores, que antes se recibían de manera continua, dejan súbitamente de llegar a los franceses, y a partir de este momento lo harán de manera sesgada y puntual, por lo que el General Rey organizará una salida de la guarnición para las nueve de la noche con el objetivo de hacer prisioneros, y así intentar obtener información concreta que le indique a qué se enfrenta. Se formaron tres columnas de ataque con un total aproximado de 1100 hombres, pertenecientes al 22º, al 62º y a los cazadores de montaña, estos últimos mandados por De Luppé.

                            De las tres columnas atacantes, la de la derecha, mandada por De Luppé, tenía como objetivo tomar prisionera a toda la guarnición española que defendía la iglesia del Antiguo . La segunda, bajo el mando de De Sailly, con 300 hombres del 22º, tenía que avanzar hacia el Alto de Ayete por la carretera de Hernani. Tras ella tenía el apoyo de 200 hombres en reserva, además de un destacamento de zapadores y gastadores, mandados por los capitanes Saint George y Montreal. Esta columna central tenía que coordinarse en todo momento con la columna de la izquierda, la más numerosa, compuesta de 400 hombres del 62º, a las órdenes de Blanchard. Esta última avanzaría por la orilla del río para, después, girar a la altura de Morlans  hacia la retaguardia de las tropas españolas que asediaban el convento de San Bartolomé.

                            Los españoles se percataron de esta salida francesa al descubrir a la columna de Luppé, curiosamente, la más pequeña y la última en partir. Las tropas españolas no presentaron batalla, retrocediendo según avanzaban las francesas. Cuando los soldados imperiales estimaron que se encontraban a una distancia peligrosa, dejaron de alejarse de la seguridad que les daban las fortificaciones de la ciudad, y volvieron sobre sus pasos.

                             La salida logró los resultados buscados, ya que se hicieron algunos prisioneros, gracias a los cuales, se supo que las tropas de bloqueo estaban compuestas únicamente por los batallones españoles, que las tropas anglo-portuguesas ya ocupaban el cercano pueblo de Hernani, y que Longa, jefe de la 6ª División Ejército español, estaba desembarcando en Pasajes todo el equipo que iban a emplear en el asedio.

Domingo, 4 de Julio de 1813.

7º día de sitio.

                        Tras la salida francesa del día anterior, ambos bandos vuelven a sus posiciones previas.

                              Lo más resaltable de este día es que Wellington ordena a los oficiales de su Estado Mayor organizar el sitio de la ciudad de San Sebastián. Aunque ya había sido decidido, la orden que decidió el destino de la ciudad se dictó ese día. Desde este momento, la enorme maquinaria de los ejércitos aliados, en este caso, principalmente el anglo-portugués, se pone en marcha. La rueda de la guerra se detendrá en nuestra ciudad.

                           Hay un intenso movimientos de despachos desde Lanz, población en la que Wellington tiene establecido su Cuartel General. Con esta fecha se ordena a Sir George Collier intentar impedir las comunicaciones por mar de San Sebastián, se comunica al oficial del Departamento de Transportes de Bilbao que se prepare el tren de asedio para embarcarlo rumbo a Pasajes, y al Mayor Smith, el oficial de Ingenieros destacado en el lugar mientras Fletcher está organizando el bloqueo de Pamplona, se le ordena que vaya preparando un plan así como los elementos necesarios para efectuar el asedio.

                           Wellington lamenta el que no puedan considerar a las tropas españolas aptas para convertir el bloqueo en un asedio. Estas tropas hubieran podido ahorrar muchos hombres a los luso-británicos. Las tropas aliadas han perdido muchos hombres desde el día 21 de Junio, fecha de la Batalla de Vitoria, aunque la mayoría se deben a causas "irregulares", tal y como las califica en el Despacho al Teniente General Graham. Ese adjetivo enmascara la terrible realidad del ejército aliado.

 

                              En casi todos los despachos se puede destacar la repetición de la misma frase  por el Marqués de Wellington:   "Estoy muy ansioso por atacar ese lugar"

 

Lunes. 5 de Julio de 1813.

8º día de Sitio.

                            El Teniente General Sir Thomas Graham ya está en Hernani, al lado de San Sebastián.

                            Durante la noche del 5 al 6, después de romper el bloqueo marítimo, volvió el Comisario de Guerra Robert, que había salido de la ciudad unos días antes con refuerzos, un cirujano,  abundantes víveres (harina, tocino e incluso aguardiente) y municiones huecas.

                              El Teniente Coronel Fraser viaja hasta Hernani, donde cena con Graham. Después de charlar animadamente en la mesa sobre cómo se van desarrollando los acontecimientos, acuerda inspeccionar la ciudad el día siguiente.

Martes. 6 de Julio de 1813.

9º día de Sitio.

                            A las 6 en punto de la mañana, tal y como se había acordado en la mesa del General Graham, El Teniente Coronel Fraser tenía preparado su caballo para acercarse a la plaza de San Sebastián. El grupo lo formaban tres oficiales de alta graduación, ya que junto a él cabalgaría el Mayor Smith y el Capitán de Fragata Sir George Collier, al mando de la escuadra de bloqueo.

                            El Mayor Charles F. Smith, del cuerpo de ingenieros, y jefe provisional de estos hasta la llegada de Sir Richard Fletcher, reconoció exhaustivamente las fortificaciones defensivas de la plaza. Este ingeniero ya había destacado anteriormente por sus habilidades en el sitio de Tarifa. Propuso un proyecto de ataque basado en el establecimiento de baterías en las alturas y arenales del Chofre, las cuales cumplirían el triple objetivo de destruir los flancos de las murallas, enfilar el frente principal, conocido como Frente de Tierra, y practicar una brecha. Las brechas conseguidas en las murallas laterales, en el frente de la Zurriola, serían accesibles al ataque de la infantería únicamente durante la marea baja. Esta limitación del tiempo de accesibilidad era el punto de debilidad más acusado del plan de ataque. El ejemplo que usó para basar su proyecto, era que había sido utilizado anteriormente para rendir Fort Bourbon, en las Indias Occidentales. Este proyecto lograría los objetivos deseados sin tener que experimentar pérdidas considerables. Para atacar las fortificaciones del Frente de Tierra y del castillo se emplearía el denominado fuego de tiro vertical.

                           Burgoyne se opuso desde su llegada a este plan, ya que, según decía, el ataque de la cortina Oeste sin haber tomado antes el hornabeque causaría muchas bajas entre las tropas aliadas. Lamentablemente el tiempo le dará la razón. Este asedio no debía ser más que un simple acontecimiento ordinario de la campaña peninsular, y nadie podía figurarse que estaban a punto de participar, en unos hechos que alcanzarían enorme celebridad por la cantidad de bajas que se producirían, sobre todo del lado aliado.

                           Lord Wellington no confiaba mucho en la efectividad del tipo de bombardeo aconsejado por Smith, pero aún así dio su visto bueno, ordenando comenzar el asedio. Más tarde fue injustamente acusado de no haber sabido aplicar correctamente las artes de la guerra. Esto era injusto, ya que entre sus premisas destacaba la de no meter prisa a los ingenieros reales, a los que dijo:

                       "Tomad la Plaza de la manera más rápida, pero sin comprometeros en ningún momento por demasiada precipitación".

                        Por otro lado, según los historiadores ingleses, el principal mando de las tropas aliadas frente a la plaza, Sir Thomas Graham, a pesar de tener una inteligencia muy viva, solía pecar de irreflexivo en algunas ocasiones, abandonando sus juiciosas apreciaciones influenciado por los que le rodeaban, que adolecían de peores capacidades deductivas que él.

                        Fraser se fijó en la posición dominante, sobre el istmo, del convento de San Bartolomé. Por su mente no pasaba otra idea que no fuera la de que era necesario tomarlo. Debía ser el primer objetivo del sitio. Sospechaba, como así fue, que alguno de sus superiores no estuviese de acuerdo con él, pero eso le daba igual, tenía que defender su postura y así lo haría.

                           Las tropas españolas, que por falta de medios materiales se habían limitado a realizar sólo el ataque fracasado a San Bartolomé, y alguna tentativa de bombardeo, son relevadas por las anglo-portuguesas, mandadas por el General Sir Thomas Graham. A pesar de haber sido sustituidas, no abandonaron la zona hasta el día 13.

                           Este día termina la participación en el asedio de las tropas españolas. Existe un curioso documento, en forma de estadillo, en el Archivo Provincial de Guipúzcoa, firmado por el mismísimo Gaspar de Jáuregui, en el que se evalúan las pérdidas sufridas por los tres Batallones Guipuzcoanos  hasta su relevo por los aliados.

Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa.

        11 muertos y 21 heridos.

Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa.

        5 muertos, 27 heridos y 4 prisioneros.

Batallón de Voluntarios de Guipúzcoa.

        19 heridos.

                          Es de recalcar que no hubo ninguna baja entre los oficiales, y que a la hora de presuponer bajas al enemigo, estas se disparan para mayor gloria personal de los interesados. En ese apartado mencionan que han herido a 2 oficiales franceses, matado a 130 soldados y herido a otros 287. Un "poco" exageradas a mi humilde entender.

                      Esta primera parte el nuevo ejército sitiador estaba compuesto por las Brigadas portuguesas mandadas por J. Wilson y Thomas Bradford, reforzadas por varios destacamentos de la King's German Legion del Coronel Halkett, que fueron los primeros en llegar, pertenecientes a la 1ª División. Estos voluntarios alemanes, venían de sostener un durísimo combate con los franceses en la localidad de Tolosa, del que ya hemos hablado. La 5ª División británica se encontraba en Salvatierra, avanzando a toda velocidad hacia el objetivo que se le había asignado, sitiar San Sebastián. Está mandada por del General James Leith, pero se encontraba provisionalmente bajo las órdenes del General Oswald, al encontrarse el primero reponiéndose de una herida sufrida en la Batalla de Salamanca, por lo que se había retirado momentáneamente para recuperarse a Inglaterra. También contaría con artilleros y marinos procedentes de la fragata Surveillante mandados por el Teniente O'Reilly, y unos 100 zapadores y minadores del ejército regular británico.

 

 

                     La artillería que se destinaba al asedio era nueva, y originariamente estaba destinada al sitio de la ciudad de Burgos.

                           Consistía en:

 

 

                           Todo esto hacía un total de 40 bocas de fuego, mandadas por el veterano y respetado Coronel Dickson. Esta artillería, desembarcada en el puerto de Pasajes, distante sólo milla y media de la ciudad, podía ser fácilmente transportada, ya que las comunicaciones no eran excesivamente malas, y para facilitarlas aún más, los ingenieros ingleses habían construido un puente de pontones sobre el Urumea, fuera del alcance de la guarnición asediada.

                            El regreso a Hernani del grupo de oficiales británicos fue largo y pesado, ya que a consecuencia de un despiste se perdieron. No llegaron al cuartel general de Graham hasta las 10 de la noche. En la cena se discutieron las posibilidades, y en efecto, aunque todos los oficiales coincidían en cual tendría el honor de ser el primer objetivo, diferían en el modo de atacarlo. A petición del General expuso su plan de ataque, y chocó con el del Coronel Hartmman, que estaba al mando, en funciones, de la artillería de Graham, al menos hasta la llegada de Dickson. Finalmente, el elegido en la mesa fue el plan de Fraser.

Miércoles. 7 de Julio de 1813.

10º día de Sitio.

                     Este nuevo ejército sitiador se componía de la 5ª División inglesa del General Sir J. Leith, cuyo grueso venía desde Salvatierra, de las Brigadas portuguesas de Wilson y Bradford, ya presentes, lo mismo que  los batallones de la Legión Alemana (King's German Legion) del Coronel Halkeltt, precisamente los primeros en llegar. Estos venían de sostener un duro combate con las tropas francesas en Tolosa. También faltaban aún las tropas de ingenieros a las ordenes de Sir Richard Fletcher y Sir John F. Burgoyne, y las fuerzas artilleras mandadas por Coronel Dickson, ambos cuerpos imprescindibles para el desarrollo de un asedio. El total aproximado entre todas superaba los  10.000 efectivos.

                    Pero veamos más detenidamente sus unidades y regimientos:

 GENERAL EN JEFE         

Teniente General Sir Thomas Graham de Balgowan.

 INFANTERÍA

5ª DIVISIÓN BRITÁNICA

Al mando del General Oswald (sustituye al General Leith, que está herido).

          BRIGADA INGLESA

         Al mando del Mayor General Hay.

                    1º de Infantería de Línea "Royal Scots".

                                               3º Batallón.

                   9º de Infantería de Línea  "East Norfolk".

                                               1º Batallón.

                  38º de Infantería de Línea  "1º Staffordshire".

                                               1º Batallón.

                    Una Compañía de los "Brunswick Oels Jägers"

          BRIGADA INGLESA

         Al mando del Mayor General Robinson.

                    4º de Infantería de Línea "King's Own".

                                               2º Batallón.

                  47º de Infantería de Línea "Lancashire".

                                               2º Batallón.

                  59º Infantería de Línea "2º Nottinghamshire"

                                               2º Batallón.

                   Una Compañía de los "Brunswick Oels Jägers"

          BRIGADA PORTUGUESA

         Al mando del Mayor General Spry.

                    3º Infantería de Línea (1º de Olivença)

                  15º Infantería de Línea (2º de Olivença)

                    8º de Caçadores.

          BRIGADA PORTUGUESA

         Al mando del Mayor General Bradford.

                    13º Infantería de Línea (Peniche)

                   24º Infantería de Línea (Bragança)

                     5º de Caçadores (Campomayor).

          BRIGADA INDEPENDIENTE PORTUGUESA

         Al mando del Mayor General Wilson.

                      1º Infantería de Línea (La Lippe-Lisboa)

                   16º Infantería de Línea (Viera Telles)

                     4º de Caçadores (Vizeu).

         ARTILLERÍA

        COMANDANTE DE LA ARTILLERÍA DE ASEDIO

         Teniente Coronel Alexander Dickson

              OFICIALES

 Británicos y Alemanes.

Teniente Coronel Hartman, K.G.L., al mando.

 Ataque de la Izquierda.

Capitán Morrison.                                         Teniente Oldham.

Capitán Power.                                           Teniente Story.

Teniente Mielman, K.G.L. (herido grave)         Teniente Stanway.

Teniente Shaw.                                          Teniente Goeben, K.G.L.

Ataque de la Derecha.

Teniente Coronel May, en funciones de General.

Teniente Coronel Fraser.

Mayor Webber Smith.                       Teniente Ord, Brigada Mayor.

Capitán Dubourdieu (muerto).           Teniente Brereton.

Capitán Parker.                                Teniente England.

Capitán Dansey.                               Teniente Heron.

Capitán Deacon.                               Teniente Hardinge.

Capitán Macdonald.                           Teniente Harding.

Teniente Johnstone.                         Teniente Pascoe.

Teniente Blachley.                             Teniente Monro.

Teniente Williams.                             Teniente Macbean.

Artillería Portuguesa.

Mayor Arriaga.

         1 Capitán.

         6 Tenientes.

 Artillería de la Royal Navy

          H.M.S. Surveillante.

         Teniente O’Rielly.                            Guardiamarina Mr. Harvey.

         Teniente Dunlop (herido grave).        Guardiamarina Mr. Newbys.

                                                              Guardiamarina Mr. Marsh.

         H.M.S. Lyra.

         Maestre Bloye

          H.M.S. Sparrow.

          Maestre Lost.       

                    TROPA

                    Clases y soldados de Artillería Inglesa.                  369

                    Clases y soldados de Artillería Portuguesa             107

                     Marineros en las Baterías                                    50

                      La división realizada entre "Ataque de la Izquierda" y "de la Derecha", solamente es válida a partir de la toma del Convento de San Bartolomé, y el inicio del bombardeo sistemático de las murallas de la plaza, desde las baterías preparadas, para abrir brecha.

                         El número de artilleros nunca fue constante durante el sitio, ya que varió mucho en función del aumento o disminución del número de piezas. Así mismo, estuvieron asignados al cuerpo de artillería numerosos grupos de trabajo, sobre todo pertenecientes a las unidades portuguesas, que en algún momento llegaron al medio millar de hombres.

          INGENIEROS

          COMANDANTE EN JEFE DEL CUERPO.

         Teniente Coronel Sir. Richard Fletcher, Bart, al mando (muerto).

          OFICIALES

         Teniente Coronel J. F. Burgoyne (herido).

         Capitán Geo. Henderson.               

         Capitán G. G. Lewis (mal herido).

         Capitán Charles Rhodes (muerto)    

         Capitán Richard Boteler.

         Capitán C. G. Ellicombe, Mayor en funciones.     

         Capitán George Collyer (muerto).

         Capitán C. F. Smith, Mayor en funciones.

         Teniente F. Stanway.                                 

         Teniente W. Reid (herido).

         Teniente H. D. Jones (herido grave y prisionero).

         Teniente E. Matson.

          Teniente A. Marshall (herido).                    

         Teniente L. Machell (muerto).

         Teniente Philip Barry (herido).                   

         Teniente H. Wortham.

         Teniente H. A. Tapp (herido).

         Cuatro subtenientes.

         305 hombres del real cuerpo de zapadores y minadores.

                       Pertenecían a la 5ª, 7ª y 8ª Compañías del 2º Batallón, y a algunos destacamentos de las 6ª y 7ª Compañías del 1º Batallón. En la parte final del asedio se unieron algunos componentes de la 2ª Compañía del 2º Batallón.

                            Disponían aproximadamente de 4000 herramientas de trinchera, y una amplia oferta de artículos más pequeños.

                            Con anterioridad a las Guerras Napoleónicas, era costumbre rendir una plaza en el momento en que la brecha abierta en sus murallas era practicable por los atacantes. Desde el año 1809, tras las instrucciones dictadas por el propio Emperador al Gobernador de Amberes, esta costumbre desapareció. Había que agotar todos los medios de defensa con que disponía la plaza sitiada. Se dictó un Decreto Imperial que decía así:

                             "El Gobernador de una Plaza no debe olvidar jamás que defiende una de las avenidas de la Patria, un     punto de apoyo de sus ejércitos, y que del retraso o adelanto de un día en la rendición puede depender la salvación de un país. No debe olvidar que las leyes condenan a muerte y degradación militar al Gobernador culpable de capitulación, que no haya    agotado todos los medios de defensa y no haya cumplido con lo que mandan el deber y el honor".

                          No era necesario recordar al General Rey este edicto. Era un militar enérgico y firme. Ante el inminente asedio que se avecinaba, el General Rey ordenó una requisa general de toda arma o herramienta susceptible de poder ser utilizada contra ellos por la población civil. La orden decía taxativa y literalmente:

                             "sin dejar ni un sólo espadín".

                             Fraser salió temprano por la mañana, desde sus aposentos de Hernani, para presenciar de primera mano los preparativos que se estaban realizando para atacar el convento. Cerca del objetivo se cruzó y saludó con el Coronel Halket, de la Brigada Alemana, que dirigía a un variopinto grupo de artilleros, entre los que se encontraban mezclados algunos españoles. Transportaban seis cañones portugueses y un mortero (howitzer) inglés. Se dirigían hacia el terreno elegido por Smith para levantar la batería desde la que se bombardearía el convento. El pobre Smith estaba muy atareado ordenando despejar el terreno de árboles frutales, tan típicos en estas tierras, y mandando derribar un muro que incomodaría mucho a las dotaciones de los cañones.

                           No pudo hacer otra cosa que sonreír ante el espectáculo que tenía delante, y así siguió mientras se recostaba, tranquilamente bajo la sombra de un manzano. En su carta con fecha  nos describe lo sucedido, gracias a la cual, podemos imaginarnos a los oficiales británicos ordenando enérgicamente a los artilleros portugueses, mientras estos responden con toda la tranquilidad del mundo.

                           A pesar de esto, las baterías preparadas contra el convento abrieron fuego. La parsimonia de los artilleros portugueses tuvo sus frutos, ocasionando que sólo pudiesen abrir fuego tres de sus cañones. Fraser estuvo viendo el bombardeo hasta las primeras horas de la tarde, momento en que los portugueses habían acabado con casi todas sus municiones.

 

                        El Teniente Coronel nos relata que no se logró una cadencia de tiro óptima, pese a lo cual, el convento, a primera hora de la tarde, ya presentaba un aspecto lamentable.

                         A eso de la 4 horas se retiró a cenar con otros oficiales amigos a un caserío, que había sido ocupado por estos para pernoctar esos días. Uno de estos oficiales es el Capitán Ramsay, que se encontraba arrestado por orden directa de Wellington, desde el 23 de Junio, tras la batalla de Vitoria. Este arresto, según todas las lenguas era totalmente injusto, pero el Marqués se mostraba inflexible a pesar de las recomendaciones de todos los que le rodeaban. No me extenderé en este asunto, ya que forma parte de otra historia.

Jueves. 8 de Julio de 1813.

11º día de Sitio.

                            El tiempo se estropeó durante la noche del siete al ocho, amaneciendo un día desagradable, con fuertes lluvias acompañadas de grandes truenos. A pesar de este contratiempo, los oficiales ingleses tienen que trabajar en el puerto de Pasajes descargando algunos transportes que llegan. El día anterior atracó un buque que Fraser había dejado preparado en Deba, en espera de acontecimientos.

                            Los oficiales aún no tienen la certeza absoluta de si se va a comenzar un sitio en toda regla o no. Fraser, comentándolo con Smith, llega a la conclusión de que así va a ser, pero no deja de ser una mera conjetura.

Viernes. 9 de Julio de 1813.

12º día de Sitio.

                              No Hay Datos.

Sábado. 10 de Julio de 1813.

13º día de Sitio.

                             Nuevamente encontramos que el día amanece con lluvia y frio.

                            El Coronel Dickson aún no se había presentado en la plaza, lo mismo que Sir Richard Fletcher, a quienes esperaban todos en breve. Fraser sigue totalmente ocupado en las labores de desembarque del material artillero, que sigue llegando sin cesar a Pasajes. Por este motivo decide instalar su residencia en una casa del pueblo, porque es un sitio estratégicamente situado para desempeñar correctamente su misión. Está en el centro de desembarco, y a un tiro de piedra de las dunas de arena del Chofre, enclave donde se van a preparar las baterías siguiendo el plan de Smith.

                             Nos describe el pueblo como bello y rodeado de huertos llenos de fruta,  y de árboles frutales, a cuyos pies crece el maíz. Todo es abundancia pero es consciente que con la llegada de la guerra, todo esto desaparecerá bien pronto. En el pueblo hay algunos soldados españoles, un batallón portugués, y soldados de artillería británicos y lusos.

                        Los oficiales de artillería Fraser y Webber Smith se dedican casi toda la jornada a buscar un camino mínimamente practicable para poder subir dos piezas de sitio de 24 pulgadas a un alto del monte Ulia, para desde allí atacar a la peligrosa batería del Mirador, y al resto del castillo en general. Nuestro amigo es muy exagerado, sobre todo al escribir que ha sufrido el famoso "mal de la montaña". Leámosle:

                       El lugar elegido es un enclave muy conocido por los donostiarras más veteranos. Se trataba de la plataforma en la que se encuentra el caserío Arbola, que regentado hasta hace unos años por la familia Iradi, estaba abierto al público como merendero. Desde su terraza, con sus mesas de piedra, degustando una magnífica tortilla, los donostiarras teníamos el privilegio, muchos sin saberlo, de disfrutar de las mismas vistas, atardeceres incluidos, que los artilleros ingleses de 1813.

                         Este día comienzan a llegar nuevas compañías de artillería. Llegan la británica del Capitán Dubordieu, y una portuguesa, al mando del Mayor Arriaga. Este se presentó a Fraser, su superior, justo en el momento del accidente del caballo. Se quedó muy sorprendido ante la situación en que se encontró a su superior. Los ingleses se rieron de su cara de asombro, se quedó impactado, ya que justo en el momento de intentar entregar sus credenciales al Teniente Coronel, el caballo se precipitó al precipicio.

                         En el cuartel general se decide confirmar a Hartmman como Comandante de la artillería, hecho que no molesta en absoluto a nuestro Teniente Coronel, que era uno de los candidatos, por su rango, a ocupar el puesto. Fraser se encuentra con Graham, quien le cuenta que a consecuencia de los esfuerzos físicos que está realizando, estos han logrado que le moleste mucho su reciente herida, recibida en el transcurso del combate desarrollado en Tolosa, hacía solamente dos semanas. Fraser siente debilidad por su general:

                 "Es de lo más amable, un hombre mayor, educadísimo, y tan activo como cualquiera de nosotros".

                            Los trabajos por preparar mejores y más potentes baterías contra San Bartolomé continúan durante toda la jornada. Por la noche, los mandos dan por finalizadas estas labores. Las batería están preparadas para atacar con su destructor fuego.

Domingo. 11 de Julio de 1813.

14º día de Sitio.

                            Amanece un día agradable, típico del mes de Julio en la Costa Vasca.

                           Wellington a establecido hoy su cuartel general en Hernani. Se estudia el plan de ataque al Convento de San Bartolomé, y es aprobado. Las operaciones para expulsar a los franceses de sus posiciones adelantadas van a comenzar. Hay que encerrarlos en la plaza.

Lunes. 12 de Julio de 1813.

15º día de Sitio.

                             Los trabajos de ataque comenzaron con la mayor actividad.

                           Protegidos por la oscuridad de la noche entre el 11 y el  12 de Julio, las baterías comenzaron su fuego contra el convento. La primera de ellas estaba destinada a batir en brecha el convento de San Bartolomé, para lo que contaba con cuatro piezas de 18 pulgadas a una distancia de 220 yardas. La segunda dispararía sobre la luneta del cementerio con dos obuses de 8 pulgadas a 200 yardas. (Las medidas las seguiremos facilitando en yardas, ya que la conversión hace que la diferencia con la medida en metros sea mínima. Una yarda es igual a 0.91440m).

                           Al otro lado del Urumea, sobre las dunas arenosas del Chofre, los progresos realizados por los ingenieros británicos, comienzan a ser claramente visibles desde la ciudad. El General Rey, apreciando por donde comenzaba a dibujarse el ataque tomó sus medidas defensivas. Ya que intuía que el ataque principal sería contra el muro de la Zurriola, en el flanco de la plaza que da al rio Urumea, hizo aspillerar todas las fachadas de las casas que daban hacía la futura brecha, a la vez que realizaba un profundo foso detrás de la cortina de la amenazada muralla. Todas las calles fueron cortadas mediante barricadas, con la finalidad de poder defenderlas, dando tiempo al resto de la guarnición a retirarse hacía la protección del castillo, pero de estas defensas y sus características hablaremos más adelante.

                           Wellington llega a San Sebastián desde Hernani, que ha abandonado a las 8 de la mañana, y reconoce personalmente el terreno, paseando entre los arenales del Chofre con Graham, Smith y Dickson, que ya se había hecho cargo del mando total sobre la artillería.. Aprobó el plan que se expuso, y dio las últimas instrucciones. A continuación pasó revista a las tropas de Ugartemendía, que estaban formadas entre Hernani y Oriamendi, preparadas para abandonar este frente y desplazarse hacia la frontera con Francia.

                            Más tarde, se achacó a Wellington el no haberse asegurado de la correcta comprensión, ejecución y aplicación de estas instrucciones. Pero a la hora de buscar responsables me inclino más  hacia la opinión de W.H. Fitchett en su obra de 1898 titulada "Figths for the Flag:

                        Wellington, sin embargo, se ocupó de los intentos de ataque de Soult, y dejó el asedio a Graham, y este permitió que los espíritus ansiosos pasaran por encima de él, y su impaciencia consideró como demasiado formales los planes de los ingenieros. Ellos describieron, en una palabra, la conocida máxima de Vauban: "Nunca intente llevar nada por la fuerza  en un estado de sitio, si puede ser conseguido por el arte y el    trabajo. "Los líderes británicos en San Sebastián despreciaron la pala y la pospusieron ante la bayoneta y el botafuego!  Así, se hizo visible en el desarrollo del sitio que "la prisa prima", (…). (pág. 192 y 193)

 

Martes. 13 de Julio de 1813.

16º día de Sitio.

                    Las tropas españolas, después de ceder el sitio a sus aliados partieron definitivamente el este día. Los batallones 2º y 3º de Vizcaya iban a reforzar el sitio de Santoña, mientras que las otras se unirían al 4º Ejército que operaba en la frontera del Bidasoa.

                        El Teniente Coronel Fraser va y viene continuamente de Pasajes a las nuevas baterías de la ribera derecha del Urumea. Se encarga del desembarco de los materiales y su traslado a las posiciones definitivas. Está muy sorprendido por las mujeres vascas, y principalmente por las pasaitarras. Las describe así en una de sus cartas:

                          Sobre todo le sorprendía el que realizasen trabajos que, para la mentalidad de un noble de comienzos del s. XIX, únicamente podría desempeñarlos un hombre. No describe a nuestro género masculino como muy trabajador, porque en todo momento la mujer es la que aparece como única trabajadora. Desde la casa en la que vivía, desde la que podía contemplar la entrada al puerto, siempre observaba a las bateleras moviéndose por todos los lugares, encargándose del transporte de gentes y mercaderías desde Pasajes San Pedro a San Juan y viceversa. Sus largas trenzas de pelo oscuro y como entonaban canciones del lugar por medio silbidos le encantaba.

                         Durante la tarde quedan definitivamente abiertas las trincheras en la zona de las dunas de la derecha del Urumea, y se ha delimitado definitivamente las posiciones de las baterías números 11, 12, 13, y 14, a unas distancias que oscilaban de sus objetivos entre 600 y 1300 yardas. En ellas se iban a alojar veinte piezas de 24 pulgadas y cuatro obuses de 8 pulgadas.

                          Los aliados habían situado sus tropas de la siguiente manera. En la ribera derecha del Urumea sería ocupado por las tropas portuguesas de las Brigadas de Wilson y Bradford, apoyadas por las tropas de la King's German Legion. En el lado de la izquierda se situaría la 5ª División británica del General Oswald.

Miércoles. 14 de Julio de 1813.

17º día de Sitio.

                           Wellington abandona el sitio de la ciudad para reunirse con el resto de su ejército, a lo largo del Bidasoa y el arranque de los Pirineos. El mando de las operaciones queda definitivamente en manos del Teniente General Sir Thomas Graham.

                             Las primeras baterías 1 y 2 montadas en la ribera izquierda abrieron fuego al amanecer del día 14 sobre el convento de San Bartolomé. Rápidamente el fuego de respuesta francés causó las primeras bajas, entre las que se encontraba el Teniente Tabb, herido nada más abrir las troneras.

                             Utilizaban balas rojas. Este tipo de proyectil se caracteriza por su poder incendiario, ya que era calentado con fuego hasta alcanzar el "rojo" vivo del que toma nombre. Su efecto una vez incrustadas entre las maderas y escombro era letal. Los asediados, por su parte, respondieron con un nutrido y efectivo fuego de fusilería, mientras que desde las baterías de las fortificaciones del frente de tierra se les apoyaba con piezas de grueso calibre. El cañón de campaña que habían subido los franceses al campanario del convento hizo mucho daño a los atacantes, ya que su dotación se desenvolvió de manera brillantísima. Este bombardeo duró hasta las seis de la tarde. El convento no resultó incendiado, pero su fachada oeste, la principal, a pesar de tener unos buenos muros, se desplomó. El acceso a su interior ya era practicable. Los defensores se apresuraron a cerrar con barricadas todas las entradas hacia el interior de las brechas. Se aspillaron los muros que quedaban, se pusieron bajo los escombros de las brechas cajas llenas de pólvora y proyectiles, y se dispusieron, a mano, bombas y granadas para hacerlas rodar sobre el enemigo en el momento del asalto.

                              La noche del 14 al 15, mientras las baterías atacantes continuaban con su mortífero fuego, se construyó una nueva batería, no lejos del molino existente justo delante del convento de San Francisco, en la orilla derecha del Urumea. Otra batería, armada con piezas de campaña, cogería del revés el pasillo que comunicaba el convento de San Bartolomé con la luneta del cementerio.

                             El joven Teniente de Ingenieros Goblet, de 23 años, del que habíamos hablado anteriormente, tras un intento fallido como consecuencia del  férreo bloqueo ejercido por la escuadra de Collier, logrará esta noche llegar a San Sebastián, tal y como se le había ordenado. En sus memorias, él mismo nos indica que tuvo que escurrirse por medio de la flota británica para lograrlo. Nada más llegar fue a presentarse ante el General Gobernador Rey, que rápidamente le tomó afecto. Este sentimiento posteriormente tendrá unas favorables consecuencias para el futuro de nuestro joven oficial de ingenieros, como ya veremos. Conoció al resto de oficiales de su arma, incorporándose inmediatamente al mando de M. Pinot, Comandante en Jefe del arma, y de dos capitanes más, que se convirtieron en sus colegas. El ambiente era tenso, pero a la vez de camaradería.

 Seguidamente os muestro un resumen de la extensa biografía de Sir Thomas Graham (clicad en las páginas para que se desplieguen).

 

Jueves. 15 de Julio de 1813.

18º día de Sitio.

                            Aún de noche, casi al amanecer, los aliados avanzaron rápidamente en tres columnas, pertenecientes al 8º de Caçadores de la Brigada portuguesa de Spry. La columna más cercana al rio, la de la derecha, atacaría el luneta levantada por los franceses en el antiguo cementerio. La del medio atacaría directamente el convento para intentar entrar por sus brechas, mientras que la de la izquierda intentaría apoderarse de las casas aspilleradas, amenazando de flanco todas las comunicaciones de los defensores con el resto de la plaza.

                           El Comandante Thomas, que defendía el convento con 400 hombres, entre los que había granaderos del 34º y voltigeurs del 62º de línea, efectuó una brillante carga a la bayoneta, cubriendo rápidamente todo el terreno de muertos y heridos enemigos. Este contraataque casi llegó hasta la primera línea de fortificaciones aliadas. La acción había terminado completamente a las dos del mediodía. Los franceses se habían preparado concienzudamente para defenderse de este ataque y sufrieron 8 muertos y más de 50 heridos, mientras que las cifras de las bajas anglo-portuguesas rondaban las 150.

                        Este día 15 llegaron a San Sebastián los Tenientes Coroneles Sir Richard Fletcher, procedente del bloqueo de Pamplona y John Fox Burgoyne, por lo que Smith es relevado, aunque dejaron que siguiese dirigiendo la preparación de las brechas de la Zurriola. Llegaron por la tarde, cenando temprano con otros oficiales entre los que se encontraba el Teniente Coronel Fraser, para salir inmediatamente a inspeccionar el estado de las posiciones hasta las 10 de la noche.

                         En la noche del 15 al 16 de Julio, los atacantes establecieron nuevas baterías contra el convento, una con los obuses de la Batería de Dubordieu traídos desde Astigarraga, que atacarían de flanco el reducto. Delante del convento de San Francisco, en la orilla derecha, se sitúa otra con 7 piezas, de las que dos son obuses, para destruir objetivos de la parte trasera del cerro.

 

                         El transporte de estas baterías no era tan sencillo como parece. El Teniente Coronel Fraser se queja del lamentable estado de los caminos que unen Pasajes con San Sebastián. Si ya eran malos al comienzo de la operación, su estado se vería empeorado con el transito constante pesados cañones y carros de municiones y suministros. Existe una carta del diario personal de Fraser en la que nos menciona dos incidentes sufridos, uno con las Compañía de Webber-Smith y otro con la Dubordieu.

 

Viernes. 16 de Julio de 1813.

 

19º día de Sitio.

 

 

 

                           Efectuaron un violentísimo fuego sobre el objetivo, que rápidamente se vio iba a quedar reducido a ruinas. De todas las piezas empleadas, uno de los cañones continúa disparando con bala roja. Fraser nos indica que de vez en cuando aparecían llamas entre los restos del tejado, pero que inmediatamente era sofocado por los franceses. Desde las baterías no se veía a ningún defensor, ya que permanecían protegidos detrás de los muros y en las casas colindantes, preparados para acudir en defensa del edificio rápidamente. Solamente podían verse uniformes franceses cuando acudían prestos a apagar los conatos de incendios.

 

                           El día anterior había llegado a Hernani el oficial del Servicio Jurídico Seymour Larpent, por lo que picado por la curiosidad, decidió acercarse al convento de San Bartolomé y ver los alrededores de la ciudad. La narración que realiza en su carta fechada este día hace una muy gráfica descripción de los alrededores del convento, es decir, de la primera línea de combate, salpicada de algún detalle que llega a ser en algún momento cómico. (Clica en las páginas inferiores para leer la historia).

 

 

Sábado. 17 de Julio de 1813.

20º día de Sitio.

                           Pero el General Rey no estaba dispuesto a abandonar la posición sin causar antes el mayor número de bajas al enemigo. La pieza del campanario fue desmontada y retirada, y el reducto conocido como"Rondeau" definitivamente terminado. Quería preparar un ataque de distracción, para lo que ordenó sondear los posibles puntos de vadeo del rio, pero estos fueron declarados inseguros y peligrosos, por lo que los franceses anularon cualquier tipo de tentativa por este lado del frente de combate.

 

                         Rey previendo el inminente ataque, relevó al batallón del 34º, que había mantenido el convento durante estos cuatro días, con 400 hombres, la mayoría Cazadores de Montaña, al mando de Luppé  (1 y 2 del Plano). Dejaron una reserva de 800 hombres en retaguardia, además de los zapadores y minadores bajo el mando del Jefe de Ingenieros Pinnot, listos para contra atacar desde el barrio de San Martín, justo detrás del convento, protegidos por él y la elevación en la que se sitúa. Con ellos estaba el recién incorporado Teniente Goblet, sable en mano, ansioso a la vez que temeroso ante el primer gran combate de su vida. Una parte de este contingente de refuerzo, bajo las órdenes del Jefe de Batallón Blanchard, estaba preparado con tropas del 62º de Línea para acudir en apoyo de la luneta del campo santo, a la vez que vigilaba cualquier movimiento del enemigo por la ribera del Urumea (4). Un tercer grupo de refuerzo estaba preparado bajo el mando del también Jefe de Batallón Desailly, del 22º de Línea, cubre el espacio que va desde el convento hacia la carretera de Hernani (3 y 5).

                        Los aliados querían a toda costa encerrar a la guarnición francesa en el recinto de la plaza, sirviendo sus murallas como clara frontera limitadora del frente de batalla. Esperaron pacientemente a que los efectos destructores de sus baterías causaran el efecto deseado sobre el ya condenado convento. Mientras esto sucedía se dedicaron a preparar el ataque definitivo sobre la posición, a las órdenes del General Oswald, organizado en dos columnas. Ante el espectáculo que se avecinaba, los atacantes reciben visitas de ilustres personajes, entre los que destacaremos al mismísimo Príncipe de Orange.

    Columna de la Izquierda,  mandada por el Mayor General Bradford.

  1.  Mayor Snodgrass con 200 hombres del 13º Reg. de Infantería de Línea Portugués.
  2. Teniente Coronel Mac Creagh con 200 hombres del 5º Reg. de Caçadores Portugués.
  3. Teniente Coronel John Cameron con 3 Cias. del 9º Regimiento de Infantería Británica.

        Objetivo el edificio principal del Convento de San Bartolomé.

    Columna de la Derecha, mandada por el Mayor general Andrew Hay.

  1.  Tte. Antonio Vicente de Queiros* con 2 destacamentos (4º Reg. de Caçadores portugués).
  2. Capitán Joaquín Antonio de Almeida* con 150 hombres del 13º Reg. de Infantería de Línea portugués.
  3. Tte. Coronel Henry Craufurd con 3 Cías. del 9º de Infantería de Línea Británica.
  4. La reserva la componían 3 Cías. de los Reales Escoceses al mando del Cap. Lawrence Arguimbau.

        Objetivo atacar la luneta del cementerio y la ribera izquierda del Urumea.

       *Ambos oficiales portugueses serán mencionados en el Despacho Oficial del Teniente General Graham por esta acción,  en la que los dos resultaron heridos de gravedad. El Teniente Queiros será ascendido a Capitán como recompensa por su actuación.

 

                          Aproximadamente a las 12'00 del medio día (en el Despacho de Graham del 18 de julio, publicado en la Gazeta do Rio de Janeiro se dice que empezó a las 10 de la mañana), las baterías anglo-portuguesas cesaron su fuego, y comenzó el ataque en tres columnas, ya que la que tenía el convento como objetivo principal se dividió en dos. Estaban precedidas por un nutrido grupo de francotiradores que se habían emboscado entre las ruinas más próximas al convento. La columna de la derecha, a las órdenes del General Hay, avanzó hacia el cementerio, pero fue detenida por el denso fuego de fusilería, y permaneció en posición tan expuesta durante bastante tiempo, sufriendo muchas bajas.

                          De las dos columnas del ataque contra el flanco izquierdo, la central avanzó directamente contra el edificio principal del convento, siendo también momentáneamente detenida por el intenso fuego de fusilería procedente de la brecha abierta y de las casas que habían sido aspilleradas hacia la carretera de Hernani. Cuando la columna de la izquierda atacó estas últimas casas y logró apoderarse de ellas, pudo la columna central reiniciar su avance penetrando por la brecha en el recinto. La columna de la izquierda, mandada por el Coronel Cameron, una vez dominadas las casas aspilleradas, continuó su avance hacia el barrio de San Martín, enfrentándose con las reservas francesas y un nutrido fuego procedente del hornabeque.

                          Ante esta maniobra envolvente, los defensores franceses del monasterio tuvieron que retirarse. Antes de completar esta retirada, las tropas de reserva, sitas entre el barrio de San Martín y el hornabeque contraatacaron. En este combate destacó el Capitán de Ingenieros Saint-George, quien a la cabeza de un destacamento francés de zapadores, otro de granaderos del 22º y algunos soldados dispersos del 34º y 62º se logró colar entre la columna inglesa y el convento, entrando en este último para reforzar la posición. El Capitán de Ingenieros Montreal y el Teniente Saint Jeanne, del 22º, recuperaron las casas aspilleradas de la derecha con un destacamento. Los franceses habían recuperado toda la línea del frente previo al ataque aliado. Esta maniobra de reconquista de las posiciones es puesta en duda por el General Gómez Arteche, al menos en lo referente a su éxito.

                         Pero esta situación no duró mucho, ya que una nueva envestida con tropas de refresco hizo que los franceses tuvieran que retirarse hacia, primero, las ruinas de San Martín, y finalmente hasta la plaza, maniobra efectuada a gran velocidad, ya que una columna atacante estaba intentando cortarles esa vía de escape atacando el barrio de San Martín. Estos encontraron una gran resistencia francesa desde el "rondeau", gracias a la cual las unidades galas lograron regresar a la ciudad en su totalidad. De esta forma, los ingleses se quedaron dueños del alto de San Bartolomé.

                         Esta columna británica, desoyendo las órdenes que prohibían atacar más allá de San Martín, quizás por el ardor y la excitación del momento, intentó apoderarse del reducto o "rondeau", pero tuvo que retirarse con grandes pérdidas, entre las que destaca Woodman, Capitán del 9º. El General Oswald había ordenado personalmente no rebasar las ruinas del barrio de San Martín, y el no haberle obedecido costó numerosas bajas. Incluso se produjo un pequeño contraataque francés a la bayoneta, que ocasionó que algunos heridos cayesen prisioneros en manos de los soldados imperiales.

                           Finalmente los franceses estaban dentro de los muros de la ciudad, a excepción de una guarnición de 30 hombres en el reducto exterior y algunos francotiradores aislados entre las ruinas de los barrios extramurales.

                         Todo estos acontecimientos duraron aproximadamente cuatro horas, siendo apoyadas las acciones militares por no menos de sesenta bocas de fuego entre los dos bandos. Los franceses habían perdido 240 hombres, de los que 40 eran muertos. Entre ellos se encontraban el Capitán de Ingenieros Montreal, el Teniente de mineros zapadores Dardas, el Capitán del 62º Douzon, y el Teniente Saint Jeanne, del mismo regimiento. El Comandante de Ingenieros Pinot estaba fuera de combate por una grave herida en el hombro, y fue sustituido por Gillet. También resultaron heridos el capitán Doat, Ayudante de Rey,  el jefe de batallón Desailly, además del teniente de tiradores Saint - Jeanne. Destacaron por su arrojo y valentía el Capitán Blot, del 62º, y el Teniente de Ingenieros Goblet, que defendieron la luneta del cementerio.

                           Las pérdidas sufridas por los aliados fueron mucho más grandes, ya que sus tropas estuvieron expuestas al fuego francés, sin ninguna protección, durante mucho tiempo. A pesar de esto, los historiadores las sitúan en torno a los setenta hombres. En esta acción, los aliados utilizaron a cerca de 6000 hombres entre ingleses y portugueses.

                         Fue una batalla en toda regla. Esta afirmación se puede ver corroborada haciendo un balance del número de proyectiles empleados por los aliados:

  • 2505    Disparos con Proyectil Esférico de 18 Pulgadas.
  •    19     Disparos con Proyectil  con Metralla de 18 Pulgadas.
  •   331    Disparos con Proyectil de Fragmentación de 8 Pulgadas.
  •   143    Disparos con Proyectil Esférico de 6 Pulgadas.

                         Los siguientes documentos son un extracto del Despacho Oficial de Graham a Wellington comunicando la toma del Convento. (Clica sobre las páginas para desplegarlas)

                       La posesión del alto de San Bartolomé era necesaria antes de que comenzase el bombardeo y atrincheramiento total de las dunas del Chofre. Wellington había presionado a Graham a que terminara su conquista con toda urgencia.

                     Tan pronto como los aliados se vieron en posesión del convento y las alturas de San Bartolomé, comenzaron a construir una sólida posición que las asegurase ante cualquier ataque francés que intentase recuperarla. También comenzaron la construcción de dos nuevas baterías que batirían el Frente de Tierra, una con 6 piezas de artillería de 18 pulgadas, y una segunda con howitzers de 8 pulgadas. Delante del frente de tierra de la ciudad, en el istmo, se comenzaron a excavar las trincheras, cuyos trabajos progresaron de manera rapidísima, ya que el suelo era arenoso. Había un peligroso fuego de fusilería desde y contra el hornabeque y su revellín. Para poder mejorar la efectividad de sus tiradores, los franceses lanzaba luminarias de color azul que iluminaban todo el terreno que había ante ellos.

                          En la orilla derecha del Urumea, se prepararon otras dos baterías, una con 4 carronadas de 68 que lanzarían proyectiles huecos detrás de las futuras brechas, y otra con 4 enormes morteros de 10 pulgadas. Esta vez el suelo arenoso dificultaba mucho el traslado de piezas tan pesadas como los cañones de sitio de 24 pulgadas.

 

 

 

 

                          Desde las murallas los franceses disparaban de vez en cuando contra los grupos de trabajadores del otro lado del rio, pero su fuego no era especialmente mortífero.

                       El Teniente General Graham se había quejado a Wellington del insuficiente número de hombres que a su parecer estaban destinados a esta operación. Para solucionar este problema, el Marqués de Wellington le indica unas pautas a seguir para solucionar este problema, reorganizando el trabajo de la tropa. Gracias a este despacho podemos hacernos una idea aproximada de los turnos, idas y venidas, descansos, etc, de las tropas aliadas.

 Domingo. 18 de Julio de 1813.

 21º día de Sitio.

                              Amanece un día que va a resultar muy caluroso.

                          Se ordena la construcción de una nueva batería, la más complicada de ejecutar, ya que se situará en la parte alta del Monte Ulía, desde donde disparará sus piezas contra la peligrosa Batería del Mirador , además de las otras fortificaciones del castillo, y contra el flanco de las defensas del frente de tierra.

                         Los observadores franceses, desde sus posiciones, se percatan de los preparativos enemigos que indicaban, claramente, un pronto bombardeo de la ciudad y del reducto, por lo que se pusieron a trabajar frenéticamente para protegerse lo mejor posible. Despejaron las calles de los adoquines para emplearlos en los parapetos, retiraron las piezas que disparaban en barbeta desde el frente de tierra, que estaban muy expuestas a las nuevas baterías enemigas, y dos piezas de 4 pulgadas fueron colocadas en el Cubo de Hornos y  una en el de Amézqueta. A consecuencia de la realización de estos trabajos, con grandes prisas, el fuego artillero contra las baterías aliadas es escaso.

                        Los defensores del "rondeau", llamado también de "Las Medias Lunas", cruzaron un intenso fuego con las avanzadillas aliadas que ocupaban el barrio de San Martín, y que se habían adentrado en la zona de dunas del istmo. Este tiroteo duró todo el día 18. La posición había sido reforzada por su cercanía a las líneas enemigas, y facilitada su comunicación con la plaza mediante un camino en zig zag. También, en la ciudad, se  prepararon varios puntos con lo necesario para apagar cualquier conato de incendio que los proyectiles enemigos ocasionasen.

                          El barrio de San Martín, o más exactamente sus ruinas, era un terreno de nadie, donde se mantenían enfrentamientos individuales entre soldados avanzados y solitarios de ambos bandos. Al finalizar el día, ya de noche, mediante el avance de un retén, fue definitivamente "limpiado" de francotiradores franceses.

                          Los aliados experimentan muchos problemas en el transporte de municiones y demás pertrechos desde el puerto de Pasajes a las baterías por el escaso número de carros y mulas disponibles. Parece que los existentes en el país no son suficientes. Wellington ordena a Graham que utilice los existentes entre Hernani y Oyarzun, así como los pertenecientes a las brigadas portuguesas Bradford y Pack. Los hombres se estaban viendo hasta el momento obligados a transportar los pertrechos incluso a mano.

Lunes. 19 de Julio de 1813.

22º día de Sitio.

                          En las baterías del Chofre llegan los cañones cortos de 24 pulgadas cedidos por la fragata "Surveillante". Solamente se pudieron traer cinco, imposibilitando la mala mar el desembarque de la sexta pieza. Dos de ellos se colocaron en la batería nº 11 y los otros tres, durante la noche, a la número 14.

                         Por la tarde se dieron por finalizados todos los trabajos en las baterías aliadas, por lo que estas se encontraban dispuestas para abrir fuego contra las murallas, y lograr una brecha practicable.

                              Esta era la situación de las Baterías.

 BATERIAS del ISTMO. (TENIENTE CORONEL HARTMAN)

                         A 800 yardas de distancia de la ciudad:

                                   Batería Nº 3                6 cañones de 18 pulgadas.

                                   Batería Nº 4                2 howitzers de 8 pulgadas.

                                   TOTAL                      8 Piezas en el istmo.

                        Contra las defensas de la ciudad y en ayuda de las baterías de brecha.        

 BATERIAS de la DERECHA. (TENIENTE CORONEL MAY)

                                    Batería Nº11.

                                               A 1300 yardas del Mirador y 1500 de las brechas.

                                               Armamento:    2 cañones cortos de 24 pulgadas.

                                                                   4 morteros (howitzers) cortos de 8 pulgadas.

                                               Mandada por el Mayor Webber Smith.

                               Objetivos: Contra el Mirador y el Castillo, y molestar el frente de tierra.

                                    Batería Nº12.

                                               A 950 yardas de la ciudad.

                                               Armamento:    2 cañones cortos de 24 pulgadas.

                                               Mandada por el Mayor Webber Smith.

                                               Objetivos: Contra las defensas.

                                    Batería Nº13.

                                               A 770 yardas de la brecha.

                                               Armamento:    4 cañones cortos de 24 pulgadas.

                                               Mandada por el Mayor Arriaga.

                                               Objetivos: Contra las brechas.

                                    Batería Nº14.

                                               A 580 yardas de la brecha.

                                               Armamento:    8 cañones largos de 24 pulgadas.

                                                                       3 cañones cortos de 24 pulgadas.

                                               Mandada por el Teniente Coronel Fraser.

                                               Objetivos: Contra las brechas.

                                                En total 23 piezas abrieron fuego el día 20 de Julio.

                                    Batería Nº15.

                                               A 520 yardas de la brecha.

                                               Armamento:    4 cañones cortos de 68 pr. Carronadas.

                                     Mandada por el Teniente Coronel Fraser cuando estuvo preparada.

                                               Objetivos: Contra las brechas y molestar las defensas.

                                    Batería Nº16.

                                                A 850 yardas de la brecha.

                                               Armamento:    4 morteros howitzers de 10 pulgadas.

                                         Mandada por el Mayor Webber Smith cuando estuvo preparada.

                                              Objetivos: Contra el frente de tierra y el castillo.                 

 

                      Graham se desplaza a Pasajes, donde tiene una reunión con Sir Richard Fletcher y un tal Richardson (desconozco quien es este oficial), quienes se muestran totalmente partidarios de realizar el ataque a la ciudad cuanto antes.

                          Por su parte, Wellington se muestra muy preocupado por la escasa fuerza naval con que cuenta, en una posición tan expuesta por su cercanía a la costa francesa. En su despacho fechado este día, para el Conde Bathurst, le indica que cuenta solamente con la "Surveillante", sin seis de sus cañones, y unos pocos barcos menores, requisados por el General Girón, tripulados por españoles pertenecientes a un Batallón de Marina. Únicamente han llegado tres unidades nuevas para servir como correos. Es plenamente consciente de que si apareciese una fuerza naval enemiga, las unidades inglesas serían irremediablemente expulsadas de la zona, peligrando todo el conjunto de la operación.

 

Martes. 20 de Julio de 1813.

23º día de Sitio.

                    Alexander Dickson, comandante de toda la artillería del sitio, inspecciona las baterías, en un día terrible por los contínuos aguaceros, antes de que estas abriesen fuego. El objetivo en la muralla de la ciudad, elegido por el Mayor Smith, es el mismo punto que el seleccionado casi cien años antes por las tropas de Berwick, en su ataque a la ciudad. Ese espacio de la cortina había sido fuertemente reconstruido después del asedio de 1719, pero no reforzado con nuevas fortificaciones, por lo que adolecía de los mismos defectos tácticos que aparecieron un siglo antes. Los artilleros británicos se quejarán continuamente de la solidez de la muralla estructural de la muralla.

                          A las 8 de la mañana en punto, todas las baterías abrieron fuego contra sus objetivos. El Teniente Coronel Fraser supervisaba personalmente sus baterías. La cadencia de tiro era impresionante. Los artilleros sabían cómo hacer su trabajo. El promedio de disparos por arma al día rondaba las 350 rondas, una tasa de disparo tal, "que probablemente nunca se haya igualado en cualquier otro sitio", tal y como afirma Jones en su diario.

                          Pero esa velocidad endiablada de disparos trajo rápidamente consecuencias sobre las baterías y las armas. La arena sobre y con la que estaban construidas las baterías, comenzó a soltarse como consecuencia de las ondas explosivas y de la enorme cantidad de agua que tenía el suelo por las continuas lluvias. La situación nos la describe muy bien el Teniente Jones en su diario:

                         " A partir de que la arena sobre la que se construyeron las pilas, empezó a soltarse, resultó imposible mantener los huecos de las troneras suficientemente despejados para utilizar con efectividad las tres armas de fuego cortas montadas sobre cureñas navales en la número 14, y, después de unas rondas, estas armas se vieron obligadas a cesar el fuego".

 John T. Jones "Journals of Sieges...."( pág. 30)

                       El otro gran problema era la dilatación del oído de los cañones por su excesivo uso. Desde un primer momento cuando una pieza abría fuego desde la plaza contra las baterías aliadas, los ingleses escuchaban dos explosiones. Este detalle era consecuencia de la antigüedad de los cañones, que tenían esta parte totalmente dilatada. Fitchett nos lo describe de la siguiente manera en su obra de 1898:

                         “Los cañones disparados desde la fortaleza, por ejemplo, parecían realizar dos explosiones cuando disparaban, el venteo de la pistola, en una palabra, que se agranda tanto, que el flash era casi tan claro como el de la boca. Mientras, en las baterías inglesas, los registros de Jones señalan que "Algunos de los respiraderos de las armas se habían agrandado tanto, que un dedo de tamaño moderado podría ser puesto en ellos.” ("Fights for the Flag .pág.193)

                           En la batería de brecha estaban los marineros cedidos por la escuadra de Sir George Collier, bajo el mando del Teniente Dowell O'Reilly. Su disciplina y costumbres eran totalmente distintas a las del resto de artilleros. Estaban alojados en una casa de Pasajes, que pronto fue famosa por sus fiestas, música y baile. En esta misma casa se hospedaba Richard Drake Henegan, Asistente del Comisario del Tren de Campaña, que en ese momento se encontraba adscrito al Ejército Portugués. En su obra nos describe las escenas de alegría que se desarrollaban en la casa:

                        “Velas de sebo metidas en botellas como sustitutos de los candelabros, iluminaban la fiesta; grandes toneles de sidra destinados originalmente para los locales, fueron almacenados lejos, sin ceremonias, en las esquinas, para hacer espacio para los bailarines, (...)  haciendo una exhibición triunfal, estaba el violinista chirriando, mientras que más de treinta chaquetas azules pagaban el doble por el baile del marinero, hasta que las vigas temblaron y seguidamente se agrietaron.

                           A lo largo del techo había una doble fila de hamacas colgadas, y esta última circunstancia no dejaba ninguna duda de que estos alegres hombres estaban alojados en la misma casa que yo. (...) cuando vino el teniente al mando, a darme cumplidos del coronel Dickson, y me informó que por recomendación de ese oficial, se habían llevado a esos hombres a mi local de gran capacidad. Sin duda suponía el coronel por su buen consejo, que uno de los barriles de sidra, (…) porque los chaquetas azules habían transferido la totalidad de su contenido a la custodia de las cantimploras de sus cinturones. Se me pidió amablemente sancionar con mi presencia, la instalación de los marineros en sus hamacas colgadas en tierra, y se mantuvieron alegres hasta los albores de la mañana, cuando comenzamos nuestras operaciones”. (Seven Years Campaigning in the Peninsula and the Netherlands from 1808 to 1815”. Vol. II. London. 1846. pág. 32 y 33)

                          El Teniente Coronel Fraser estaba continuamente reprochándoles la falta de cuidado en la batería. Parecía no tener miedo al fuego enemigo. Los marineros, con otra disciplina, totalmente diferente a la acostumbrada en tierra, no le hacían caso. Esta situación preocupaba a Fraser, pero el ambiente que daban a todas las baterías de alrededor era tan positivo, que se les permitió seguir con sus relajadas costumbres.

                           Pero en las baterías aliadas todo no era tan agradable. Al terrible fuego de todas las piezas, respondieron con igual fiereza desde la plaza los franceses. Uno de los cañones largos de 24 pulgadas de la batería número 14 quedó fuera de combate al recibir un impacto directo en el bozal. Se rompieron varias ruedas a consecuencia del uso y del fuego enemigo y otro cañón de 24 quedó fuera de servicio como consecuencia de la rotura de un punzón en su oído de ventilación. Este tipo de accidente era muy problemático, ya que su extracción entrañaba grandes dificultades.

                           Pero la gran pérdida más grave de la jornada fue la del Capitán Dubordieu, que resultó alcanzado en la cabeza por el fragmento de un proyectil.

                      Los efectos causados sobre los diferentes objetivos y el resumen de la actuación de las baterías tras la jornada de bombardeo, fue:

  • BATERÍA Nº 14:                 El muro entre las dos torres completamente fracturado.
  • BATERÍA Nº 11:                 Fue de gran ayuda por su fuego de flanco.
  • BATERÍAS Nº 12 Y 13:       No logran todos sus objetivos.
  • BATERÍAS DEL ISTMO:      Buenos resultados.

                     Los resultados del primer día de bombardeo no fueron totalmente satisfactorios, ya que la reconstrucción del muro se había realizado excelentemente y con buenos materiales, como ya habíamos indicado. Los resultados no eran acordes al número de bocas de fuego empleadas. El General Graham no escuchó los consejos de sus ingenieros encargados del asedio, quienes querían, primero, inutilizar las defensas de la muralla y baluartes próximos a la futura brecha, para, una vez logrado esto, proceder a su apertura. Además de abrir una pequeña brecha en la Zurriola entre los dos cubos, se desmontaron cinco cañones franceses, se destruyeron muchas troneras de las fortificaciones, y se dejó fuera de combate a muchos artilleros franceses. Todos ellos cayeron en combate, ya que en ningún momento dejaron de contestar al ataque artillero enemigo con el fuego de sus piezas. Concentraron casi todo su fuego sobre la batería nº 14 la más agresiva de todas la enemigas.

                      Cuando la noche venció a la claridad del día, el trabajo de los oficiales de artillería no había terminado. Los cañones traídos desde la "Surveillante" se encontraban montados sobre cureñas navales, y como había tres de campaña completas de reserva, se decidió proceder a cambiarlas. Este trabajo se completo durante la noche, al amparo de una oscuridad casi total.

                     Esta oscuridad era el preludio de una noche infernal. El viento comenzó a soplar, la temperatura bajo de golpe, y los protagonistas de ambos bandos, tuvieron que soportar fortísimos aguaceros. Las baterías quedaron medio inundadas, lo que aumentaba la lista de trabajos a realizar por sus servidores. Al otro lado del Urumea, en el istmo frente a las fortificaciones principales de la ciudad se comenzó a realizar una trinchera paralela a la muralla. Para ese trabajo se reunió un grupo de no menos 700 hombres, que al verse sorprendidos por la tormenta y sus aguaceros se dispersaron por todas partes buscando refugio entre las ruinas de San Martín y de Santa Catalina. Los oficiales se volvieron locos intentando recuperar a sus hombres, no reuniendo más que a 200, por lo que solamente se pudo concluir una tercera parte de la obra.

                       Aprovechando esta oscuridad, y este desconcierto, los franceses deciden abandonar la posición adelantada que les quedaba. El famoso "Rondeau" es abandonado de manera sigilosa antes del amanecer del día 21. Cuando sea ocupado por los aliados, se iniciarán dos nuevas paralelas desde esta posición.

                           Wellington recibe un informe gracias a unos "papeles" del General Rey. Su intención es mandar al día siguiente un emisario para negociar la rendición de la plaza, pero como veremos en el siguiente extracto, sacado del despacho del 20 de Julio al Conde Bathurst, no alberga ninguna esperanza de que este acto sirva para algo.

                      El Mariscal Wellington no duda de que la ciudad será rápidamente conquistada, por lo que ante unas posibles futuras negociaciones, instruye al Teniente General Graham sobre algunos términos de la capitulación francesa. En estas directrices acepta la rendición con honores, y el que los oficiales conserven sus propiedades, pero hace especial ahínco en que no les dejará marcharse en libertad hacia Francia. Los quiere hacer prisioneros de guerra. También es curiosa la mención personal hacia el antiguo gobernador de Guetaria, al que si fuera posible exceptuaría de estos términos. No olvida el daño que les causó la voladura de la mina que dejaron preparada los franceses, tras abandonar la posición y embarcarse hacia San Sebastián.

Miércoles. 21 de Julio de 1813.

24º día de Sitio.

                        Amanece nuevamente un día gris y lluvioso, en el que se desatan tormentas, alguna de las cuales descarga incluso granizo. Esta climatología tan adversa ocasiona múltiples incomodidades entre las tropas que se encuentran acampadas en tiendas de campaña, y por supuesto en mayor medida entre las unidades que están bloqueando la plaza por mar. La "Surveillante" está a punto de sufrir un grave percance, al ser arrastrada por los vientos hacia las rocas de la costa. Gracias a la pericia de su tripulación lograra evitar el peligro.

                          El díase inició con el bombardeo desde las primeras luces del alba. El tiempo no era nada bueno. La lluvia en forma de aguaceros empapaba a todos los hombres. En la batería principal, la nº 14, solamente logran abrir fuego nueve de sus diez cañones de 24 pulgadas, ya que el obstruido por el punzón roto aún no había sido reparado.

                         A las 10 horas de la mañana fue interrumpido momentáneamente. Se envió al oficial de ingenieros John Fox Burgoyne como parlamentario, para pedir la rendición al General Rey, como consecuencia de que la brecha ya era practicable, pero este no se dignó recibirlo.

                       Os muestro en las dos páginas siguientes una pincelada de la biografía de este militar (clicad sobre las páginas para desplegarlas).

J.F. Burgoyne en Crimea 1855

                         A las 10 horas de la mañana fue interrumpido momentáneamente. Se envió al oficial de ingenieros John Fox Burgoyne como parlamentario, para pedir la rendición al General Rey, como consecuencia de que la brecha ya era practicable, pero este no se dignó recibirlo.

                    Tras este intento de negociación infructuoso que duró hora y media, un vivísimo cañoneo se reanudó entre ambas partes diez minutos después del regreso del emisario y duró todo el día. Varias piezas francesas fueron desmontadas. Durante la jornada los franceses sufren doce muertos y treinta y un heridos, la mayoría artilleros. Además del efecto destructor de la baterías situadas en las dunas del Chofre, la efectividad de la nº 11, la más alejada por encontrarse en lo alto del monte Ulia, a unas 1.600 yardas, fue enorme. Atacó con sus proyectiles el flanco del hornabeque, donde los defensores no tenían refugios contra su metralla. Estos se vieron obligados a excavar trincheras en las que guarecerse, y un camino que los comunicara de manera menos peligrosa con el resto de fortificaciones.

                         El fuego francés se concentra contra la batería nº 14. Los oficiales británicos se dan cuenta que los artilleros imperiales están economizando la pólvora. Algunos de sus proyectiles no explotan al no haber sido cargados con la cantidad necesaria. Otros ni siquiera salen correctamente desde los cañones, cayendo a escasos metros de los muros. Los grupos de trabajo apenas son molestados. A pesar de esto, hubo que lamentar algunas bajas entre los servidores de las baterías, destacando la del Teniente Dunlop, que resultó gravemente herido.

 

                          Ya por la noche, los aliados terminaron la excavación de la trinchera paralela al Frente de Tierra de la ciudad, topándose casualmente en el transcurso de su realización, en su tramo más a la izquierda, con una especie de alcantarilla del tamaño suficiente para permitir el paso de un hombre. Era el tramo subterráneo del acueducto de Morlans, que suministraba agua a la ciudad antes de ser cortado por las tropas españolas que comenzaron el bloqueo. Medía cuatro pies de alto por tres de ancho. Fue por este peligroso pasadizo por donde el joven Teniente Reid, del cuerpo de ingenieros, se deslizó gateando hasta la contraescarpa de las fortificaciones enemigas, a 230 metros de distancia. Imagino el ambiente, los compañeros animándole, manos tendidas, palmadas...

                          El interior oscuro como la boca de un lobo. Con la lúgubre iluminación de una vela, se arrastró entre el barro, entre la suciedad, las ratas. Sólo se escuchaba su respiración jadeante, y el ruido de su uniforme rozándose con los sucios muros de la construcción. Por fin llegó al máximo de su recorrido, donde tuvo que darse la vuelta al encontrar el acceso cerrado por una puerta, aunque, eso sí, después de calcular la distancia recorrida. Según sus cálculos, había llegado hasta la pared de la contraescarpa.

                       Se decidió aprovechar este pasadizo con una mina,  compuesta por 30 barriles de pólvora y una espacie de almohada tras ellos realizada con sacos de tierra, a modo de globo de compresión, que encauzaría el efecto de la terrible explosión hacía las defensas. Su detonación se haría justo antes del ataque, y arrojaría sobre el foso y la pared de la contraescarpa tal cantidad de escombros y materiales, como para que se realizara un camino practicable.  

                       Esa misma noche, los franceses intentaron una salida con la finalidad de retrasar la construcción de la trinchera paralela.

                       Las dos siguientes páginas desplegables muestran de manera resumida algunos detalles interesantes de su biografía.

Plano en el que se aprecia la zona elegida por los aliados para realizar la brecha, con los perfiles de la muralla.
Realizado por Isidro Próspero Verbom el 29 de Octubre de 1725.
SGE, Cartoteca Histórica (Arm F, Tabl. 2, Carp. 1, N. 174)

Jueves. 22 de Julio de 1813.

25º día de Sitio.

                       El fuego de las baterías aliadas es intensísimo durante todo el día. Los cañones empleados para abrir una brecha no dejaron de escupir proyectiles, a una velocidad no conocida hasta entonces. Jones nos indica que durante un periodo de quince horas y media de luz, las rondas realizadas por la pieza más lenta no descendía de 300. Alguna llegó a las 350. El gasto total de proyectiles lanzados contra la muralla por la batería número 14, solamente ese día, ascendió a 3.500 disparos de los terroríficos cañones de 24 pulgadas. La puntería de los artilleros era impresionante. Durante esta jornada disparan todos las armas, incluso la que estaba inutilizada con el punzón roto en su oído, que es reparada completamente en el transcurso de la tarde.

 

 

                        Se logró agrandar la brecha entre las torres de Hornos y Amézqueta. La muralla había caído en una longitud aproximada de 100 metros, pero los aliados desconocían que tras esa brecha, aparentemente practicable, se escondía una letal trampa preparada por los franceses, a quienes se veía trabajar frenéticamente desde la batería nº11, gracias a los potentes prismáticos en manos de los oficiales, apilando sacos terreros y preparando las defensas tras la apertura.

 

 

                         Durante la noche entre este día y el 23, llegaron algunas embarcaciones al puerto de San Sebastián desde San Juan de Luz. Con ellas llegaron el Jefe de Batallón Gillet, que fue nombrado Comandante de los ingenieros franceses en sustitución del herido Pinot, y el Jefe de Batallón Brion, quien a partir de esta fecha se hará cargo de la artillería. Las embarcaciones regresaron, al día siguiente,  a suelo francés transportando heridos de los combates anteriores.

                       Ante la claridad del objetivo de los sitiadores, los franceses refuerzan el baluartillo de San Telmo con una segunda pieza. Esta posición junto a la batería del Mirador, serán de vital importancia cuando se realice el ataque, ya que desde sus troneras enfilaban todo el flanco de la cortina atacada, y por tanto, también a la cabeza de las columnas que intenten el asalto.

Plano de Isidro Próspero Verbom del 12 de Septiembre de 1725, en el que se aprecia al detalle la Batería del Mirador y el Baluartillo de San Telmo (K).
SGE, Cartoteca Histórica (Arm. F, Tabl. 2, Carp. 1. N. 173)

                          En una carta fechada este día por Seymour Larpent, se hace hincapié sobre los problemas disciplinarios a los que se enfrenta el buen orden del ejército británico. Su lectura nos indica claramente la mentalidad de los soldados de esta época, aplicable  no solo a los ingleses, aunque estos destaquen sobre el resto de nacionalidades en este mal comportamiento, como bien demostrarán en la toma de San Sebastián.  Larpent nos comenta que se encuentra pendiente de juicio un Mayor británico que no quiere deshacerse de su botín, conseguido tras la batalla de Vitoria y el consiguiente saqueo del convoy de carros y calesas que acompañaban a la corte del Rey José. Es muy curiosa la relación de "objetos" que tiene como suyos y ahora se le reclaman, entre los que se incluye un mono que perteneció a un Ayudante del Rey José, , un poni, ropas, y una joven muchacha. También se juzga a dos soldados que habían intentado robar en la tienda de campaña de nada menos que el Sr Mayor General Aylmer, a la sazón Comandante del Puerto de Pasajes, mientras este dormía en su interior, y a otro desgraciado acusado de una violación en un pueblo de la frontera, contra la que alega que creía que encontrarse en territorio francés.

                      El resultado del juicio al Mayor nos es desconocido, pero el de los otros soldados sabemos que fue condenatorio. La horca sería su final, aunque el violador logró escaparse de tan cruel muerte, tras un "despiste" de sus vigilantes y marchar hacia territorio francés el 7 de Agosto. De todas maneras suponemos, tal y como también lo menciona Larpent, que el acusado de violación no sería muy bien recibido si los galos se enterasen del delito cometido y la alegación presentada a su favor.

Viernes. 23 de Julio de 1813.

26º día de Sitio.

                           Desde el amanecer el fuego artillero comienza de nuevo, sin interrupciones. El mismísimo Wellington visita las baterías de las dunas a primera hora de la mañana, tras salir de Lesaca a las 8 horas. La Batería principal de Brecha, la nº 14, cuenta con sus doce piezas en juego. Los efectos son demoledores, los muros que restaban en pie caen como consecuencia de la lluvia de proyectiles. Al poco tiempo la brecha es declarada por los ingenieros como practicable.

                          El ataque tendría que ser inmediato, para no dar a los defensores la oportunidad de reforzar sus maltrechas defensas. Todo parecía indicar que así ocurriría, pero no. Una entrevista personal de Sir Richard Fletcher y posiblemente el mismísimo Wellington, con un ingeniero civil, seguramente un donostiarra huido de la ciudad, hizo que la lista de objetivos a bombardear aumentase. Por las indicaciones e informes facilitados por este hombre, se supo que el muro de la Zurriola comprendido entre la torre de Amézqueta y el baluartillo de San Telmo era muy delgado. Si se efectuaba un nuevo acceso se conseguirían eliminar todas las defensas preparadas por los imperiales tras la brecha principal mediante una maniobra envolvente. El nuevo objetivo no sería nada fácil de atacar, por ser el más alejado de las líneas aliadas, y solamente otorgaba un acceso de unos cinco metros de ancho en la baja mar, a pesar de lo cual se consideró importante, ya que entre otros efectos, obligaría a extender y debilitar más los efectivos de los defensores.

                          Tras consultar con Sir Thomas Graham , Sir Richard Fletcher pidió personalmente a Dickson que el fuego se dirigiese hacia el nuevo objetivo. Wellington había recomendado personalmente esta nueva brecha. La orden llega rápidamente a Fraser:

                      El fuego estuvo muy bien concentrado, por lo que se logró una nueva apertura en el lienzo, de unos 10 metros de longitud antes de que la noche cayese sobre la ciudad. Los franceses apenas podían responder, con la mayoría de sus cañones inutilizados en los duelos artilleros anteriores. Mientras estas baterías abrían brechas, las otras se dedicaban a bombardear el resto de la ciudad y castillo, pero sobre todo, dirigían su fuego contra los grupos de trabajadores que se afanaban en intentar fortalecer los puntos más vulnerables mediante barricadas y traviesas. La que cortaba el acceso hacia el frente de tierra, en la parte superior de la cortina principal, era uno de los principales objetivos. Se atacó principalmente con proyectiles huecos, rellenos de metralla, que lograron infringir graves daños, según se desprende del informe elaborado por el Jefe de Estado Mayor De Songeon, que podemos leer al la derecha.

                        Esta nueva brecha, era más difícil de atacar por encontrarse a mayor distancia que la primera y tener un acceso de tan sólo únicamente 5 metros de ancho durante la baja mar, pero serviría para distraer más fuerzas francesas que tendrían que estar cubriéndola.

                           Viendo que los edificios que rodeaban las brechas eran consumidos por el fuego, y a pesar de haber logrado dos aperturas practicables en el lienzo de la muralla, los aliados decidieron posponer el asalto de la infantería por culpa de las llamas, que impedirían cualquier intento de entrada en la ciudad. Esta empieza a mostrar claramente señales del bombardeo a que están sometidas sus fortificaciones. Todas las casas próximas a las violaciones de la muralla se encuentran destruidas, así como la mayoría de tejados del resto de la población. Hay conatos de incendios en varios puntos que son sofocados por los franceses ayudados por retenes formados con ciudadanos. Si el viento aumentase, la ciudad entera sucumbiría en llamas.

                        En las baterías situadas en las dunas del Chofre, separadas de la plaza por el Urumea, destacaba por su alegría y buen humor la manejada por los marineros de la escuadra de bloqueo, cedidos por Sir George Collier. Nuestro Teniente Coronel Fraser, en multitud de ocasiones, ya les había llamado la atención por la falta de cuidados que mostraban ante el fuego de las piezas enemigas. Uno de estos marineros era un muchacho de quince años, todavía un niño. Todos sus compañeros le querían y apreciaban. Era alegre y guapo. Pese al ambiente de jovialidad imperante, sus compañeros no querían que les acompañara a la batería, conscientes de los peligros que este tipo de trabajo acarreaba, inventando cualquier escusa para mantenerlo ocupado lo más distante de la posición.

                          Las baterías estaban bien construidas por los ingenieros, otorgando toda la protección posible a sus operarios, pero había cuatro cañones franceses que quitaban el sueño a los servidores de estas posiciones. Los "alquitranes", denominación cariñosa con que se referían a los marineros de las baterías, los habían bautizado como los "bebés", reconociendo a cada uno de ellos por su ruido particular cuando abrían fuego. Sus terribles proyectiles pasaban amenazadores por encima de sus cabezas, con su peculiar zumbido, y tras este momento de tensión, la música del violín rompía el imponente silencio de los hombres, que nuevamente saltaban y sonreían.

                         A las once de la mañana, el acostumbrado ruido del proyectil fue distinto. Su trayectoria no era la acostumbrada. Pero dejemos que Richard Henegan, un veterano que estuvo en el asedio, sea quien nos describa mejor lo que realmente ocurrió.

                      Cuando empezaron a recuperarse del incidente, escucharon cerca de la batería unos gemidos. Era Benjamin Harris, "Ben", el muchacho de quince años, que se había acercado en el peor de los momentos a la posición de sus compañeros. Lo encontraron tirado en el suelo, con las dos piernas cortadas a pesar de la considerable distancia que le separaba del fatal impacto. Henegan nos describe la escena, que nunca olvidará, cuando era recogido con ternura por sus mayores y llevado urgentemente al hospital. No sobrevivió, falleciendo al poco tiempo.

                        El Teniente O'Reilly, al mando del destacamento de marineros, también sufrió las consecuencias del proyectil. Salió despedido por encima de las troneras impulsado por la onda expansiva. Quedó tendido sin conocimiento con una conmoción cerebral. Declaró no haber sufrido ningún daño, pero el rápido final de su carrera como militar profesional indica, claramente, que las heridas se habían producido en su interior. Nunca logró recuperarse del shock traumático sufrido.

                           Estamos recordando a personas, gentes normales para su época, hombres con sus sentimientos, miedos y problemas. Gentes que, como los de hoy en día, sufrían a veces experiencias muy duras que podían afectarles gravemente. Los términos tales como shock post traumático y demás jerga médica, tan habitualmente utilizados para con los veteranos de los conflictos bélicos modernos, no estaban inventados ni considerados entonces, pero ya existían.

                           La batería de los marineros continuó con su trabajo excelentemente, pero tal y como Fraser nos señala, tras la pérdida de 3 oficiales y 17 marineros durante esos pocos días, el violín desapareció, y con él la música, que se vio silenciada por el estruendo de los cañones y los gritos de sus servidores.

                      Amparándose en la oscuridad de la noche, los defensores se preparaban concienzudamente para "recibir" a los atacantes. La distribución de sus escasas piezas de artillería fue como sigue:

  • 2 cañones en el flanco del Cubo Imperial, en su interior.
  • 1 cañón de Campaña en la parte izquierda del hornabeque.
  • 2 cañones de Campaña en el foso, delante de la gran cortina del frente de tierra.
  • 2 cañones en la Batería del Mirador.
  • 1 cañón en la torre de Amézqueta.
  • 2 cañones de 4 pulgadas en la torre de Hornos.
  • 2 cañones en el bastión de San Telmo.
  • 2 cañones en la plataforma superior del Cubo Imperial.